Risaralda

Suministrada/LaTarde

Hace veinticino años, un sicario que huyó a bordo de una bicicleta asesinó de un disparo en la sien al representante a la Cámara por Risaralda Jaime Salazar Robledo; evocamos su memoria

El 26 de julio de 1990, cuando se disponía a salir de la sede de su directorio político frente a la Casa Cural de la iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, fue asesinado el representante a la Cámara, concejal y dirigente conservador pereirano Jaime Salazar Robledo.

Un sicario que lo esperaba al pie de la edificación, le disparó una bala “dum dum” en la sien y huyó en una bicicleta por la carrera séptima en dirección hacia el Lago Uribe Uribe.

Eran cerca de las 7 de la noche y el cuerpo de Salazar, aún con vida, fue llevado al hospital San Jorge, donde falleció después de recibir los santos óleos del padre Gustavo Valencia.

Cuando el sicario disparó, alguien trató de darle alcance, pero fue herido en una pierna.

La primera persona que llegó al Hospital fue el hoy gerente-director de LaTarde Juan Guillermo Ángel Mejia, con quien Salazar iba a sellar una nueva coalición politica “por los próximos 25 años”.

Según recordó Patricia, su hija menor, ese día Jaime no era esperado en Pereira, porque estaba pendiente de que lo nombraran en la comisión de presupuesto de la Cámara para tener injerencia en la distribución de partidas para el Departamento.

Un cuarto de siglo de impunidad

Veinticinco años más tarde, el asesinato que conmocionó a Risaralda hace parte de esa interminable lista de crímenes sin resolver que avergüenzan a la justicia colombiana.

Curiosamente, pocos días después asesinaron en Cali a otro congresista con el mismo modus operandi. Un sicario le disparó y huyó en bicicleta.

Un Juzgado de Orden Público, de los que sólo existían en Cali, Bogotá y Medellín, archivó el caso después de haber llamado a declarar a tres de sus hijos y algunos conocidos, sin que se llegara a identificar autor material ni intelectual.

Tragedia familiar

Jaime Salazar Sierra, su hijo, trabajaba como inspector de Policía en Dosquebradas y allí se enteró del atentado. No alcanzó a despedirse, cuando llegó al Hospital su padre acaba de expirar.

Jorge Alberto, el menor de los hijos hombres, estaba de paseo en Cali tratando de reponerse de un accidente automovilístico cuando lo llamaron de regreso.

“Mi padre no tenía enemigos personales, aunque sí rivales en la actividad política, inclusive muchos dentro de su propio partido que se molestaron porque colaboró en la parte operativa de la creación del Departamento de Risaralda, y hubo quienes dijeron que “le estaba entregando el Departamento al senador liberal Camilo Mejía Duque”, comentó su hijo Jaime.

Un apóstol del pueblo

Junto con su tío, Luis Eduardo Salazar Londoño, Jaime Salazar fue fundador del barrio Villa Santana, a través de un plan de vivienda desarrollado por la fundación San Vicente de Paúl que proporcionó soluciones habitacionales a 3.500 familias pobres.

Además de gran orador y gestor del departamento de Risaralda, Jaime trabajó por las causas sociales.

Su hijo Jaime lo describe como un hombre bondadoso que se apersonaba de los problemas y las necesidades de quienes acudían a él, y era poco amigo de delegar las soluciones. Personalmente acompañaba ante el funcionario público o encargado a quien tuviera algún problema por resolver y sólo quedaba tranquilo cuando escuchaba una respuesta positiva.

Hombre católico, procedente de una familia muy humilde, que le tocó ir descalzo a estudiar la primaria, “vino a tener zapatos en la secundaria cuando entró al colegio oficial de varones hoy Deogracias Cardona”.

Sencillo, nunca alardeó de nada, entregado a su mayor proyecto que fue el Partido Conservador en el movimiento del Cambio Social, al lado de Mariano Ospina Pérez y Misael Pastrana.

Muchos años después de graduarse de abogado, vino a tener bienes materiales, a la muerte de su padre, que era un maestro de obra que terminó como constructor”, evoca Jaime junior.

Cuando le llevaban una fórmula médica sacaba de su bolsillo para pagarla. “Las cuentas en las farmacias eran exorbitantes, pero nunca le faltó dinero para el hogar”.

