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Jhon Jairo Hernández Montilla

Un 9 de abril de 1948 dieron la orden de asesinar a Gaitán, el caudillo del pueblo, y con este crimen se desató el periodo conocido como “la violencia”, este periodo duró hasta 1958. Al instaurar el Frente Nacional, acuerdo por el cual se repartieron el país entre Liberales y Conservadores.

Entre 1934 y 1938, el presidente Alfonso López Pumarejo intentó infructuosamente un proyecto para modernizar el campo, denominado ” La revolución en Marcha”, este gobernante fue atacado por un político conservador rabioso, Laureano Gomez, quien fue acusado de liderar un golpe de estado en contra de Lopez Pumarejo.

Luego de este intento fallido de reforma agraria, los grupos de campesinos que luchaban por tierra se ubicaron en varias zonas del país, su reclamo de tierras tuvo respuesta por el líder conservador Laureano Gómez, con una acusación incendiaria al afirmar que eran repúblicas independientes y además, focos comunistas que debían ser exterminados por el gobierno.

Fué con la presidencia de Guillermo León Valencia, que se ordenó una operación militar de más de 16000 hombres, lanzando bombas de 2 toneladas en contra de un caserío situado al sur del Tolima donde se refugiaban 50 campesinos comandados por Tirofijo. Con este infame ataque nació lo que hoy se conoce como las FARC EP.

Algo que es importante decir es que la rabiosa y cavernaria Paloma Valencia es nieta de este presidente, por lo tanto es normal su oposición a una reforma agraria, ya que ella y su familia son responsables de millones de muertes, son poderosos terratenientes que prefieren que se desangre el país antes de permitir reformas democráticas en el campo colombiano.

Con Valencia se da inicio a una nueva fase de la guerra contra el pueblo, una continuación de la violencia, la cual asoló los campos de Colombia, especialmente los departamentos agrarios en los cuales habían reclamos y luchas por la tierra. La respuesta del régimen fue arrasar con la violencia estatal a los campesinos colombianos que reclamaban condiciones de vida más dignas para ellos y sus familias en el campo.

Después de superar la presidencia del oscuro y sanguinario Valencia, vino la presidencia de Carlos Lleras Restrepo un reformador, el cual tenía como propósito modernizar del campo, y con la aprobación de la ley 1 de 1968, puso en marcha un importante proceso de organización campesina en Colombia.

Con esta ley se abrió paso a la reforma del campo colombiano, y esto asustó a los terratenientes de siempre, y estos se reunieron en secreto y dieron un golpe al segundo intento de reforma agraria , creando el pacto de Chicoral entre 1971 y 1972, dando paso a una contrarreforma agraria que fortalecía el latifundio.

Entre el 84 y el 86 se dio un proceso de paz con las FARC, en el cual se acordó que crearan un partido para dar su tránsito de las armas a la lucha política, y nace de la mano de organizaciones sociales y populares la Unión Patriótica en 1985, y lo que se esperaba que fuera una apertura democrática, fue ahogado en sangre, ya que más de 5000 miembros de ese partido fueron asesinados por organismos del estado asociados con paramilitares, y no quedaron contentos hasta asesinar a los líderes más importantes de este partido, y en 1987 fue asesinado en presencia de su familia, el candidato presidencial Jaime Pardo Leal. En los años 1990 fue asesinado también el candidato Bernardo Jaramillo Ossa, a su vez fue asesinado también el comandante general del M19 Carlos Pizarro León Gómez a meses de haber dejado las armas para integrarse a la vida civil.

Me he tomado el tiempo de citar estos hechos olvidados por muchos jóvenes, ya que no es cierto que los que promueven el NO y los que promovemos el Sí a los acuerdos de la Habana somos iguales, y mucho menos tengamos los mismos intereses, ya que he demostrado con los hechos que cité, que en este país hay una élite corrupta y criminal, la cual desde hace décadas ha hecho todo lo que está a su alcance para evitar una reforma rural integral, elite que no ha dudado en asesinar a líderes campesinos, indígenas, sociales y políticos, que usó la tortura como medio de lucha en contra del pueblo.

Fue en 1978 que el tenebroso Turbay expidió el estatuto de seguridad con el cual legalizó la tortura, hizo de la desaparición forzada una política de estado, y le dio el poder a la fuerza militar de asesinar, torturar y violar, a quien se les diera la gana, solo por el simple hecho de ser señalado como de izquierda, comunista, socialista, anarquista, o libre pensador.

