Renta básica, la realidad de una necesidad para la gran mayoría

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Renta básica, la realidad de una necesidad para la gran mayoría

Con esta consigna  o lema, convertido en hashtag( #RentaBásicaYA), circula en las redes  la campaña de apoyo al proyecto de ley que cursa en el Senado de la  República,  y que convierte el ingreso solidario creado por el Gobierno Nacional mediante decreto ley al amparo de la emergencia económica ,  social y ambiental, en un ingreso básico de emergencia  , por el valor de un salario mínimo mensual (SMLM) , durante 3 meses para aproximadamente  9 millones de hogares.

Este ingreso o renta básica propuesto supera ampliamente  lo aprobado por el Gobierno y está orientado  a  mitigar el sufrimiento de las personas  pobres y vulnerables, dotándolos de recursos que les permitan  recuperarse de los daños causados por el confinamiento,  y  los subsiguientes toda vez habrá Covid-19 para rato y se prevé aumento de la pobreza, la pobreza extrema  y la desigualdad.

El proyecto de ley   modifica  el aludido decreto ley 518 de 2020, e implica  cambiar el nombre del programa, ampliar su cobertura y aumentar el monto de las transferencias hasta alcanzar una renta básica de emergencia de $877.803 por familia mes, durante 3 meses. El proyecto además abre la posibilidad de que sean hasta otros tres meses más de acuerdo a la evolución de la situación.

Se aclara en el proyecto que los  programas sociales del Gobierno que implican transferencias  monetarias harían parte de estos recursos,  pero habría que complementarlas pues en ningún caso llegarían al valor propuesto, y por otro lado quedan por fuera de estos beneficios población pobre y vulnerable no focalizada  antes de la pandemia,  como también gran parte de los trabajadores en micro negocios afectados.

Los programas actuales  del Gobierno son:

Ingreso solidario.   $80.000

Familias en Acción $145.000

Jóvenes en Acción $350.000

Colombia Mayor.    $80.000

Devolución IVA.       $75.000

Teniendo en cuenta que una familia en Colombia tiene en promedio 3.3 personas  y que la línea de pobreza en Colombia por persona mes es de $257.000,  un hogar debería tener un ingreso de $ 848.100; como  se aprecia en ningún caso se llegaría a ese monto.

El costo del programa descontando las transferencias monetarias vigentes para tres meses sería de 20 billones, 2% del PIB .Los recursos provendrían del Fondo de mitigación de emergencias  FOME  y naturalmente habría que fortalecerlo con nuevos recursos, donde se ha propuesto  un crédito del Banco de la República, una reestructuración de la deuda, y una reforma tributaria para gravar la riqueza y desmontar beneficios innecesarios.

Se han hecho comparativos de los esfuerzos hechos por los diferentes países para atender la crisis  y Colombia  aparece entre los más tímidos.

El DNP de acuerdo al proyecto debe construir el listado maestro para los hogares beneficiarios tomando en cuenta  la información del Sisben, la información  de las empresas de servicios públicos, el Dañe, la Dian y otras fuentes. Así mismo no se descarta el mecanismo de convocatorias.

El proyecto  surge de una propuesta de la bancada del partido Alianza verde en el  Senado liderada  por el Senador Iban Marulanda Gomez, acompañada por expertos ,  que  fue ganando respaldo  hasta lograr el apoyo de 54 Senadores, pertenecientes a 9 fuerzas políticas diferentes.

Asombra que una propuesta tan heterodoxa  se abra paso, confirmándose aquello de que estamos  descubriendo la necesidad de salirnos de los libretos para pensar la sociedad del futuro.

La pandemia desnudó realidades ocultas y mostró lo indefensos que estamos como sociedad.

Esta semana debería  ser aprobado  el proyecto en la comisión III del Senado para que siga su curso.  Fueron designados 8 ponentes y se supone que el Presidente convocará la comisión   para darle trámite.

Aunque la renta básica propuesta es coyuntural  para la emergencia, abre un debate en Colombia  sobre un ideal, que se discute sobre todo en Europa desde hace varios años: la renta básica universal -RBU

La RBU es un ingreso mensual  garantizado, incondicional,  para todos los  ciudadanos con un mínimo vital.  Se afirma  que la sociedad ha llegado a construir tal nivel de riqueza que se  puede avanzar hacia allá.

Se argumenta que sería la forma de terminar con la pobreza.

El modelo económico imperante reproduce desigualdad y  hay que introducir correctivos.

La libertad como ideal  no existe mientras no se tenga resuelto el problema de la subsistencia.  Los subsidios focalizados  son una forma de incidir en la libertad de los individuos  dándole espacio a la manipulación de los políticos. No existe verdadera democracia si los ciudadanos no han resuelto su  subsistencia.  La renta básica le entrega poder  al ciudadano.

La robotización, la inteligencia artificial, amenazan con la destrucción de empleos. Hay que encontrar alternativas a la pobreza que va a  aumentar.

Todos estos puntos de vista hacen parte del arsenal de argumentos a favor del concepto de la renta básica o del mínimo vital.

Para oponerse a las propuestas de renta básica, se dice que la gente no va a volver a trabajar, que se terminarán los incentivos para el emprendimiento, que aumentarán los drogadictos, que nos empobreceremos todos.

Que no es posible fiscalmente.

Que se le darían recursos a quien no los necesita.

Que  la distribución coactiva de la renta no puede justificarse desde el punto de vista ético. Que la solidaridad no puede imponerse por la fuerza, etc., etc.

Frente a una  idea tan rupturista como lo es la RBU,  se me antoja pensar  en  el parecido con los  debates del pasado para romper con  situaciones  históricas consolidadas.

Imagino  cuando se habló de abolir la esclavitud;  o cuando se habló de establecer la jornada  laboral de 8 horas; o cuando se propuso darle vacaciones pagas a los trabajadores.   Más reciente cuando se le dieron derechos patrimoniales a las mujeres o cuando se les dio derecho al voto.

El debate apenas empieza, la renta básica de emergencia  es una puerta de entrada interesante para recrear variantes emparentadas con el concepto.

Todos estamos de acuerdo en que las cosas van a cambiar después de la Pandemia pero no sabemos cómo. Es tiempo de pensar diferente.

La comisión económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, una agencia de la ONU,  propuso el mes pasado   a los países  de su órbita, avanzar hacia un ingreso básico  de emergencia para la población vulnerable con el fin de contrarrestar los efectos del Coronavirus. Incluso con perspectivas de continuidad.

En palabras de Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL.

“Ante las grandes brechas históricas que la pandemia ha agravado, la CEPAL reitera que es el momento de implementar políticas universales, redistributivas y solidarias con enfoque de derechos”.

“Generar respuestas de emergencia desde la protección social para evitar un grave deterioro en las condiciones de vida es ineludible desde una perspectiva de derechos y bienestar”.

“Construir el Estado de bienestar y sistemas de protección social universales es clave para evitar otra década perdida”, enfatizó. ”Un elemento central en la construcción de un Estado de bienestar es el derecho a la salud. Superar la actual fragmentación, jerarquización y mercantilización de los sistemas de salud será una de las enseñanzas que dejará la pandemia”.

Esto se mueve.  Hay que pensar y actuar.

El proyecto de Ley  que hace trámite en el senado  sobre Renta Básica de Emergencia merece  ser respaldado por la ciudadanía.

Escribe: LUIS ENRIQUE ARANGO JIMÉNEZ*

*Dirigente político, líder cívico y ex rector de la Universidad Tecnológica de Pereira.

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