Historias de la violencia en el Tolima

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Historias de la violencia en el Tolima

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El Líbano en el Tolima es una comunidad liberal en medio de varios municipios conservadores fundados por antioqueños; en 1948 Roberto González Prieto  era  el dentista de la población y todo hacía  presentir que allí viviría  hasta agotar los días en medio de sus nietos; pero el destino le trazó otros caminos, porque a mediados de ese año   asesinaron  a su  padre y  quemaron  las  propiedades de la familia.

Ante tales desgracias Roberto González Prieto emigró al municipio de El Cairo en el Valle, donde empujado por la venganza se unió a un grupo de bandoleros que operaba en las estribaciones montañosas de la cordillera occidental. Como González Prieto había prestado servicio militar en el Batallón Ayacucho de Manizales, esa experiencia en el cuartel sirvió para que a fines de 1949 lo nombraran segundo comandante de la cuadrilla de Agustín Bonilla, alias “el Diablo,” que delinquía en el norte del Tolima.

El reino de los bandidos

González Prieto se  separó de “El Diablo” y con el alias de “Pedro Brincos”  conformó con sus cuatro hermanos y varios amigos un  grupo  con inspiración comunista que  asoló a las comunidades conservadoras de la zona. En 1957 “Pedro Brincos” se desplazó al Quindío y con varios profesionales de izquierda intentó dar forma a un movimiento político con plataforma gaitanista cuyo objetivo era tomarse el poder por las armas. “Pedro Brincos” tomó la identidad de un rico hacendado del occidente caldense llamado Julio Calle y en esa forma consiguió el apoyo de las fuerzas militares para trabajar por la pacificación de la región.

Con Libardo Mora, un abogado campeón Bolivariano de Atletismo, Julio Calle viajó a Quinchía donde empezaban a conformarse algunos grupos de autodefensa para hacer frente a “los pajaros” que estaban haciendo invivible la población. La comunidad quinchieña  recibió con entusiasmo a Julio Calle, quien con la colaboración del alcalde Gilberto Cano, del directorio liberal y de los notables del pueblo organizó un encuentro  en la vereda “La Cumbre” donde expuso su interés  en defender  a los ciudadanos pacíficos. Con estos planteamientos Julio Calle, o sea Pedro Brincos, se ganó la voluntad de los campesinos y empezó a organizarlos para que hicieran frente a los antisociales que venían asolando las veredas del municipio. Para tal fin Julio Calle estableció un sistema de cuotas para sostener “la justa causa” y montó un centro de adiestramiento militar.

Un día de 1947 “La Aviadora” cansada del trajín y la aventura, regresó a su casa con dinero y mucho mundo, compró algunas propiedades y escandalizó a las mojigatas pueblerinas con sus trajes ceñidos, los escotes, el caminado pecaminoso… mientras una corte de viejitos verdes y los ruanetas del pueblo le hacían guardia de honor cuando levitaba sobre las empedradas calles de Quinchía.

En la vorágine de crímenes que azotó el occidente del Viejo Caldas, la “Violencia” también clavó sus garras en Graciela. A mediados de noviembre de 1949 un sicario asesinó a un distinguido empresario manizaleño que había tocado el corazón de “La Aviadora” y la visitaba todos los fines de semana y en 1957, Carlos Hernández, su hermano medio, cayó abatido en un ataque que perpetró contra una familia de apellido Suaza.

Acciones en el Tolima 

Las masacres cometidas por la fuerza pública y por los criminales arropados bajo banderas políticas a movieron a los comerciantes,  a los notables y a los campesinos del Líbano a organizarse para poner punto final a la barbarie. Para tal efecto hicieron contacto con” Pedro Brincos” que salió de Quinchía junto con “La Aviadora” y se dirigió a la población de El Líbano con la intención de servir de mediador entre las bandas y las fuerzas armadas.

Pero en realidad sus intenciones eran otras; Pedro Brincos  se reunió con las cuadrillas de “Sangrenegra”, “ de “Tarzán” y  de “Desquite” y en nombre del MOEC (Movimiento Obrero Estudiantil Campesino) propuso el establecimiento de un reglamento guerrillero, mejor trato al campesinado,  el pago de los víveres y consumos,  un sueldo a los “muchachos del monte”, un pacto de cese al fuego y el control guerrillero de un territorio

Por invitación de Fidel Castro, “Pedro Brincos viajó a Cuba donde lo recibieron como un héroe revolucionario. Al regresar quiso convertir las montoneras antisociales en unidades de combate con objetivos diferentes al ciego sectarismo, pero nada logró, pues “Desquite”, “Chispas”, “Tarzán” y demás facinerosos eran simples bandidos dedicados al pillaje y envenenados por el odio.

Más que un bandido, Pedro Brincos fue un especialista en formar cuadrillas alineadas dentro del marco internacional de la Unión Soviética con el objeto de tomar el poder.  En esas estaba en Pereira cuando el 28 de marzo de 1957 el SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano) lo apresó junto con “La Aviadora” sindicándoles de todo tipo de delitos. Como nada pudieron comprobarles, al año de estar detenidos tuvieron que liberarlos; fue entonces cuando la pareja se acogió al programa de rehabilitación del gobierno y “Pedro Brincos” tramitó un préstamo por $ 10.000, que motivó un escándalo nacional, pues decían que los dineros de rehabilitación se habían convertido en un fondo para el crimen.

Excluido y perseguido, “Pedro Brincos” volvió a las viejas andanzas y en 1961 organizó en Turbo, Antioquia, un grupo de bandidos  de inspiración  comunista. Dos años después, el 15 de septiembre de 1963, Roberto González Prieto cayó abatido en el sitio La Isla en jurisdicción de Lérida.  Graciela Quintero, por su parte, no pudo ubicarse en parte alguna, pues según sus declaraciones, la perseguía con saña un conocido periodista manizaleño, resentido al no haber podido obtener sus favores.

Uno por uno cayeron los actores de la violencia partidista en el Occidente del Viejo Caldas y Graciela, pobre y anciana, murió al empezar el siglo XXI en una humilde casa a la salida de Obando, Valle.

Esta es la historia de la pareja que dio piso a la “república del Capitán Venganza” e intentó capitalizar para el comunismo las cuadrillas asesinas del norte del Tolima: “ Pedro Brincos” fue un instrumento del comunismo y “ La Aviadora”  una aventurera que las circunstancias llevaron a los campamentos bandoleros.

Fuente: EL DIARIO

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