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Construyendo la educación del futuro

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En 1999 La UNESCO, dentro del debate y la preocupación por diseñar una educación sostenible para el futuro, solicitó al pensador francés de origen sefardí Edgar Morin (1921) un texto en el que resumiese los desafíos que había de afrontar la educación. Una invitación de la que nació Los siete saberes necesarios para una educación del futuro libro al que referirnos para adentrarnos en el espacio de Edgar Morin y sobre el que hoy nos vamos a detener.

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7 SABERES - Saberes para el futuro

 

El menú de problemas que nos plantea Edgar Morin en Los siete saberes necesarios para la educación del futuro no puede ser más incitante, comenzando por la limpieza de los errores del pasado en el primer capítulo: Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión, apuntando la dirección en el segundo: Los principios de un conocimiento pertinente, hasta el establecimiento del asignaturas pendientes, caracterizadas por una sabor transfronterizo, compartido por todos los ámbitos del conocer y atendiendo al diálogo con la mayor de las complejidades: la vital.

 

CEGUERA de CONOCIMIENTO

  • El error y la ilusión del conocimiento reintroducirían el pensamiento del que partimos la pasada semana: quienes enseñan y quienes son enseñados han de coincidir. Es necesario formar individuos conscientes, no pasivos en la recepción de la información, sino activos a la hora de procurarla, interpretarla, y con ello producir sus propios espacios. Un principio de independencia crítica frente a los saberes puramente reproductivos, que genera un vital criterio de libertad. Para ello, es preciso que el conocer cómo conocemos, que la participación y la clarificación de los métodos de enseñanza sea clara, consciente, no delegada, sino activada por cada quien, enseñante y enseñado a la vez. Es necesario introducir y desarrollar en la educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de las disposiciones tanto psíquicas como culturales que permiten arriesgar el error o la ilusión.

 

EL CONOCIMIENTO PERTINENTE

  • El conocimiento pertinente es aquel capaz de superar la fragmentariedad del mundo y entrever su profunda conexión poética, las consecuencias globales de cada hecho. Este, que ha sido el corazón de las humanidades, es el principal error del actual y deficitario conocimiento tecnocrático, hecho de especialistas en piezas que desconocen el papel y función global de la máquina más allá de sus engranajes. Esto es cada día más urgente en un mundo complejo, en el que la desorientación y la pérdida de valores son crisis y enemigos demasiado presentes.

 

ENSEÑAR CONDICIÓN HUMANA

  • Es necesario desarrollar la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un conjunto. Es necesario enseñar los métodos que permiten aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo en un mundo complejo. Así, las asignaciones que plantea este método llevan por nombre: Enseñar la condición humana,enseñar la identidad terrenal, enfrentar las incertidumbres, enseñar la comprensión y como final, comprender la ética del género humano, reintegrando el valor de lo político como corazón de la convivencia y la tarea común de construcción del mundo.

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Los siete saberes necesarios para la educación del futuro

ENSEÑAR IDENTIDAD TERRENAL

La condición humana y la identidad terrenal, que nombra nuestro desarrollo colectivo como sociedad, son (han de ser) lugares centrales del saber, en cuanto en ellos también se vuelca toda nuestra relación con cuanto nos rodea, naturaleza, historia, memoria, cultura. Estos lugares nombran la arquitectura a reintegrar, desde su división en saberes diferenciados, en una ciencia del hombre que vuelva a colocarse en el centro de la educación. Este es un vicio moderno común: los planes de formación educativos tienden como norma a la dispersión en ámbitos, nombres, asignaturas, tramos, plazos, planes sin que se encuentren o concreten adecuadamente los contenidos técnicos y prolijos desarrollados en cada área del saber.Conocemos los puntos, incluso con una precisión alta, pero desconocemos sus conexiones directas, aún más las ocultas y las posibles.

