Con la imposición de la orden ‘Rodrigo Lara Bonilla’, creada hace 34 años, la sociedad huilense  exalta hoy la memoria del asesinado Ministro de Justicia, cuyo crimen sigue en los empolvados anaqueles de la impunidad.

Este año recibirán la condecoración los magistrados huilenses Raúl Eduardo Sánchez  y Jesús Ángel Bobadilla Moreno, miembros de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y el  sargento segundo Melvin Manuel Peña Herrera, comandante del grupo antinarcóticos del Batallón 27 de Infantería Magdalena con sede en Pitalito recibirá esa distinción por los resultados en la lucha contra el narcotráfico.

La distinción se impone en un escenario de posconflicto, con un naciente modelo de justicia transicional, interferidos por sectores de extrema derecha. Pero además, en un recrudecimiento de la criminalidad, en medio de una incontrolada reactivación del narcotráfico y una desbordada ola de corrupción, principales factores de desestabilización que Lara Bonilla enfrentó hasta su muerte.

Conmemoración

Los actos de conmemoración  comenzarán a las 8:00 a.m.  con una ofrenda floral en el parque cementerio Jardines El Paraíso, donde reposan los restos mortales. Después se celebrará una misa en la plazoleta del mismo camposanto.

La ceremonia central está programada a partir de las diez de la mañana en el Salón de Gobernadores, donde se hará la imposición de la condecoración a los tres personajes, seleccionadas previamente por el Consejo de la Orden.

La conemoracion inicia con una ofrendafloral.

Invitados

A los actos asistirá la magistrada Reinere de los Ángeles Jaramillo Chaverra, presidenta de la Sección de No reconocimiento de Responsabilidad de la JEP y el magistrado opita Hernando Sánchez, presidente de la Sección Primera del Consejo de Estado, hermano del condecorado.

La presidenta de la Jurisdicción  Especial de Paz, Mirtha Patricia Linares Prieto declinó a última hora su asistencia a la ceremonia.

En el 2017 recibieron la distinción, el magistrado huilense, Eyder Patiño Cabrera, vicepresidente de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia; el suboficial, José Vladimir Borja, comandante de la compañía antinarcóticos del Batallón Magdalena y el Banco Diocesano de Alimentos.

En el 2016, recibieron la distinguida presea, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), dedicada a la promoción de la seguridad y justicia en la lucha contra la delincuencia trasnacional, el narcotráfico y el terrorismo.

También fueron exaltadas con la misma condecoración, las Madres de Soacha por su incansable lucha reclamando justicia por los falsos positivos, ordenados por el gobierno de la época para inflar los resultados contra la guerrilla.

La tercera exaltación la recibió el Ejército Nacional, representado en el soldado profesional, Reynaldo Ceballes Artunduaga, uno de los expertos antiexplosivos, dedicado a descubrir y desmantelar minas antipersonas especialmente en zonas de conflicto.

Los condecorados

Los dos magistrados huilenses  Raúl Eduardo Sánchez y Jesús Ángel Bobadilla fueron seleccionados para integrar la naciente Jurisdicción Especial de Paz, responsables de la implementación del modelo de justicia transicional para ex guerrilleros, agentes del Estado y terceros civiles en razón del conflicto armado.

Los dos son neivanos con una importante trayectoria en el ejercicio del derecho y en la administración de justicia.

“Nos sentimos muy honrados con esta distinción. Siento que es un reconocimiento a todos los jueces y magistrados que cumplen su labor con honestidad, estudio y disciplina y a los servidores que contribuyen con la administración de justicia en forma decente y leal”, anotó Sánchez.

El sargento segundo Melvin Manuel Peña Herrera es el comandante del grupo antinarcóticos del Batallón 27 de Infantería Magdalena con sede en Pitalito.

El suboficial, de 36 de años, de Cartagena (Bolívar) lleva casi 16 años en el Ejército. Desde su llegada al Huila hace 19 meses ha propinado duros golpes a las organizaciones de narcotraficantes.

Crimen impune

El ex ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla fue asesinado cuando se dirigía a su residencia en el norte de Bogotá. Dos sicarios del Cartel de le dispararon a quemarropa hacia las 7:15 de la noche del lunes 30 de abril de 1984.

Iván Darío Guizao tomó la ametralladora Ingram y la disparó en medio de la congestión vehicular que se registraba en la calle 127, cerca de la avenida Boyacá. El sicario fue abatido. El otro fue capturado. Esa es una parte de la historia oficial.