Trabajador incansable

Jaime Salazar Robledo se levantaba a las 4 y 30 de la mañana y comenzaba a trabajar a las 6 a.m. “En política ni se come ni se duerme”, era su frase preferida, recuerdan sus hijos.

Fue diputado, por el viejo Caldas, Concejal y Senador y Representante a la Cámara. Fue senador hasta 1974 cuando perdió las elecciones y de allí decidió seguir en la Cámara de Representantes hasta su muerte. Padre de cinco hijos, Martha Lucía, Beatriz Eugenia, Jaime, Jorge Alberto y Patricia.

Pese a sus diferencias ideológicas, Jaime Salazar Robledo fue primero aliado del senador liberal Camilo Mejia Duque, luego de Oscar Vèlez Marulanda y del líder comunista Gildardo Castaño (también asesinado), con quien hizo más de una coalición en el Concejo de Pereira en defensa de las causas populares.

Su familia se ha propuesto compilar su vida y obra en un libro que próximamente verá la luz con entrevistas y textos de Carlos Vicente Sanchez, Cavisa.

“HOMENAJE PóSTUMO A MI HERMANO JAIME”

En medio de su imperturbabilidad surgió como verdadero paladín o defensor insobornable de principios de equidad, pulcritud y respeto, propios de un hidalgo que como él supo aportar lumbre o luz en los aciagos momentos de oscuridad y desorientación de su partido, sin irrogar o desvirtuar su imagen de luchador empedernido e insaciable por los derechos de incontables desvalidos de su patria, ya que en compromisos de seguridad social era un verdadero epígono o seguidor de la escuela del dirigente político Gilberto Alzate Avendaño. 

Rebañando o recogiendo en todo momento las buenas y valiosas enseñanzas de contradictores, opositores y correligionarios, y como obrajero o capataz de su partido, buscó con tenacidad catapultar en una especia de oclocracia al desvalido grupo social, haciendo énfasis en su libertad de expresión y de trabajo. 

El tesón y el espíritu indomable

Aumentados a su fortaleza de carácter, exentos de todo maquiavelismo, falsedad o falacia, lo convertían en verdadero asesor y permanente luchador, infundiendo a sus seguidores principios de insoslayable justicia, ante el resisterio o calor mordicante, de sus tesis sociales de especial envergadura. 

En su innegable ansiedad por ingentes reformas sociales, surgían en su mente justicieras soluciones que cerrarían la brecha de disensión y fisión de pensamientos, sin el menor apedrear o lastimar conceptos de avanzadas preconizados por algunos de sus opositores inmediatos, llegando a granjearse la respetabilidad de todos ellos, dada la transparencia de sus conceptos. 

Manumitir o liberar su pueblo de la esclavitud económica e injusticia social, fueron sus metas irrenunciables que con admirable responsabilidad, le presionaban a madrugar y continuar su lucha, aun después de algunas derrotas electorales, pero con la consigna irrefutable de buscar un mejor estar y halagador horizonte para sus compatriotas, sin distingos de filiación política, porque a todos les colaboraba en sus afugias diarias, sin preguntar si eran o no , seguidores de tal o cual facción política. 

Con la claridad de su voz y su pragmatismo exentos de todo pensamiento ilegal, furtivo u oculto, y despojado cada vez más de esa maraña de incomprensiones entre los partidos buscó en todo momento sin descanso alguno, epilogar o aproximar conceptos y descartar desavenencias, altamente desastrosas al progreso de la nación . 

Epatante o asombrosa labor se vislumbró en sus programas frente al partido “Social Conservador”, del cual fue uno de sus lÍderes, dado su modo peculiar de plantear la solución a los innumerables problemas que agobiaban con inusitada fuerza al pueblo colombiano. 

En un idiolecto, como legado siempre se impuso el honor y servicio desinteresado por el bienestar de su patria Su fatídica muerte hace 25 años, fue el importe que pagó por los servicios prestados a sus seguidores, como a sus detractores, pero que hoy más que nunca rehacen su imagen, mostrándola victoriosa e indulgente, desde las cenizas de su tumba. 

Que sobre la lápida que cubrió sus restos morales, el legado debió ser: “aquí yace un denodado luchador, fruto de la ingratitud de un pueblo”. 

Fuente: DIARIO LA TARDE

 

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