Cuando la “Virgen Roja” estuvo en Pereira

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Cuando la “Virgen Roja” estuvo en Pereira

Casi cien años después de la llegada de esta verdadera heroína de la paz, la justicia social y la libertad, fue posible el rescate de un testimonio de primerísima mano, el cual permite vislumbrar las penosas condiciones que esta verdadera prócer debió afrontar para estar con los obreros de “La Perla del Otún”.

De allí que Noticias 5 recoja este testimonio de Lisímaco Salazar, quien describe las como si hubieran tenido lugar en el día de hoy, haciendo a un lado cualquier comparación de épocas pero con reminicencia llevando a muchos colombianos a pensar si en realidad el trasfondo, la política o la situación del país en la actualidad no guarda en muchos aspectos indiscutibles rasgos de su pasado histórico.

Testimonio

A pesar de haber visitado anteriormente a su hermana Isabel, casada con el educador Benjamín Tejada Córdova, “la Flor del Trabajo” María Cano, visitó a Pereira en su condición de líder sindical y política y los sucesos no pudieron ser peores, ésta amena narración de Lisímaco Salazar nos describe los hechos:

“Los primeros hijos de Pereira que se graduaron en derecho fueron Bernardo Mejía Marulanda y Julio Restrepo Toro, nacido el primero en el centro de la ciudad y en la vereda Tribunas, el segundo. El doctor Mejía Marulanda se dedicó al comercio, pues su grado no lo había conseguido para vivir, ya que su padre era uno de los ricos del pueblo y Restrepo Toro abrió sus oficinas para dedicarse el derecho civil. Desde la universidad se dedicó, Restrepo Toro, a la lucha entre el capital y el trabajo, pero sus ideas no encajaban dentro del comunismo que llevaría al pueblo a una dictadura del proletariado para establecer el socialismo integral en el mundo sino más bien se acercaba a un menchevismo desviado. En sus peroratas nos hablaba de un socialismo radical que a mí se me hacía confuso, sin embargo en compañía de Clímaco Jaramillo lo presentamos en una asamblea del sindicato obrero.

Clímaco recibió, como presidente del sindicato, una comunicación en la que le anunciaban que María Cano llegaría a Pereira determinado día. La organización se reunió extraordinariamente y como programa elaboró unos números para recibirla y entre ellos se impuso mi nombre para el discurso de bienvenida en la estación del ferrocarril, recién inaugurada, y se nombró una comisión para conseguir el respectivo permiso de la alcaldía para recibirla en manifestación que entraría por la calle 19 y doblaría por la carrera octava hasta la sede del sindicato.

Llegó el día del arribo de María Cano a Pereira. En un tren que viajaba desde Cali, ella y su numerosa comitiva bajaron de unos de los vagones. Las multitudes se agolparon frente a los balcones de la estación, adonde subí a decir mi discurso, después de darle la bienvenida personal a tan extraordinaria mujer. Cuando terminó ese acto nos dirigimos en manifestación hasta la sede del sindicato y allí estuvimos oyéndola a ella, a Neftalí González y a Ignacio Torres Giraldo, quienes viajaban en la misma comitiva, planteándonos las teorías que se abrían paso en el mundo desde la revolución en la Rusia de los Zares.

Una masacre que no fue

Antes de retirarnos del sindicato, se resolvió por unanimidad, llevar a cabo una concentración multitudinaria en el Parque de la Libertad, en donde debían ser los oradores María Cano, Neftalí González, Ignacio Torres y Célimo García Bustamante. Las autoridades del pueblo eran Elías Restrepo, Alcalde; Julio Triana, Jefe de Policía; Ramón Giraldo, Inspector y Saúl Pérez, director de la cárcel. A las nueve de la mañana los más activos obreros del pueblo se movían, haciéndole propaganda a la concentración. El señor Alcalde me solicitó una reunión “a puerta cerrada” y allí me informó que el comandante de policía tenía instrucciones, del Ministerio de Guerra, de disolver la concentración. Y ustedes sabrán cómo evitar una tragedia, me dijo.

Me dirigí al sindicato, dónde se estaba preparando la reunión, y en compañía de María Cano, Neftalí González e Ignacio Torres nos declaramos en asamblea deliberante y expedimos la resolución de resistir. Antes de las once de la mañana el parque se encontraba repleto de gentes armadas, Arturo Estrada, el dueño de la ferretería, puso su almacén a órdenes de sus amigos para que sacaran machetes, peinillas, formones, escoplos, etc., para defenderse del ataque aleve que pensaba llevar a cabo el Capitán Triana, el mismo Arturo tenía su revólver 44 en la pretina de sus pantalones.

A las doce del día debía empezar el discurso María Cano, de repente unas nubes negras cubrieron el cielo y vientos huracanados golpearon sobre las ventanas en donde se encontraba la comitiva y los oradores. No demoró media hora en desatarse una tormenta que desarmó al pueblo e hizo huir a la policía, que se encontraba acantonada en la carrera sexta, a los cuarteles. Los que tenían la sangre caliente y deseos de que ésta se derramara sobre el Parque de la Libertad, fueron empapados por la lluvia.

La paz y el silencio retornaron a las calles de Pereira y al día siguiente María Cano y su comitiva se marcharon para Manizales”.

Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI*

*Escritor, poeta y periodista argentino. Director general de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA y editor del suplemento cultural MAGAZÍN LITERARIO DE EL IMPARCIAL.

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