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Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA conversó con su director general, Carlos Alberto Ricchetti, para pedirle una opinión acerca de la situación actual de Colombia y sobre su futuro inmediato, a lo cual éste no se negó pese a que en general la mayoría de sus colegas de la prensa local o nacional, desestimen el mero hecho de dar puntos de vista fuera de un pequeño círculo de amigos o allegados.

DIARIO EL POLITICON DE RISARALDA: ¿Le preocupa la situación actual del país?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Pienso en este momento Colombia atraviesa un momento más delicado de lo que muchos piensan. Por una parte, la economía hace agua, lo cual no ayuda al Gobierno, el cual por intermedio de actitudes incomprensibles parece estar pidiendo venga una ola gigante y se lo lleve puesto. Del otro, la cuestión de la paz, donde Santos se ilusionó con derrotar al uribismo a través del plebiscito, acabando por darle papaya, como se suele decir. Incluso parece que no le preocupara demasiado, porque el Presidente y la ex guerrilla de las FARC están “de salida”. Esa es la verdad. El primero llegó a su punto más alto, no sólo repitiendo la primera magistratura, sino ganando el Nobel a cuenta de una paz dando los primeros pasos de un bebe recién nacido, pero que le falta todavía más. El segundo, ya se desmovilizó, logró el objetivo que era tener “voz y voto” en las decisiones nacionales, obtuvo el indulto, así como muchas de las condiciones necesarias para dejar las armas. Quedan librados a su suerte los militantes de todos los partidos de izquierda democrática. El Polo, el Partido Comunista de Colombia; la Unión Patriótica ni hablar, los dirigentes sociales, defensores de derechos humanos, sindicalistas, obreros, maestros, pueblo llano que fue víctima del conflicto y rehén del voto de una ciudadanía optando desde lo ideológico, sin interesarse por el destino de quienes día a día conviven con el conflicto armado en la puerta de sus casas.

DIARIO EL POLITICON DE RISARALDA: ¿O sea que según usted no se hizo absolutamente nada?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: No es eso. Si a alguien se le debe la instalación del tema de la paz en la agenda del Gobierno, es a Juan Manuel Santos Calderón, lo cual de por sí es muchísimo. El problema es muy simple. El desprestigio del Gobierno no ayuda a la paz. Por el contrario e independientemente de su naturaleza neoliberal para algunos, de la famosa “mermelada”, del modelo económico, favorece a quienes tienen intereses en la continuación de la guerra, sumado a una clase política volteada como una arepa, que llegado el caso y con tal de hacerse con el poder no vacilará en negociar con los más acérrimos enemigos del Proceso de Paz, de las condiciones del Acuerdo de La Habana, Cuba, los cuales al día de hoy se encuentran excelentemente representados en los partidarios del ex presidente Uribe. Hay un factor a tener en cuenta: La dirigencia tiene más para negociar con un Centro Democrático obsesionado con retomar las riendas del poder, el cual conserva un alto grado de adhesión en la ciudadanía gracias a una maquinaria periodística muy bien engrasada, que apostar a una Unidad Nacional muy desprestigiada con justa razón, un actual presidente saliente, más predispuesto a sentarse en otro país a escribir sus memorias a la espera de un cargo burocrático, sea de embajador, cónsul, secretario general de la OEA, que a la aspiración a cualquier puesto electivo.

Y es un hecho que el aspirante a ocupar la Presidencia en el Palacio de Nariño, deba sentarse a conversar con los uribistas, aunque después los traicione.

EPR: ¿Usted piensa que en el plebiscito Santos apostó y perdió?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Asumió un riesgo innecesario. Le salió mal la jugada. Pensó que todo el país se embanderaría detrás de la paz y en este momento de la historia, el colombiano medio, dentro de su gran sencillez llena de pragmatismo, no está para mayores patriadas que la de distraerse hablando de si James se va o permanece en el Real Madrid, porque no cree en esa posibilidad cuando para comprar una libra de arroz, faltando pocos días de terminar el mes, le hace falta poco menos que ir a empeñar el reloj en la peatonal de la calle 18 de Pereira. Son necesarias cuanto menos condiciones. Quizás no al cien por ciento, aunque sí mínimas para comenzar a construir una paz estable y duradera. Como decía antes, el cese al fuego es el primer paso a todo lo demás. Pero volviendo al asunto, hubo factores decisivos en el resultado del plebiscito, al margen del huracán afectando algunas zonas del país.

