“Sobre las dudas acerca de los asesinos de Álvaro Gómez”, por Luis Enrique Arango Jiménez

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“Sobre las dudas acerca de los asesinos de Álvaro Gómez”, por Luis Enrique Arango Jiménez

Sin querer ofender a nadie en particular y más bien como una forma de alertar sobre un fenómeno creciente y peligroso, que cada vez cobra más fuerza, me quiero referir a la ligereza como últimamente se opina y se acusa de las cosas más bestiales a las personas sin el mayor sustento, y lo peor, con un determinismo ciego.

Frente a la reciente autoinculpación de los dirigentes de las FARC de una serie de crímenes y en particular la del dirigente conservador Alvaro Gomez Hurtado, de manera automática surgieron voces sembrando la duda sobre la sinceridad  de esa confesión, como si se estuviera hablando de algo baladí, actuando como jueces supremos cuando hay de por medio algo demasiado grave. Con todo respeto me parece que las emociones siguen arrasando con cualquier asomo de cordura.

Darle ingreso a la hipótesis de una confabulación de las FARC para mentir, auto inculpándose de semejantes crímenes para evitar que los supuestos verdaderos responsables sean descubiertos, me parece una fábula emparentada con aquellas que alimentan el acervo de quienes   creen que todo lo que ocurre hace parte de una gran conspiración.   El principal argumento que se aporta es el de ser una jugada para pasar el proceso de la justicia ordinaria a la justicia transicional.

El sentido común me dicta que hay una diferencia muy grande entre mentir para declararse inocente, lo que abunda, y hacerlo para lo contrario, echándose a cuestas semejante responsabilidad.

Alguien podría refutar que nada es imposible y puede ser razonable, pero al menos debieran darse el margen de la duda, actuando con responsabilidad y mesura.

Hay que admitir que la confesión de las FARC saca de cauce las hipótesis precedentes en materia de las investigaciones en curso, pero lo más prudente es aguardar a que se aclaren las cosas, no saltar como un resorte a decir cosas sin el mayor soporte o con base en especulaciones.

A esta versión macabra se le contrapone otra similar   afirmando que cuando el Presidente Duque le pidió al fiscal Barbosa no dejar impune el crimen de Álvaro Gómez Hurtado ya tenían en mente inculpar a Samper, Serpa y Bejarano. Otro supuesto y siniestro plan preconcebido.

Yo no soy nadie para juzgar el margen de maniobra que pueda tener un fiscal general, pero me niego   siquiera a considerar que esto pudiera ser posible.

Si esto no es fanatismo, entonces qué es.  Invalidar la justicia humana a estos extremos es pavimentar el camino hacia la dictadura.

Me resisto a montarme en uno o en otro de los carriles de la polarización. Aunque la sociedad parece estar perpleja y muda, algo me empuja a opinar así pueda incomodar.

Hay que dejar que La Paz llegue con sus verdades, aunque duelan.

Escribe: LUIS ENRIQUE ARANGO JIMÉNEZ*

*Dirigente político, hombre cívico y ex rector de la Universidad Tecnológica de Pereira.

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