Renunció Carrasquilla: Duque cede pero la reforma tributaria; ¿la retiran o la modifican?

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Renunció Carrasquilla: Duque cede pero la reforma tributaria; ¿la retiran o la modifican?

Durante la mañana de este lunes, 3 de mayo, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla y su viceministro Juan Alberto Londoño se reunirán en Casa de Nariño con Iván Duque para presentar su dimisión a sus cargos.

Ambos funcionarios son los autores y gestores de la muy polémica reforma tributaria , que ha generado rechazo en círculos políticos, económicos y sociales, con especial reflejo en las protestas del paro nacional que se mantienen desde el pasado 28 de abril.

Carrasquilla defendió el proyecto por considerar que, de ser aprobado, expresaría una enorme solidaridad entre los colombianos podían aportar y quienes necesitan recursos. Según el funcionario, la reforma tributaria ayudaría a disminuir los indicadores de desigualdad.

Con el proyecto de Carrasquilla, que el Gobierno pidió retirar del Congreso, se esperaba recaudar 25 billones de pesos para destinarlos a mejorar las finanzas públicas y a financiar los programas de asistencia social, cuya demanda ha crecido por la pandemia, que obligó a confinamientos prolongados y, con ellos, al normal movimiento de la economía de Colombia.

Este domingo, Carrasquilla brilló por su ausencia durante el anuncio de Duque y varios de sus ministros de retirar el proyecto “para evitar incertidumbre financiera”.

En el discurso de Duque, en ningún momento se refirió a las decenas de miles de personas que salieron en los últimos días a oponerse a esta iniciativa que buscaba ampliar la base tributaria y gravar con el IVA del 19 % los servicios públicos, entre otras medidas.

El mandatario explicó que luego de múltiples diálogos con las fuerzas vivas del país solicitó al Congreso el “retiro del proyecto radicado por el Ministerio de Hacienda y tramitar, de manera urgente, un nuevo proyecto, fruto de los consensos, y así evitar incertidumbre financiera”.

“El próximo ministro de Hacienda será el doctor Alberto Carrasquilla, quien fue un exitoso ministro de Hacienda hace unos años, quien ha sido además gerente técnico del Banco de la República”, afirmó Duque en una rueda de prensa, el 11 de julio de ese año.

Carrasquilla, de 62 años, había sido ministro de Hacienda entre junio de 2003 y febrero de 2007 durante el Gobierno del entonces presidente, Álvaro Uribe.

“Creo que la designación del Alberto Carrasquilla es una muy buena señal para la política económica y una muy buena señal para los mercados internacionales”, sostuvo en 2018 el presidente Duque.

El economista reemplazó en el cargo a Mauricio Cárdenas, que estuvo en el Gobierno de Juan Manuel Santo desde 2012.

Sucesores

Los analistas descontaban que el lunes sería un día difícil para los mercados, y la eventual renuncia de Carrasquilla y de su viceministro, Juan Alberto Londoño, sembraría más incertidumbre, pues son los autores de la reforma tributaria que tanta polémica ha generado en varios sectores políticos y económicos del país, por lo que le comunicarán su decisión al presidente, Iván Duque.

A esto se suma que el presidente Duque también recibió la renuncia de Luis Alberto Rodríguez, director de Planeación Nacional y del Viceministro Técnico y excodirector del Emisor, Juan Pablo Zárate, lo que sume en una crisis al equipo económico del Gobierno actual.

A esta situación se le suma que el Ministro tiene el aval del Gobierno para quedarse con la presidencia del Banco de Desarrollo de América Latina-CAF, cuyas postulaciones para dirigir el organismo cerraron hace dos semanas.

A esto se suma que el descontento social con el jefe de la Cartera de Economía también se está sintiendo en varios sectores económicos. El expresidente Andrés Pastrana, líder del Partido Conservador, que hace parte de la coalición de Gobierno, trinó que el retiro de la tributaria supone la salida de su autor, que, además, ya ha propuesto dos reformas que ha tenido que sacar, y nombra una de 2004, cuando era Ministro de Álvaro Uribe.

Pero esto no es todo. Cuando aún el Gobierno no había tomado la decisión de retirar el articulado, el jefe del Partido Liberal, el expresidente César Gaviria, salió desafió la idoneidad de Carrasquilla, e incluso dijo que no “le tuvo miedo a Escobar, mucho menos a Carrasquilla”. Y en la última entrevista que concedió a la Revista Semana, el expresidente comentó que quien Gobernaba era el Ministro, por lo que señaló estar en contra de su gestión.

