Mafia farmacéutica, “a la orden del día”

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Mafia farmacéutica, “a la orden del día”

El manejo de las políticas de los laboratorios además de poco ortodoxo, puede tener connotaciones criminales. Y nadie mejor para atestiguarlo que el profesional colombiano, Germán Vázquez, quien fue atacado presuntamente por oponerse a dichas maniobras por tener escrúpulos.

A su vez se refirió a la cuestión de las licencias, explicando los manejos de las grandes potencias en asociación con los capitanes de una industria que lejos de beneficiar, comercia con la necesidad de los productos.

¿Se ha avanzado algo en esa dirección?

Con el tiempo algunos países han logrado mecanismos eficaces como las licencias obligatorias, que permiten a los Estados producir en ciertos contextos material patentado sin autorización de los dueños de los laboratorios, los dueños de las patentes. Estados Unidos es el campeón mundial de las licencias obligatorias y a la vez los campeones en oponerse a que otros países utilicen este mecanismo.

A raíz de todos estos debates, en 2001 recibió amenazas y agresiones físicas.

Sí. En Río de Janeiro dos tipos me atracaron y me cortaron el brazo. Pensé que se trataba de un simple robo. Días después viajé a otra reunión en Miami y en una calle que se llama Lincoln Road, otros dos sujetos me acorralaron con pistola y me cogieron a patadas. Cuando se estaban yendo, uno de ellos me gritó: ‘Esperamos que haya aprendido la lección de Río. Deje de criticar a la industria farmacéutica’. Diez días más tarde recibí una llamada anónima a mi casa de un tipo que me preguntaba si estaba atemorizado. Antes de colgar, lo único que dijo fue: ‘Lincoln Road, Miami’.

Yo llamé a Ginebra y todo el mundo estaba muerto del susto. Después estuve un año viajando por el mundo con escoltas y todo tipo de medidas de seguridad aportadas por la OMS.

¿Y ahí acabaron las intimidaciones?

Sí. Pero hubo otras estrategias, como cartas oficiales que yo vine a conocer cinco, seis, ocho años después. Solicitudes del gobierno de Estados Unidos, firmadas por la Secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, a la directora de la OMS para que me sacaran de la organización.

Dio la casualidad de que en aquella época brutal, la directora de la OMS era Gro Harlem Brundtland, una noruega que había sido dos veces primer ministro de su país. Eso le dio furia y no solo no me echó, sino que me promovió.

¿Tiene alguna idea de dónde provenían esas presiones y amenazas?

Bueno… Hay una asociación que se llama la IFPMA, la Asociación Internacional de Productores de Medicamentos, dirigida por los Estados Unidos, pero donde los europeos también participan. Yo he asistido a reuniones gubernamentales, por ejemplo en Doha, donde vi al ministro de Comercio de los Estados Unidos salir de la sala para consultar con la gente de la industria, con los representantes de esa asociación, si estaba bien lo que estaba diciendo o no.

¿Conoce algún episodio similar que haya ocurrido en Colombia?

Lo que ha habido en Colombia es un lobby bastante fuerte. Con suficiente fuerza como para quitar de su cargo a un personaje tan importante como Beatriz Londoño cuando era ministra de Salud durante el primer mandato de Juan Manuel Santos. A Beatriz la descabezó la industria. O como sacaron a Carolina Gómez, encargada de medicamentos, del Ministerio de Salud y luego del INVIMA. También bloquean la llegada de Claudia Vacca al INVIMA. En ambos casos la presión venía de AFIDRO, la asociación de laboratorios extranjeros en Colombia. De manera que lo que hay es ese tipo de lobby, que con una llamada a la Presidencia logran remover de sus cargos a personas que resultan molestas para sus intereses.

Se publicó un reportaje donde se evidenciaba la pérdida gradual de influencia de la industria farmacéutica de genéricos en Colombia. Ahora surge esta pandemia y el olvido y desprotección a la industria local ha llevado a que políticos propongan incluso la creación de una empresa farmacéutica estatal. ¿Qué opina al respecto?

Yo debo decir que el mercado farmacéutico colombiano lo conozco mal porque lo conozco a la distancia. Pero ahora con esta pandemia, por ejemplo en la India, ha habido un llamado urgente al Gobierno para que impida la venta de sus laboratorios de genéricos que en los últimos años estaban siendo comprados por transnacionales japonesas o americanas. El Gobierno ha frenado todo eso. Y en la misma línea de lo que me cuentas se vuelve a plantear la necesidad de tener una industria local fuerte. Incluso esa idea de que existan firmas estatales, financiadas por el sector público, vuelve a resurgir después de que había perdido fuerza hace años.