Durante estos años fueron perseguidos profesores universitarios, profesionales comprometidos con el cambio social, y a muchos no les quedó otro camino que irse para la guerra, como fue el caso del Cura Camilo Torres que ingresó al ELN porque si se quedaba en la ciudad iba a ser asesinado por los servicios de inteligencia, y fue así como un noviembre de 1965 Camilo se convirtió en el cura guerrillero.

La élite dice que en este país hemos tenido una democracia, la más sólida de américa latina, sin embargo al revisar los hechos históricos nos damos cuenta lo falsa de esta afirmación, y queda demostrado que mucha gente tomó las armas por que nos les quedaba otro camino, ya que el régimen era brutal y tiránico, y solo con las armas se le podía hacer oposición, siendo legítimo ante los hechos apelar al sagrado derecho de rebelión, para luchar contra una tiranía que no se le puede hacer oposición de otra forma.

Hoy estamos ante el tercer intento de modernizar el campo, y de nuevo los enemigos de la reforma agraria han salido de sus cavernas, usando los mismos argumentos que usaron para desatar un baño de sangre hace décadas en Colombia, defendiendo el sagrado derecho, según ellos, a la propiedad latifundista y a mantener a la gente del campo en la pobreza más infame.

Señoras y señores no estamos enfrentados los del no y los del SI al plebiscito, lo que nos jugamos es poner fin a condiciones infames de vida para millones de colombianos, los cuales viven en un campo pobre, sin oportunidades, sin apoyo estatal, sin derecho a créditos blandos, un campo que solo sirve a los intereses de la gran propiedad hacendaria, en detrimento de los intereses supremos del estado, y que son la causa de nuestras guerras campesinas, ya que nadie que viva en una finca dignamente va a irse a las armas, a pasar hambre y frió, en las montañas de Colombia, ¡ no señor!, es producto de esa infame concentración de tierras que para el campesino no hay tierra, y cuando la tiene se desplaza usando grupos paramilitares creados para defender el feudalismo agrario colombiano.

He decidido escribir esta misiva, para llamar a los jóvenes que no conocen la historia de este país a que la revisen para que sepan, que lo que nos jugamos con los acuerdos de la Habana no es un capricho ni de un presidente ni de unos líderes políticos, es nada menos una reforma al sistema político, a la política rural, y presenta un cambio fundamental a la política de lucha anti drogas, al no tratar al campesino pobre como narcotraficante y darle el trato al consumidor de enfermo en los casos que este consumo se vuelve problemático y no considerarlo un delincuente como hoy se asume al consumidor de psicoactivos.

Acá no se tiene que escuchar las mentiras de señores como Ordoñez, Uribe, Paloma, Cabal, Lafaurie, y otros poderosos señores terratenientes, los cuales no dudan en ahogar de nuevo en sangre al pueblo colombiano, por defender sus mezquinos privilegios, obtenidos por la negación de los derechos a la tierra a millones de campesinos colombianos.
No es cierto que sí y no son igual a la paz, los que promueven es la caída de los acuerdos de paz con las FARC EP, lo que buscan es cimentar la bases de un nuevo pacto de chicoral, para que todo siga igual, mantener el Status Quo y que todo cambie como dice la novela del Gato Pardo, que todo cambie para que nada cambie.

Como dijo Gaitán a la CARGA, no podemos perder esta oportunidad para acabar con las infames condiciones que nos llevaron a una guerra entre colombianos, una guerra entre ciudadanos de una misma patria, es el momento de recordar lo que pasó en USA cuando Lincon abolió la esclavitud, la gente dueña de esclavos desató una guerra, porque es natural que quien vive de la esclavitud de la gente, se niegue a perder este infame derecho, los promotores del NO son como esos que defendían la esclavitud en USA y que fueron derrotados por hombres tan valientes y claros como Abraham Lincoln.

Defendamos los acuerdos de forma radical ya que nadie se debe avergonzar por luchar por defender lo que es justo, y debemos tener la claridad de que nos jugamos el destino de este país para los próximos 50 años.

Escribe: JHON JAIRO HERNÁNDEZ MONTILLA

 

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