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Incumplimiento de acuerdos, estaría devolviendo al país a la guerra

El diario estadounidense publicó un reportaje en el que enumera las fallas que ha tenido el acuerdo de paz suscrito entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc. Poca presencia del estado en las zonas rurales y la incapacidad de garantizar la seguridad de los excombatientes son algunas de ellas.

Dos años y medio después de que el gobierno colombiano y la entonces guerrilla de las Farc firmaran un acuerdo de paz para ponerle fin a más de medio siglo de conflicto, con la promesa de iniciar una nueva era en el país, la situación actual parece estar lejos de aquellas promesas de un final feliz.

La poca presencia del estado en las zonas abandonadas por la guerrilla, junto con la inseguridad para los excombatientes y la desconfianza de gran parte de la sociedad civil frente al proceso son algunas de las fallas que ha tenido el acuerdo de paz de acuerdo con un reportaje realizado por el diario estadounidense The New York Times este viernes.

El proceso de paz colombiano hace parte de un especial del rotativo estadounidense en el que sus periodistas regresan al lugar donde se dieron grandes noticias para verificar si las promesas fueron cumplidas.

Sin embargo, según The New York Times, el saldo del acuerdo de paz colombiano, tras dos años y medio es desalentador.

Al menos 3000 exguerrilleros han regresado a la lucha armada, la llegada del estado a zonas alejadas del país todavía no se ha dado, el asesinato de líderes sociales es pan de cada día y el nuevo gobierno busca hacerle modificaciones a la justicia transicional, uno de los pilares del acuerdo.

“Los acuerdos de paz de esta magnitud nunca son fáciles de implementar y los colombianos sabían que les esperaba un camino largo y desalentador”, destaca The New York Times.

El acuerdo firmado por ambas partes es complejo y ambicioso. El objetivo era ponerle fin a un conflicto que dejó más de 200.000 muertos en cincuenta años y que aisló a gran parte de la zona rural colombiana del centro del país. Un total de 578 compromisos fueron acordados por ambas partes, que mediante un estrechón de manos le decían al mundo que Colombia podía cambiar la página.

Pero dos años después muchas de esas promesas se han incumplido, según reporta el Times. El diario estadounidense viajó a la población de Juan José, en Córdoba, y encontró que la presencia del estado aún no se ha notado.

“Sin agua corriente, los residentes aún tienen que usar pozos sin tratamiento. Pese a las promesas gubernamentales, no se construyeron escuelas en las aldeas vecinas y muchos niños nunca han visto un salón de clases”, afirma The New York Times.

Sin embargo, de acuerdo con Emilio Archila, un asesor del gobierno consultado por el diario, dijo que muchas de las promesas de desarrollo incluidas en el acuerdo, como el suministro de agua y electricidad, tardarán más de una década debido al daño que el campo sufrió por el conflicto.

“Cualquiera que piense que íbamos a resolver estos problemas en dos años no entiende la magnitud del problema”, dijo.

Pero para Adam Isaacson, de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, un grupo de derechos humanos, el gobierno colombiano no actuó como debía y permitió que muchas de las zonas que eran controladas por la guerrilla fueran tomadas por otros grupos criminales.

“Ahora hay muchos grupos que luchan por el mismo territorio”, afirmó Isaacson al Times.

Otro de los problemas que enumeró el diario estadounidense es el de la incapacidad del Estado de convencer a los campesinos de que dejen de sembrar coca. Aunque el gobierno les prometió un importante dinero si reemplazaban los cultivos ilícitos con otros legales, los problemas para acceder a estos pagos, junto con la lucratividad del negocio de la droga ha hecho esto difícil.

“El gobierno tiene gran parte de la responsabilidad en esa situación”, afirma The New York Times.

El tema de la justicia transicional es otro punto álgido para el rotativo neoyorquino. La desconfianza del gobierno de Iván Duque y de gran parte de la población frente a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), a la cual consideran de indulgente y cómplice de la guerrilla, han dificultado que la sociedad colombiana acepte su legitimidad.

Otros, por su parte, temen que busquen modificarlos y cambiar su razón de ser.

“La posibilidad de obtener una sentencia más leve y participar en política es lo que convenció a las Farc para que se involucraran en política”, afirmó Isacson, el analista de derechos humanos, a The New York Times.

Pero no todo es malo para el diario estadounidense. El Times reporta que muchas de las promesas que se hicieron se han venido cumpliendo, pero a cuentagotas. De hecho, citan un estudio del Instituto Kroc de Estudios Internacionales para la Paz de la Universidad de Notre Dame, que supervisa los acuerdos, en el que se habla de un cumplimiento del 23 por ciento de los 578 compromisos acordados en 2016.

Pero la investigación reveló que, a pesar de este “progreso”, solo un tercio de los compromisos se cumplirían en el plazo estipulado por el acuerdo. El resto se encontraba en un “estado de implementación mínima” o ni siquiera se habían tocado.

De hecho, uno de los mayores fracasos se da en el área de seguridad, con especial énfasis en el asesinato de excombatientes y líderes sociales.

“Tanto el gobierno como los rebeldes les aseguraron a los colombianos que sería el mayor logro del acuerdo de paz”, cuestiona el Times.

De acuerdo con cifras entregadas por el diario, el año pasado fueron asesinados 252 líderes sociales, un aumento en comparación con los 191 que se registraron en 2017.

Mientras que, por otra parte, la Farc, partido político surgido tras la desmovilización de la guerrilla, denuncia que más de 130 de sus excombatientes han sido asesinados por fuerzas irregulares. Algo que, según The New York Times, ha permitido que muchos de los desmovilizados hayan decidido volver al monte.

Fuente: DIARIO EL ESPECTADOR

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