Pero no solo los expresidentes y los protestantes piden que salga. El gobernador del Meta, Juan Guillermo Zuluaga también trinó que debe irse con la reforma, y la congresista de la oposición, María José Pizarro, hizo lo mismo en sus redes sociales. Por lo que se prevé que, en las próximas horas, o días, el Ministro dejará su puesto en la cartera.

A esto se suma que está sobre la mesa la vacancia del puesto en la CAF, que fue notificada cuando Luis Carranza anunció que dejaría su cargo. Su renuncia se dio en medio de denuncias de acoso laboral, abuso de poder y despidos masivos en las diferentes oficinas de la organización en Latinoamérica, pero también se conoció que existía presión desde Argentina para posicionar funcionarios en algunos de los cargos de la institución.

Cabe recordar que, a través de una misiva se hizo pública la postulación del actual Minhacienda, argumentando que Colombia ha venido ejerciendo un rol de liderazgo ejemplar en América Latina y el Caribe, lo que podría contribuir al posicionamiento de la entidad como uno de los principales bancos de la región.

Ahora, al estar en un nuevo partidor se avivan las apuestas por quién sería su sucesor en la cartera económica, y uno de los primeros nombres que salta es el de Luis Fernando Mejía, exdirector del Departamento Nacional de Planeación (DNP) entre 2014 y 2018, actual director de Fedesarrollo, y quien es cercano al liberalismo de César Gaviria, que, si bien se ha alejado del Gobierno, tendría una pieza para mantenerse en la coalición. Además, la trayectoria de Mejía es amplia. Ya ha pasado por el Minhacienda como Director de Política Macroeconómica, fue investigador en el Banco de la República y en el BID, además de ser profesor en varias universidades.

El segundo candidato es Juan Pablo Zárate, actual viceministro Técnico del Minhacienda y economista de la U. de los Andes. Quien, por mencionar algunos cargos, estuvo en el mismo puesto que hoy tiene entre 2007 y 2009 y fue director encargado del Dane y Fogafín.

De Zárate también se menciona que habría renunciado al Emisor, con la promesa de que sería el reemplazo de Carrasquilla, en su momento, por lo que, para muchos sería su sucesor natural.

El tercero en el sonajero llega dentro del mismo gabinete. Se trata de Jonathan Malagón, jefe de la cartera de Vivienda, y mano derecha en los temas económicos del presidente Duque.

De Malagón destaca su paso por diferentes entidades y cargos, como el de vicepresidente de Asobancaria (antes de llegar al Minvivienda), la dirección de Análisis Económico en Fedesarrollo, investigador de Anif, o miembro de varias Juntas Directivas como la de Felaban, por contar algunos puestos.

Del grupo de candidatos, es un macroeconomista conocido en el sector, con doctorado, y quien tendría el respaldo de los gremios económicos.

Otro punto clave es que mientras Carrasquilla es del ala de los conservadores y Malagón del Centro Democrático, Mejía es afín al liberalismo como ya se mencionó y Zárate al conservatismo, por lo que la pelea es qué partido se quedará con el Minhacienda y cómo sería la recomposición de las cuotas en esa cartera, en plena discusión de la tributaria.

Lo cierto es que quien reemplace a Carrasquilla tendrá que lidiar con la reactivación económica y la implementación de la reforma fiscal que se llevará al Congreso las próximas semanas.

Presidencia

La política colombiana da un vuelco. El presidente del país, Iván Duque, ha anunciado este domingo que retira la reforma tributaria, con la que pretendía equilibrar las cuentas del Estado por el agujero económico que ha dejado la pandemia, después de cuatro días de fuertes protestas callejeras. Duque, que ha pedido consensuar con todos los actores políticos una reforma necesaria, entierra así el que iba a ser su proyecto estrella del final de su mandato y su proyecto más ambicioso.

La noche anterior, en una alocución a todo el país desde la sede del Gobierno, rodeado de su equipo de confianza, había ordenado al Ejército patrullar las calles para contener los actos de vandalismo que habían derivado de unas protestas que son mayormente pacíficas. La medida de militarizar las ciudades, en un lugar donde planea la sombra del abuso de las fuerzas de seguridad, recibió un aluvión de críticas. Muchos temían que el asunto acabara en un derramamiento de sangre. La tensión en las calles se había disparado desde el viernes, cuando se empezó a conocer la muerte de los primeros manifestantes. Las organizaciones de derechos humanos han confirmado hasta ahora seis víctimas mortales por las protestas. En varias ciudades las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar multitudes.

El volantazo de Duque supone un giro de guion. La reforma fiscal, defendida por analistas económicos que consideran fundamental que Colombia aumente sus ingresos, copaba la actualidad del país. El presidente estaba dispuesto a arriesgar parte de su desgastado capital político para sacar adelante en el Congreso una medida que, sin duda, iba a generar muchas críticas. Aun así, siguió adelante.

