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Economía colombiana, de mal en peor

Las turbulencias económicas, políticas, sociales, ambientales azuzadas por la pandemia obligan a hablar sobre estos aspectos, aunque lo haga de manera somera.

Las sociedades regidas por el mercado lastran desde 2008 una grave afección que en su momento, hace más de ciento cincuenta años, la había descrito Carlos Marx.

En 2008 se presentó una grave crisis financiera que golpeó con dureza a todas las economías del globo, en especial, la de Estados Unidos. La quiebra financiera como consecuencia de una economía ficticia basada en la especulación de papeles y del abandono de la economía real, fue el detonante que nos llevó a pérdidas gigantescas, en especial para aquellos sectores de la sociedad, que ahora, eufemísticamente, se les llama vulnerables.

Doce millones de personas perdieron su empleo solo en EEUU, miles de millones de dólares fueron a dar a los bolsillos de los banqueros, los mismos que causaron el desastre, a costa de la gente más humilde.

Esa crisis aún no ha sido superada. Hoy, los países como el nuestro, serán víctimas de aquella crisis y de la que hoy se profundiza y extiende. En efecto, el gobierno de Duque ha proferido la ley 1955 de 2019, Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad, soportando todas sus proyecciones en escenarios que hoy le han resultado contrarios a las aspiraciones de los tecnócratas del Departamento Nacional de Planeación, del Minhacienda y del Banco de la República. En efecto. Entre otras cosas, basaron sus proyecciones en el precio del petróleo a sesenta dólares el barril y el dólar a 3127 pesos. Ni lo uno ni lo otro.

En el mejor de los casos, y superada la pandemia, el precio rondará los cincuenta dólares y el TRM rondará los cuatro mil pesos. Con lo primero, se agravará el déficit fiscal y con lo segundo, la deuda pública colombiana incrementará sus costos. A lo anterior hay que sumar la crisis de la principal economía mundial, la de Estados Unidos, que nos arrastrará con ella. Ello, será el detonante para que se pierdan miles de empleos, se cierren empresas, se incrementen la pobreza y la miseria y la riqueza se continúe centralizando y concentrando. Los beneficiarios serán los súper ricos y los súper súper ricos, 836 personas que controlan no sólo la economía sino al propio gobierno que ejecuta las acciones necesarias para servir a esos intereses.

Al aspecto económico, debemos adicionar la crisis política que consume las instituciones y ha llevado a la bancarrota a la clase “dirigente” del país. Su estrecha relación con el narcotráfico y otras formas delictuales de sostenerse en el poder han hecho inviable el actual modelo de sociedad. Las enormes movilizaciones que se suscitaron el 21 de noviembre y que aún no han terminado, fueron expresión de la rabia e inconformidad contenidas en el alma del pueblo colombiano: la corrupción, el asesinato a ciencia y paciencia del régimen de centenares de líderes en un espacio de tiempo muy breve, la casi absoluta impunidad que reina en el país para castigar a los responsables de estos hechos, fueron algunos de los detonantes que generaron esa movilización, que repito, no ha terminado.

Escribe: SÓCRATES LASSO

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