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Cada año se renueva el debate y se contraponen los distintos discursos y narraciones alrededor de la llegada de los europeos a América. Puede que esta discusión no se resuelva con facilidad, pero hay que tenerla.

Ninguna historia es la verdadera

En 1973, el historiador estadounidense Hayden White publicó Metahistoria: La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX. Allí, el autor define “la obra histórica como lo que más visiblemente es: una estructura verbal en forma de discurso en prosa narrativa”.

Las ideas que se desprenden de esta definición son bastante útiles para pensar la historia no solo como un recuento neutral de lo hechos, sino como relatos escritos por individuos, por hombres o mujeres con sentimientos y perspectivas particulares sobre los hechos que describen.

La crisis de la Modernidad, perfectamente representada en un historiador como White, es la crisis de la razón, de las grandes narrativas, de la “Verdad”. Como el mismo autor señala, toda historia sería propiamente una ‘especulación histórica’ y ningún autor puede preciarse de narrar “lo que en realidad estaba sucediendo”.

A partir de este quiebre, el mundo de la academia empezó a interesarse en buscar textos normalmente excluidos del canon, para poder contar con distintas perspectivas de un mismo hecho, y para tratar de entender la historia no solo desde la versión oficial -normalmente escrita por los vencedores- sino desde otros actores y otras perspectivas.

Depende de quién lo nombre

Por otra parte, cuando los viajeros europeos finalmente entendieron que se encontraban frente a otro continente, lo llamaron Nuevo Mundo, por oposición a Europa, que sería desde entonces el Viejo Mundo.El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegó a un continente. ¿Cómo ha sido narrado este hecho? Por na parte, no se puede decir que llegó a América, ya que el continente no tenía aún ese nombre y, como es ampliamente conocido, Colón murió pensando que había llegado a la parte occidental de Asia.

La idea de “nuevo” implica que en 1492 el continente finalmente entra a formar parte de la Historia Universal, casi como si empezara a existir al ser reconocido por los europeos.

Esta denominación molesta principalmente a las comunidades indígenas que vivían aquí desde miles de años antes de la llegada de Colón. Algunas comunidades, y cada vez con más frecuencia, han empezado a utilizar la denominación Abya Yala para referirse a América.

Abya Yala es una palabra kuna (los kuna son una comunidad indígena que habita la frontera entre Colombia y Panamá) y significa: tierra en plena madurez. Esta idea propone un espacio con pasado y se opone a la des-historización de la categoría Nuevo Mundo.

Es igual de inexacto pensar el 12 de octubre como el día del “descubrimiento de América”. Esta idea implica que Colón, develó/halló/dio a conocer un lugar que se encontraba oculto, es decir, que el continente y sus habitantes no tienen un valor por sí mismos, si no que este es dado por el ojo civilizado que los descubre y los nombra.

Descubrir es también un verbo que necesita un sujeto, el descubridor, en este caso los españoles, y un objeto estático, esto es, América y sus habitantes.

No es el mismo 12 de octubre para todos

Me pregunto si en España algunos profesores todavía afirmarán que personajes como Hernán Cortéz y Francisco Pizarro fueron los héroes de la Conquista, pero me pregunto sobre todo cómo estamos enseñando nosotros esta historia.En España se celebra el 12 de octubre como el Día de la Hispanidad y es una fiesta nacional en la que nostálgicamente celebran la época, ya muy lejana, en la que fueron un imperio.

En Colombia se celebra en esta fecha el Día de la Raza. Así, en singular. Aunque se trata de matizar la imagen con la idílica idea de indígenas, afros y blancos cogidos de la mano, coexistiendo armónicamente. Y en los libros de texto todavía se habla de Colón como el héroe navegante y se sigue utilizando la palabradescubrimiento.

La celebración del Día de la Raza fue ampliamente debatida durante 1992. El debate fue suscitado por los eventos conmemorativos transatlánticos que celebraban el V Centenario.

Para evitar cualquier malentendido, se habló todo ese año del “encuentro de culturas”, en un intento un poco ingenuo de maquillar y romantizar el pasado. La principal dificultad de pensar los 300 años de dominación española en el continente como un ‘encuentro’ es que se desconoce la violencia, el genocidio, la imposición de una lengua y una religión, y especialmente el enorme “desencuentro” que se dio entre las culturas.

Españoles e indígenas no se entendieron en muchos niveles, y la posterior llegada de los esclavos africanos solo aumentó la enorme confusión. Basta echar una mirada a la situación de marginalidad en que muchas veces viven en la actualidad indígenas y afrocolombianos, para confirmar este hecho.

Vivir una verdad brutal

La conquista y colonización de las Américas, igual que todas las otras experiencias coloniales en el mundo, son, sobre todo, historias de discriminación, racismo y destrucción.

Sin embargo es necesario tener en cuenta que muchos colombianos somos hijos de esta paradoja. Por ejemplo, en Colombia una gran parte de la población hablamos español como primera lengua y culturalmente hay todavía una gran número de católicos.

Un profesor furioso en el bachillerato me gritó un día en medio de esta misma discusión que el conquistador que violó a las indígenas seguía siendo mi padre.

De algún modo, esta verdad, por brutal, no deja de ser verdad. El mestizaje americano no es producto del amor entre personas de distintas razas, sino que es una historia de violencia y dominación.

Para responder a esta paradoja es importante, antes que nada, pensar que los americanos nunca hemos sido salvajes que había que civilizar, tampoco fuimos nunca objetos que debían ser nombrados o personajes de historias que otros debían contar. También es necesario pensar y contar la historia desde varias perspectivas, especialmente desde las que no han sido tradicionalmente tenidas en cuenta.

Para algunos, el 12 de Octubre ocurrió un descubrimiento, para otros fue una invasión, para unos empezaron las guerras de conquista, para otros las de resistencia.

Esta realidad tiene que ver con la idea de Hayden White y la historia como relato: no podemos ser objetos pasivos de la historia, es necesario dialogar, controvertir, reescribir las narrativas que nos nombran.

Es evidente también, como un amigo español me señalaba, que para muchas personas esta fecha no significa absolutamente nada, ni en España, ni en Colombia. Es solo un lunes festivo más en el que afortunadamente no hay que ir a trabajar.

Este hecho, que puede ser cierto, es un incentivo más para repensar esta fecha. La historia de Colombia, es aún hoy en día violenta y problemática. Me pregunto si pensar la historia, y especialmente nuestro pasado colonial, puede ayudarnos a re-escribir nuestras propias narrativas o, mejor aún, si puede ayudarnos a re-construir nuestra realidad.

Fuente: RAZÓN PÚBLICA

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