Un estudio de opinión pública realizado por Cifras y Conceptos S.A. revela que el 21% de quienes votan, llegan a la urna sin saber por quién lo harán ni por qué. El indicador es preocupante, pues demuestra que una quinta parte de los electores asisten al acto democrático, movidos por los beneficios que entrega el Estado a quienes cumplen con su derecho de elegir, pero sin ningún interés por lo que se está decidiendo.

Cuando leí este dato, le pregunté a César Caballero, el gerente de Cifras y Conceptos, si no había ninguna equivocación. Y me confirmó que ese era el dato que arrojaba la investigación realizada por ellos. Y la consecuencia de que dos de cada diez electores lleguen sin decidir su voto a la urna, se materializa en el porcentaje de votos nulos y tarjetas no marcadas, que es asombrosamente alto, especialmente en las elecciones locales.

Duro golpe para la democracia

La pérdida de votos en las elecciones es un duro golpe para los partidos políticos, los candidatos y la democracia, porque demuestra no sólo desinterés por parte de los ciudadanos, sino hastío por la política y desencanto por las instituciones.

Los votos no válidos tienen un gran peso en el resultado final de muchos procesos electorales, que sumados a la abstención, permiten que proyectos políticos poco benéficos o líderes tóxicos se eternicen en el poder a través de una masa votante fiel y conquistada a través de dádivas económicas y canonjías.

Los politólogos coinciden en que es necesario profundizar la democracia, a través de la apertura de más espacios de participación social, y crear conciencia entre los adolescentes y jóvenes sobre la trascendencia del voto efectivo.

Implica, además, que la institucionalidad pública esté más dispuesta a informar con mayor precisión y efectividad sobre cómo funciona el sistema electoral y cómo se ejerce el derecho al voto en el momento de llegar a la urna y enfrentarse con los tarjetones, que para muchas personas es un proceso abrumador, que termina en la anulación del voto por no marcarse o por marcarse de manera inexacta o confusa.

La falta de información específica sobre las elecciones, a pesar de la profusión de vallas y pendones en las calles, debe llamar la atención del gobierno, de las autoridades electorales y de los partidos políticos sobre qué están haciendo mal para que alrededor del 46% de los ciudadanos no sepan hoy que en octubre se elegirán las autoridades locales, según se desprende de la investigación sobre cómo se comportan los electores, y que muchos de ellos lleguen a las urnas con el sólo incentivo de tener unas horas de descanso o rebajas en la matrícula de sus hijos.

Algunos casos que ocurren en las circunscripciones electorales de Risaralda y Pereira, nos ayudan a comprender la dimensión del problema de los votos no válidos.

Asamblea de Risaralda: En 2011 en la elección de la Asamblea de Risaralda, el 15,76% de los votos fueron no válidos, o sea, 59.461 de 377.319 votos. Mientras en 2015, para esta misma corporación los votos invalidados fueron 72.182 (16,67%) de 433.134.

Dicho de otra manera, en 2011 los votos nulos y las tarjetas no marcadas representaron la cuarta votación de Risaralda, detrás de los partidos liberal, la U y conservador. Mientras en 2015, fue la segunda votación después del partido de la U.

Concejo de Pereira: El porcentaje de los votos inválidos para el concejo de Pereira siempre es más bajo que el de la Asamblea y la Gobernación, pero más alto que el de la Alcaldía.

En 2011 la votación total para Concejo fue 187.775 y de ellos 19.397 (10,33%) fueron no válidos; mientras en 2015 de los 215.031 votos depositados para esta corporación, 23.257 (10,82%) se consideraron inválidos. Los votos no válidos para Concejo Municipal fueron la cuarta votación en 2011 y la tercera en 2015.

Gobernación de Risaralda: Los votos totales para la Gobernación de Risaralda en 2011 fueron 380.784 y de ellos 49.843 (13,09%) fueron nulos y tarjetas no marcadas; mientras en 2015 la votación total fue 436.342 y se invalidaron 48.471 (11,11%).

Alcaldía de Pereira: En las elecciones de Alcaldía en Pereira en 2011 fueron contabilizados como no válidos 15.200 votos, o sea, el 8,02; en tanto en 2015 esa votación perdida fue de 14.119 tarjetones, lo que representó 6,52%.

Conclusiones

Pareciera que cuando el elector siente que lo que se elige es más próximo a él y a sus intereses, tiene la propensión a definir su voto con mayor exactitud, tal como sucede con la Alcaldía y el Concejo. También vota con más seguridad, cuando la información es suficiente y precisa, o cuando las opciones son tan opuestas que se facilita tomar partido, tal como acontece en las elecciones presidenciales o en un referendo. Para las elecciones de Presidente en 2018, por ejemplo, en Risaralda los votos no válidos representaron 2,49%, o sea, 10.675 de los 417.826 tarjetones depositados.

Hay elecciones que para los electores no tienen mucha importancia, como sucede con la Gobernación y la Asamblea, donde la invalidación de votos es muy alta. Y ni qué hablar de las juntas administradoras locales, en las que los votos nulos y tarjetas no marcadas superan fácilmente el 40%, dado que los ciudadanos no tienen información de los candidatos ni de la importancia de esta instancia democrática y participativa.

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