Nelson Guzmán y el dilema de “alegría o tristeza”

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Nelson Guzmán y el dilema de “alegría o tristeza”

 

 

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Hasta mi existencia y a mi parecer hay dos vicisitudes fundamentales que no se enfrentan al análisis en el planeta tierra o que conozca instituciones educativas especializadas que desde la niñez (muertos enterrando muertos como lo precisara el escritor Argentino Jorge Luis Borges) o la infancia forme o capacite para la muerte y la vejez. En particular en esta última aventura que es más cercana a la separación definitiva de la naturaleza y la sociedad y donde se produce como un alto grado de desintegración humana así durante el transcurso del tiempo haya logrado títulos universitarios de valía y su lógico pensamiento sirva de fortalecimiento al equilibro y la armonía con los demás seres vivientes y por ende al desarrollo y progreso de las comunidades.

Con meritorios reconocimientos por su aporte teórico y práctico y su  edad adulta. Eso sí, no puede negarlo o dudarlo pero declinando  en un alto porcentaje, muchos  caen en el error fatal de la descomposición social, intelectual e incluso moral. No se es ajeno a descalificar la misma ciencia que en otra área del conocimiento científico ha defendido como la del amor,  a deshonrar eminentes profesionales, a desconfiar de la erudición aunque de ella se haya nutrido, creyéndose en poseedor de verdades absolutas (Anti Kantiano), por el prurito de valerse de su experiencia vivida durante días, meses, años que son ínfimos con relación a la historia de la humanidad y de las formaciones económicas sociales y alejándose de elementos críticos y autocríticos que perfeccionan al ser pensante y cayendo en la sinrazón. Esto es complejo aceptarlo de verdad a una avanzada edad. Desarrollado en sus adversos comportamientos, incluyendo la morbosidad.

Se abaten  en la “gloriosa” trampa de creerse universal y decir escuetamente que otros no sirven sin tener elementos de juicio o porque se valen de tristes y oscuros comentarios que solo pretenden destruir la integridad y decencia personal, desconociendo la axiología. Yo lo sé todo, usted no sabe nada. No puedo dejar de ir a ese paseo, él no sabe dónde llegar. Alcanzándose a lastimar su propio estado físico e intelectual. Me hace falta ese espacio cultural. No puedo vivir sin él.

Es prolongar históricamente ese querer aunque no se pueda por leyes  universales como la de Darwin de nacer…morir y que supuestamente hemos asimilado durante la academia. Comparto que la vejez no son arrugas, ni canas, ni años pero si debemos tener consideración con la supervivencia. La neurología también nos orienta como actuar e incluso celebres  tratadistas de la gerontología y la geriatría.

Si miramos con serenidad la realidad, el desenvolvimiento de los años hasta llegar a la adultez y con lentitud pensamos puede ser que alcancemos a evitar la dispersión tan en boga en nosotros los mayores de edad, nos evitemos los desagradables instantes de vida, disfrutemos de las experiencias vitales (como lo decían algunos filósofos chinos de la antigüedad. A.n.E) y actuemos con conciencia y no exclusivamente por emoción o rusticidad y eso si eternamente respetando que para los gustos los colores.

Escribe: NELSON GUZMÁN BAENA*

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*Consejero Territorial de planeación Departamental. C.T.P.D.  Delegado C.U.T. Central Unitaria de Trabajadores Quindío. Presidente O.C.P. (Organización Colombiana de Pensionados) Seccional Armenia. 

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