¿Cuál es la empresa farmacéutica con peores prácticas empresariales?

Es complicado porque ellos compiten entre ellas para ser la peor, pero se puede medir con indicadores muy claros. Creo que con las prácticas más sucias últimamente es la empresa suiza Novartis.

¿A qué indicadores se refiere?

Una forma de medir esto podría ser examinando la cantidad de litigios en Estados Unidos o Europa. Son denuncias en algunos casos de los mismos estados contra las empresas en grandes tribunales donde lo que sucede con frecuencia es que las multinacionales pagan multas enormes, de 500 o 600 millones de dólares, para acabar los procesos y seguir tranquilos como si nada.

Una de las quejas recurrentes contra la OMS, muy al tenor de la supuesta opacidad del Gobierno de China en la evolución de la pandemia, ha sido la falta de transparencia. ¿Coincide con esa crítica?

Yo creo que es clarísimo. En los últimos tres o cuatro meses muchos periodistas me han preguntado que si la OMS ha estado encubriendo a China. Yo coincido parcialmente. Ha habido una influencia del Gobierno de Xi Jinping que no ha sido transparente, pero al mismo tiempo no se debe desconocer que desde hace 20 años la OMS es manipulada por los Estados Unidos. Han puesto vetos, han cambiado resoluciones, textos, todo como ellos han querido.

¿Algún ejemplo?

Justo después de la publicación del Libro Rojo, hace 20 años, sacamos una cartilla pequeña de seis páginas con un resumen del libro. Se imprimieron cinco mil ejemplares en las seis lenguas de la OMS. Cuando llegaron a distribuirla en la Asamblea Mundial de la Salud, los Estados Unidos pusieron una queja al director general y la mandaron a recoger. Se recogieron los cinco mil ejemplares que había por cada lengua, es decir, 30 mil copias de un documento de seis páginas a color. Los destruyeron todos porque en la tercera página, abajo, en letra muy pequeña, decía que el acceso a la salud era parte de los derechos humanos. Los Estados Unidos pusieron veto a que se mencionara la palabra derechos humanos.

¿Hoy cuál es el mayor desafío de la organización?

Ahora el problema es la privatización de la OMS. Hoy en día tenemos sentados en los comités de expertos técnicos a representantes, por ejemplo, de la Fundación Bill y Melinda Gates, que también tienen representación permanente en el Consejo de administración del fondo Global y de Gavi, la alianza para las vacunas. Esa fundación, que es la segunda mayor donante de la OMS, le ha hecho un daño muy muy grave a la salud pública mundial.

Bill Gates tiene acciones en GlaxoSmithKline, Eli Lilly, Johnson & Johnson, Merck y Pfizer, entre otras. Todos estos laboratorios a su vez también aportan a la OMS, a través de contribuciones voluntarias especificadas, lo que quiere decir que los donantes deciden en qué programas se debe invertir su dinero. Eso condiciona las decisiones de la OMS, pero además genera un conflicto de interés gravísimo y representa un caso de falta de transparencia muy delicado para una agencia que es la encargada de hacer políticas públicas en salud.

¿Ha habido alguna mención al respecto en la Asamblea Mundial?

Claro. En la apertura habló la presidenta de la Confederación Suiza, Simonetta Sommaruga. Y en su intervención, que a mí me dejó asustado, dijo lo que yo he sostenido desde hace varios años, y es que la OMS estaba en manos de contribuciones voluntarias y privadas. Dijo que hoy el 80 % del presupuesto de la OMS no viene de las contribuciones regulares públicas y que eso era un problema grave. Que los suizos, que son uno de los principales donantes, digan que la salud tiene que volver a adquirir un carácter público es un llamado bastante fuerte.

¿Cree que la influencia del poder privado también ha obstaculizado la libertad de prensa en temas de salud?

En eso se ha avanzado mucho. Sin embargo conozco a periodistas de los diarios más importantes de Francia e Inglaterra que aún hoy no se atreven a escribir cómo funciona de verdad la incidencia del poder privado sobre la salud pública mundial. ¿Por qué? Entre otras razones porque, por ejemplo, la Fundación Bill y Melinda Gates organiza todos los años un viaje en su avión privado, en el que invita a 30 o 40 periodistas del mundo entero para visitar lugares como Bangladesh. O para ir a África. Les muestra todas las obras que están financiando, les toman fotos a las poblaciones locales mientras son vacunadas. Luego es muy difícil que saquen una primera página contra Gates y sus conflictos de interés en temas de patentes.

Escribe: ABELARDO RESTREPO

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