Duque salvó el rechazo de otros partidos, no solo los de la oposición, sino también independientes con los que a menudo había tejido alianzas. A lo que se sumaron las descalificaciones de políticos influyentes del país, como el expresidente César Gaviria, jefe del Partido Liberal, o el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, de Cambio Radical, que la consideraba “un verdadero despropósito nacional”. Duque aguantó.

Aumentar la recaudación

Incluso salvó una llamada telefónica de su mentor, el también expresidente Álvaro Uribe, el político más influyente de la historia reciente de Colombia, tan presente siempre en las conversaciones como la propia reforma tributaria. Uribe coincidía con el análisis de Duque de que era importante aumentar la recaudación para sostener programas sociales para los más pobres, pero discrepaba en las formas y en el momento. La consideraba inoportuna, sobre todo electoralmente, y más aún para su partido, el Centro Democrático. Una encuesta reciente señalaba que el 82% de los colombianos no votarían por los congresistas que apoyaran la subida de impuestos.

El presidente, que tiene un programa diario de televisión, una especie de Aló Presidente (el programa de Hugo Chávez), aunque más contenido y formal, matizó en esos momentos que aplicaría cambios en el proyecto y se mostró dispuesto a escuchar a los sectores más críticos. Pero seguía adelante con la reforma, la mantenía. Entonces llegó la tercera ola de la covid-19 en Colombia, un repunte de contagios y muertes que puso los hospitales al borde del colapso. Se decretaron confinamientos parciales. Las ciudades se volvieron a vaciar. La gente, que pensaba que había salido de esa pesadilla, revivió toda la gravedad de lo que había vivido un año atrás.

Salir a protestar no parecía lo más sensato. Las centrales obreras y los movimientos sociales, sin embargo, mantuvieron el paro general contra la reforma programado para el miércoles pasado. Ese fue el primer día de movilizaciones, que hizo que miles de personas se echaran a la calle. Las movilizaciones menguaron durante los dos días siguientes y daba la sensación de que iban a apagarse poco a poco y que Colombia volvería a su rutina. No ocurrió. El sábado, coincidiendo con el 1 de mayo, Día del Trabajo, volvieron a ser masivas. Durante el día transcurrieron con normalidad pero al caer la noche, a las seis de la tarde, se intensificaron con enfrentamientos entre policías y manifestantes. Sucedieron hechos vandálicos que los agentes trataron de contener. Se cometieron al menos dos asesinatos contra jóvenes que marchaban pacíficamente, según documentan organizaciones sociales.

Y ahí fue cuando Duque decidió echar mano del Ejército, sin saber que ese iba a ser la lápida de la reforma fiscal. Lo hacía para contener, según él, a vándalos y terroristas que querían doblegar a las instituciones. Los alcaldes de dos de las principales ciudades, Bogotá y Medellín, no quisieron que los militares patrullaran sus calles. Creían que eso solo podía recrudecer los enfrentamientos. De lado y lado se sucedieron las críticas hacía el presidente.

Duque no tardó ni 16 horas en aparecer en el mismo escenario, la Casa de Nariño, el palacio del Gobierno, símbolo del poder, para anunciar que claudicaba. “Le solicito al Congreso de la república el retiro del proyecto radicado por el ministerio de Hacienda y tramitar de manera urgente un nuevo proyecto fruto de los consensos y así evitar la incertidumbre financiera”, dijo. Fue significativo que a su lado no compareciera el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, el verdadero ideólogo de la nueva norma.

La reforma fiscal ha sido el motivo coyuntural por el que la gente salió a protestar, pero como marejada de fondo hay un gran descontento por la situación general de la nación. Colombia, la cuarta economía de América Latina, sufrió en 2020 una caída de 6,8% de su producto interior bruto (PIB), la mayor desde que lleva registros. El desempleo, que en medio de las medidas de confinamiento más estrictas superó el 20%, cerró el año de la pandemia en 15,9%, mientras que la pobreza monetaria subió hasta el 42,5%, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Estos datos suponen un retroceso de cerca de una década.

Todas estas circunstancias se agitaron como un cóctel para provocar el frenazo en seco del proyecto con el que el presidente Duque iba a apuntalar su mandato, antes de las elecciones de mayo de 2022. No ocurrirá. La reforma tributaria, al menos la versión que el mandatario tenía en su cabeza, ya es historia.

Fuente: BLURADIO / DIARIO LA REPUBLICA / DIARIO EL PAIS

 

 

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