La nueva hipótesis sustentada por el exdirector de Medicina Legal, Máximo Duque, el exministro Lara Bonilla habría sido asesinado desde el interior del vehículo, al parecer, con la complicidad de sus escoltas.

El dictamen del médico forense revela otra hipótesis: El Mercedes Benz estaba detenido. El proyectil que ingresó por el costado izquierdo fue disparado con la puerta del chofer abierta. Eso explica que el conductor no saliera lesionado, pues no estaba en la silla, y que el vidrio de la ventanilla quedara intacto.

El complot habría sido organizado por la mafia, en concurso con políticos y agentes del Estado. La familia comparte esa versión y sigue reclamando justicia.

Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara, los mismos ideales y el mismo destino.

La distinción

La ‘Orden Rodrigo Lara’ fue creada por la Asamblea el 28 de diciembre de 1984 por iniciativa del gobernador Antonio José Villegas Trujillo. La condecoración fue institucionalizada mediante Decreto 1102 de 1984 para preservar la memoria histórica del ilustre huilense sacrificado por la mafia el 30 de abril de 1984.

El exministro Rodrigo Lara Bonilla fue asesinado desde el interior del vehículo, según la nueva teoría,  con la complicidad de sus escoltas al servicio del Cartel de Medellín,  en concurso con políticos y agentes del Estado.

La orden se otorga a personas naturales o jurídicas, nacionales o internacionales cuyas acciones estén orientadas “a la correcta aplicación de la justicia, especialmente en la lucha contra el narcotráfico, la rehabilitación de los narco-dependientes o que hayan contribuido positivamente a la búsqueda y consolidación de la paz pública.

La medalla, han sido otorgada a entidades como Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid); el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, la Corte Suprema de Justicia de Colombia y la Corte Constitucional.

La distinción también fue conferida a destacados personajes de la vida nacional y entidades e instituciones entre el ellos a los ex presidente César Gaviria, Virgilio Barco Vargas, a los ex ministros de Justicia Enrique Low Murtra y Enrique Parejo;  al asesinado director de El Espectador Guillermo Cano, a familiares del coronel Valdemar Franklin Quintero y del coronel Jaime Ramírez,  asesinados igualmente por sicarios del Cartel de Medellín.

En el 2015 la distinción la recibió el ex alcalde de Bogotá y ex candidato presidencial Antanas Mockus por sus proyectos de cultura ciudadana y el periodista Daniel Coronell. Además, el Hogar Sagrada Familia de Neiva.

El magnicidio fue declarado como delito de lesa humanidad.

¿POR QUÉ?

Rodrigo Lara Restrepo tenía ocho años cuando vio, ese 30 de marzo de 1984, el Mercedes Blanco parqueado frente a su casa. Tenía agujeros en las ventanas y al acercarse, junto a sus otros dos hermanos y su madre, vio el cuerpo acribillado de su padre. Por una extraña razón el chofer no había llevado al ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla a una clínica sino a su casa. Rodrigo, al verlo pálido y quieto, supo que su padre ya estaba muerto.

No son muchos los recuerdos que llegó atesorar de Rodrigo Lara Bonilla el joven Presidente de La Cámara quien a sus 42 años está decidido a ponerle un palo en la rueda a la implementación de los acuerdos de La Habana. Su padre no hizo otra cosa que apoyar desde el nuevo liberalismo el intento de diálogos de paz del presidente Belisario Betancur con las Farc. El mismo Belisario lo nombró el Ministro de Justicia más joven del país.

Los desencuentros con los exguerrilleros de las Farc del actual presidente de la Cámara no se limitan a la Carta enviada al Coronel Bernal para impedir que siguieran entrando al Congreso. A mediados de este mes fue invitado como penalista al foro Pactos Políticos para eliminar la violencia en la política en el Centro Cultural García Márquez. Iba a compartir mesa con el excomandante de las Farc Andrés París. Con desdén Rodrigo Lara Restrepo  no aceptó compartir con París y fue aún más lejos: dijo que no estaría con ningún guerrillero, a quien los tildó de ser los mayores generadores de violencia del país.

