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Gobernaciones y Alcaldías corren a marchas forzadas para presentar con plazo máximo el próximo 30 abril, a las Asambleas y Concejos, los proyectos de plan de desarrollo en sus respectivas jurisdicciones, para una vigencia de cuatro años.  Una obligación que surge del artículo 343 de la Constitución Nacional y de la Ley orgánica del Plan de Desarrollo, ley 152 de 1994.

Al lado de la autonomía, que expresamente se consigna, los principios generales de esta ley orgánica, determinan para la actuación de las autoridades en materia de planeación, serios obstáculos de   orden legal y práctico, si tomamos en cuenta la crisis de todo orden que vivimos bajo la Pandemia.

De manera sumaria, solo titulares, sin entrar en el texto de la ley, veamos algunos de estos principios ordenación de competencias, coordinación, consistencia, prioridad del gasto público social, continuidad, participación, eficiencia, y viabilidad.

La consistencia fue precisada por la ley 1473 de 2011, aludiendo entre otros a la necesidad de que los planes de gastos deben ser consistentes con las proyecciones de ingresos y financiación.

De otro lado, la ley orgánica del plan obliga a la articulación y ajuste de los planes, de los niveles entre sí, y con respecto al Plan Nacional. De Desarrollo. Planes que deben ser para cuatro años, como se comentó.

Sincerémonos. Creen posible construir una propuesta de plan de desarrollo, creíble, asertivo, objetivo, y justo en las actuales circunstancias y además al tenor de los presupuestos legales. Por supuesto que no.

Por eso mismo, creo que el Gobierno Nacional debiera utilizar las facultades excepcionales, si le alcanzan y si no expedir otras, para aplazar los términos de la exigencia de la ley con el fin de poder hacer ejercicios responsables y que respondan a la situación en medio de la cual estamos.  No se puede planear adecuadamente con un contexto liquido; además sin certezas en materia fiscal y económica.

Pero hay otro aspecto crucial y es el de la participación. El procedimiento para la construcción de los planes les da una vocería muy importante a los consejos territoriales Municipales o Departamentales de Planeación, y aunque la designación la definen los Ejecutivos, de acuerdo a la composición que hayan determinado las Asambleas y Concejos, deben estar integrados como mínimo por voceros de sectores económicos, sociales, ecológicos, educativos, culturales y comunitarios.

En las circunstancias actuales, la participación real se dificulta. Pues a pesar la existencia de medios tecnológicos, no siempre es posible hacerlo como se debe. Aquí vale un llamado a la innovación de las autoridades para lograrla, sobre todo para aquellos sectores que más debemos oír en las actuales circunstancias. Los sectores económicos de hecho tienen poca dificultad para hacerse oír.

Pero vamos al almendrón del asunto; los planes de desarrollo son el instrumento por excelencia, para proyectar la nueva sociedad que queremos a la luz de lo que nos está mostrando esta tragedia.  Como vamos a atacar de fondo el tema de la desigualdad.  Como vamos a actuar en los frentes de la salud y la Educación. Como vamos a concebir el desarrollo de las Ciudades y la movilidad. Como vamos a defender el medio ambiente. Como vamos a actuar en la reactivación de la economía.

Estos y otros interrogantes son de la mayor importancia para nuestro futuro y no pueden eludirse en la aprobación de los planes de desarrollo que, de no mediar cambios legales, serán aprobados por las corporaciones públicas, Asambleas y Concejos, durante el mes de mayo.

Lo ideal sería que el Gobierno alterara la camisa de fuerza de las fechas, mediante una fórmula de transición, que garantizara un ejercicio serio y no formal. Sobre todo, porque el primero que debiera reformarse es el propio Plan Nacional de Desarrollo vigente; en lo nacional sí que son válidos estos razonamientos. Además, porque como se explicó, los planes regionales y locales deben articularse con él.

Mientras tanto, y frente a la ausencia de soluciones como las enunciadas, la sociedad debe estar alerta para intervenir y evitar que las propuestas de planes de desarrollo, terminen en ejercicios desprendidos de la realidad, vegetativos, ignorantes de lo que viene. reproduciendo el pasado de manera acrítica.

Y lo peor, parodiando al héroe de la independencia, desaprovechando estos momentos de efervescencia y calor.

Pensemos diferente.

Escribe: LUIS ENRIQUE ARANGO JIMÉNEZ*

*Docente, dirigente político y líder cívico. Ex rector de la Universidad Tecnológica de Pereira y dos veces candidato independiente a la Alcaldía de la capital risaraldense.

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