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Entre el 4 de julio de 1991, fecha de promulgación de la nueva Constitución Política, y el 4 de julio del 2016, cuando cumplió los primeros 25 años, ha nacido una generación de mujeres.

Para esta generación de ciudadanas, Colombia es un país diferente  en lo constitucional de aquel en que nacimos y crecimos las generaciones anteriores tuteladas por la Constitución de 1886 y el Concordato, que aunque  firmado con la Santa Sede el 1º de Diciembre de 1887, ya tenía garantizada en su contenido una profunda influencia discriminatoria sobre las mujeres.

Estos últimos 25 años han significado avances impensables en cuanto al reconocimiento legal de nuestros derechos civiles, sexuales, reproductivos y políticos y, también con relación a nuevas prácticas sociales y culturales provocadas por los desarrollos constitucionales conquistados año tras año, al calor de los postulados feministas.

Si nuestras abuelas despertaran de sus tumbas, regresarían de inmediato a sus cuarteles, al ver los campos universitarios habitados por más de 50 por ciento de jóvenes mujeres de diversas condiciones sociales, que van y vienen por las más variadas disciplinas académicas; jóvenes que en ciudades y campos controlan su reproducción; mujeres que ejercen su sexualidad desde la temprana juventud hasta las mayores que ya reconocen su derecho al divorcio y al disfrute de una  sexualidad inimaginable en otros tiempos; ejecutivas, investigadoras, periodistas, estudiantes que  recorren el mundo entero en busca de nuevos horizontes laborales, académicos, deportivos, culturales; mujeres sobrevivientes de un conflicto armado de más de medio siglo, que buscan familiares desaparecidos enfrentando todo tipo de riesgos y obstáculos; mujeres desplazadas en su niñez y adolescencia que con  sufrimientos y escasez, lejos de sus lugares de origen llevan a cuestas emocional y económicamente sus familias y, por ahí mismo sostienen este país; mujeres deportistas que sacan la cara y brindan medallas a la nación, a sabiendas de la discriminación y el trato desigual con los hombres;  mujeres que han sido capaces de reconocer la diversidad sexual antes de leyes y sentencias; mujeres que erigen nuevos hogares y familias diversas y tutelando su legalidad y legitimidad.

En fin, mujeres líderes, adultas y jóvenes que han roto y siguen rompiendo techos de cristal a punta de conocimientos y formación, liderazgo, códigos, colectividad, coraje, disciplina, persistencia.

Ciudadanas que continúan abriendo puertas en una sociedad machista que se empeña en sobredimensionar los roles maternales y domésticos; que mantiene y reproduce el estereotipo de las mujeres como objetos sexuales; que explota, abusa y viola sexualmente a niñas y adolescentes; que invisibiliza el aporte de las mujeres al desarrollo; que violenta física, psicológica y políticamente mujeres de todas las edades y condiciones; que se resiste a hacer efectiva la igualdad de derechos y oportunidades; que persiste en la visión androcéntrica de la sociedad;  que niega la paridad de las mujeres en las esferas de poder ejecutivo, legislativo y judicial, tal como lo constatamos hoy en vivo y en directo en la Mesa de Negociación del Conflicto Armado y en la elección del Fiscal General de la Nación.

A pesar de haber carecido de una representación propia en la Asamblea Nacional Constituyente, pero con el intenso lobby de la “Red Mujer y Constituyente”  liderada por reconocidas feministas, se la jugaron por un Estado Social de Derecho, que reconociera la multiculturalidad y multietnicidad del país, que promoviera su carácter no confesional, la diversidad sexual, la libertad religiosa, el derecho a participar en igualdad de condiciones con los varones en el administración pública y en la representación política, que concibiera la paz como un derecho humano, así como el derecho a una vida libre de violencias y, la libre opción a la  maternidad que, entre otros, hoy hacen de la Constitución Política: el mejor marco de derechos, para las generaciones presentes y venideras.

De ahí que, mujeres de antes y después de la Constitución Política del 91, han hecho de sus postulados y tutelas un camino expedito para continuar la tarea radical de democratizar la democracia. La Red Nacional de Mujeres, la Red Colombiana de Mujeres por los Derechos Sexuales y Reproductivos, la Ruta Pacífica de las Mujeres por la Solución Negociada del Conflicto Armado, constituyen una parte importante de sus protagonistas.

Un inmenso agradecimiento entonces, a la “Red Mujer y Constituyente”, al grupo de  señores constituyentes que avalaron y apoyaron sus propuestas y, a las cuatro mujeres constituyentes (6%): María Mercedes Carranza Coronado (Q.E.P.D), María Teresa Garcés Lloreda, Aida Abella Esquivel y Helena Herrán de Montoya (Q.E.P.D), quienes hicieron de ese esfuerzo colectivo, el mejor presente ético-político para superar el déficit de ciudadanía femenina, todavía un pendiente democrático

Fuente: LA SILLA VACÍA

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