Este capítulo indica cómo, a partir de las disciplinas actuales, es posible reconocer la unidad y la complejidad humanas reuniendo y organizando conocimientos dispersos en las ciencias de la naturaleza, en las ciencias humanas, la literatura y la filosofía y mostrar la unión indisoluble entre la unidad y la diversidad de todo lo que es humano.

 

ENFRENTARSE A LAS INCERTIDUMBRES

Para presentar la necesidad de confrontar lo excluido por los sistemas del saber, y bajo el nombre de enfrentar las incertidumbres, Morin elige una cita de Eurípides:

«Lo esperado no se cumple y para lo inesperado un dios abre la puerta».

Sólo quien espera podrá encontrar lo inesperado, podríamos añadir con Heráclito. Ciencia y arte se darían la mano al llevar a este pensamiento a su extremo: lo cierto y lo incierto se corresponden como la gran tarea del hombre, la movilización de ambas fronteras, en donde arte y ciencia son vías de investigación convergentes, sobre el papel que las imágenes, las ideas y las acciones del hombre tienen a la hora de enfrentarse a la forma más compleja que conocemos, la vida en todas sus perspectivas, a la que nunca capturaremos en su totalidad, aunque siempre nos encontremos en la necesidad de explorar sus límites y fronteras.

El problema de la comprensión se ha vuelto crucial para los humanos. Y por esta razón debe ser una de la finalidades de la educación para el futuro.

 

ENSEÑAR LA COMPRENSIÓN

En este capítulo se enfrenta al método según el que debemos operar en educación, y que en algún modo resume lo central en la obra de Edgar Morin, desarrollada en los seis volúmenes reunidos bajo el título El Método, y que es la reflexión amplia, de toda una vida de investigación, a dibujar las fronteras de un espacio de investigación y vida donde tenga cabida la totalidad de las expresiones de conocimiento, desde la biológica a la imaginaria.El secreto central de El Método se resume en este sexto capítulo: lo crucial es el conocimiento del conocimiento, la autoconsciencia, la consciencia de la consciencia, volcada en cada proceso que nos ocupe. Aún más rico resulta su enfoque de la diferencia entre comunicación y la comprensión, en un mundo como el actual en el que la intercomunicación inmediata parece ser tendencia y tentación. La catalogación de los errores de comprensión son una tarea global: ética, política, artística, informativa. De ellos nacen fantasmas y pesadillas, guerras, malentendidos, odio. Son un excelente ejemplo de cómo no existe en la esfera cultural ningún hecho inconsecuentemente aislado y de por qué es necesario la creación de herramientas autoconscientes capaces de dar espacio y respuesta a hechos complejos.

La comprensión es a la vez medio y fin de la comunicación humana. El planeta necesita comprensiones mutuas en todos los sentidos. Dada la importancia de la educación en la comprensión a todos los niveles educativos y en todas las edades, el desarrollo de la comprensión necesita una reforma planetaria de las mentalidades ; esa debe ser la labor de la educación del futuro.

Cuán lejos está este sentido fuerte y elevado de lo político, de las deformaciones pornográficas a que nos acostumbra la mezquindad de una parte sin dirección de nuestros valores, en donde podemos tomar el ejemplo de la política profesional, técnica, que aún muestra más su indigencia si contraponemos algo tan poderoso como la capacidad de definir nuestras vidas presentes y futuras como grupo -lo que sería el centro del pensamiento de Morín, la constitución común de una vida más plena- frente a algo tan miserable como la corrupción, que debemos definir como la confusión interesada de lo público y lo privado.

En definitiva, como ya decíamos la pasada semana, un libro imprescindible. Un libro filosófico en toda su fuerza, porque plantea preguntas pertinentes, empuja a la actividad, a la activación de zonas que dibujan y dirigen nuestras vidas hacia una comprensión más plena del mundo y de nuestro papel en él, como individuos autónomos, que pueden enseñarse a sí mismos.

Fuente: RZ100 ARTE

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