El fundador del nuevo liberalismo junto a Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara Bonilla, como alcalde de Neiva, senador liberal y ministro de justicia, fue tal vez el primer político colombiano en oponerse a la narcopolítica que ya socavaba las bases del congreso colombiano en la década del ochenta. Desde que era bachiller del colegio Bolívar de Neiva fue un contradictor de los poderosos. Antes de cumplir 18 años militaba en el Movimiento Revolucionario Liberal, era un aguerrido líder estudiantil y a los 22 era alcalde de su ciudad. Un alcalde perseguido por la clase política tradicional. En el año 69 viajó a Francia, a estudiar en la Universidad de París Ciencias Políticas. Un año después de la Rebelión Estudiantil que tuvo contra la cuerdas al gobierno del general Charles De Gaulle, Rodrigo Lara reafirmaba sus convicciones viendo los grafittis que quedaban cerca a su casa y que quedarían grabados en su alma hasta su abrupto final: Défense d’interdir” (Prohibido prohibir), o el célebre Soyons réalistes,  demandons  l’impossible”  (Seamos realistas, pidamos lo imposible).

Regresó a Colombia y fue senador en el represivo gobierno liberal de Julio César Turbay Ayala. Su estadía en Europa le abrió la mente y lo hizo sentir cada vez más avergonzado su partido Liberal. Por eso le dio vida a un partido, Dignidad liberal, con el que llegaría al congreso en 1978. Las cosas en el país empezaban a ponerse álgidas. Diego Ascencio, embajador de los Estados Unidos bajo el gobierno de Jimmy Carter, advertía: “los narcotraficantes (colombianos) son tan fuertes, en términos de poder financiero, que podrían tener  su  propio  partido  y  pueden  ya  haber  comprado  y  pagado  diez  miembros del  cuerpo  legislativo”. Empezaba la narcopolítica. Peter Bourne, mano derecha de Carter. Elaboró un memorando donde acusó al propio presidente Turbay de tener vínculos con los narcos. Presionado por el llamado Informe Bourne, Turbay inició con las nefastas fumigaciones con glifosato, firmó el tratado de extradición,  los primeros convenios de cooperación militar con EEUU y un estatuto de seguridad que perjudicaría seriamente los derechos individuales y le daría alas al ejército para la degradación que terminaría en ejecuciones extrajudiciales, torturas y desapariciones. Se sembraba la semilla del paramilitarismo.

Rodrigo Lara Bonilla fue una piedra en el zapato para Turbay. En el congreso llegó a gritar en 1981 “La democracia no se defiende atropellando los derechos humanos”. Ese mismo día dijo “Ese argumento  de  la  guerra  sucia,  señores  ministros, que  surgió  en  el  cono  sur  para  justificar oprobiosas dictaduras, es algo que no se puede permitir en Colombia”. Turbay llamaba a la heroica Corte Suprema de Justicia, que terminaría chamuscada en la retoma del Palacio de Justicia cuatro años después, bandolera y subversiva. Rodrigo Lara seguía con fuerza señalando con fotografías y pruebas los asesinatos que cometía la fuerza pública en Caquetá, Cauca y Huila.

Su llegada al ministerio de justicia en el gobierno de Belisario Betancur fue una señal de lo que se vendría por delante. Desde el ministerio apoyó de manera  los diálogos de paz que sostuvo este gobierno en la Uribe Meta con las Farc de Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas. Creía que sin educación y sin justicia social, la idea de paz en Colombia era completamente inviable. Una de sus frases más famosas de esa época era la de “La lucha de las guerrillas  es  un  gasto  inútil  de  vidas, sangre  que  Colombia  debe  procurar  evitar (…) Si quieren derrotar a los partidos tradicionales,  ahí  están  las  reglas  de  la democracia”. Su tesón por llegar a un acuerdo de paz con las guerrillas campesinas contrastaría seriamente con la guerra que les hizo a las mafias que querían permear la política colombiana. Sus convicciones le costaron la vida

Las posturas de su hijo Rodrigo, 33 años después, en un escenario donde su padre dio las peleas más feroces, son casi antagónicas. La colectividad a la que pertenece se le han colado más de un político señalado de escándalos de corrupción e incluso de maridaje con el narcotráfico. Sus colegas en la Cámara han puesto en evidencia sus movidas para entorpecer el trámite de la JEP, a la que se opone su partido Cambio Radical, y ahora último a lograr una reforma política de fondo, capaz de abrirle la puerta a las voces minoritarias del país, una reforma a la que su papá, Rodrigo Lara Bonilla, le habría apostado todo.

Fuente: LA NACIÓN / LAS 2 ORILLAS

 

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