EPR: ¿Cómo vio el plebiscito?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Mientras el NO tenía un electorado compactos, sin posiciones intermedias, en los acompañantes del SI las aguas venían muy divididas. A su vez, a sabiendas de tener entre sus filas partidarios de ambas opciones, a pesar de abrazar la causa del Acuerdo, los políticos no iban a arriesgar el caudal electoral que los llevó al poder, poniéndose en contra de unos o de otros y mucho menos, cuando no se trataba de la campaña propia, sino de una causa nacional de culminar con la guerra en el país. La clase dirigente tampoco está para grandes patriadas. Por eso tampoco se inyectaron probablemente los capitales que se suelen aplicar en estos casos. Indefectiblemente, una razón capital fue la derrota ideológica en materia de confrontación de dos posturas antagónicas. Faltó pedagogía, hablarle más a los colombianos de las ganancias, de los beneficios de vivir en paz, decirles que Colombia no se volvería “castrochavista” y por el contrario, si no se acababa la guerra podría sobrevenir una crisis peor a la vivida en Venezuela. Pero esas fantasías junto a otras, provenientes del artero y eficaz oportunismo de un sector funcional a aquellos con verdaderos intereses en la continuidad del conflicto armado interno, tuvieron mayor poder de convicción que todas las verdades del mundo, sobre todo en la forma de dársela a conocer a la población.

EPR: Pero usted le achaca la responsabilidad al Gobierno por el resultado…

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: No tenga dudas. Hubo errores estratégicos graves. Además, Santos “jugó” dentro de un terreno que no le fue favorable, ni es su fuerte. Al decir que si ganaba el NO la paz se caía y él renunciaba, sólo logró hacer votar a la gente en contra, de “ñapa” muy inconforme con la situación económica o la brutal corrupción siempre existente, pero la cual los medios por razones desconocidas hacen ver como si ahora hubiera más. Fue tal la torpeza, que ni los partidarios del NO esperaban ganar con el sólo argumento de entregarle el país a las FARC, a Maduro o a cuanto personajillo se dedicaran a demonizar Jota Mario, Claudia Gurisatti, RCN, Caracol, ejes de una larga lista. A decir verdad, los protagonistas sin omitir a los pastorcillos “enmermelados” de las iglesias cristianas, porque si hay algo cierto en Colombia, es que muy pocos obran por convicción. Por otra parte, es fundamental recalcar la figura excluyente de Uribe, su peso e innegable ascendiente en la población a la hora de sacar conclusiones sobre los resultados

EPR: Entonces la culpa no fue toda de Santos…

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Lo fue. El presidente no fue bien asesorado. Por 0,4 % apenas, pero la habilidad política, la inteligencia, la astucia, el profundo conocimiento de la forma de pensar del pueblo, de su idiosincrasia, le ganó a una maquinaria abúlica, desprestigiada, confiada en una victoria aplastante, respaldada por encuestas tendenciosas o poco fiables. Recuerdo al estar trabajando en “Hablando de todo un poco”, el programa dirigido por Armando Serna Suárez en Am 1520 “Antena de los Andes”, el impacto de una encuesta del desaparecido Diario del Otún, diciendo que el NO ganaría el plebiscito por más de diez puntos. Ni yo lo podía creer, pero como después se vio, la verdad es madre de la realidad e hija del tiempo.

EPR: ¿Cuál es el “valor agregado” que le asigna a Uribe en todo esto?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Casi podría decir que si Uribe hubiera sido el presidente en esta coyuntura, no hubiera necesitado hacerse aprobar una consulta. Y digo esto, porque hay grabaciones de cuando gobernaba donde no se mostraba tan intransigente como ahora. Lo habría celebrado directamente por el peso de su figura. Nadie se habría opuesto. En vez de criticarlo como hacen con Santos por muchas medidas similares, sus partidarios, la mayoría, se hubiera limitado a responder: “Es el mejor presidente de Colombia”. Fin del asunto. Nada que discutir. A quien se emberracaba, lo tildaban de guerrillero o mejor de paraco para el caso, o vaya a saber cuál cuento chino se habrían salido. Al gobierno le faltó cuanto a él le sobra. Por eso aunque alguno se vaya a enojar conmigo, debo reconocer en Uribe a un genio en ese sentido. En realidad no deberían molestarse, sino más bien imitarlo, emplear las mismas herramientas para obtener sus propios fines políticos, porque indudablemente el hombre conoce, sabe cómo hablarle a la gente, independiente si gusta o no.

EPR: ¿Y qué hay de la guerrilla? ¿No es ella responsable de tanto daño y por eso el rechazo casi unánime de la sociedad?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Por supuesto. Que yo sea una persona capaz de perdonar en nombre de la necesidad de reconciliación de los colombianos, de terminar con la guerra civil, no implica mi absoluto y tajante rechazo al accionar de las FARC o del ELN. Le confieso algo: Cuando vivía fuera de Colombia, estaba totalmente de acuerdo y apoyaba cualquiera de las formas de guerrilla contra el Gobierno. Usted se preguntará el motivo. ¿Sería por razones ideológicas? En absoluto. Era debido a que sólo los escuchaba hablar, sin verlos hacer. Cuando uno pone los pies sobre la tierra, alejado del discurso romántico, observa, ve el sufrimiento de la gente, todo lo demás son estupideces. Las FARC cometieron atropellos, asesinatos, secuestros, extorsiones, pescas milagrosas. Respectivamente, a estos hechos los rebautizaron como “lucha revolucionaria”, “objetivos militares”, “toma de prisioneros de guerra”, “recaudación de fondos”, “requisas”. No lo hicieron tanto a nombre de tomarse el poder o de llevar a cabo una revolución comunista, sino de empoderarse del negocio de las drogas y las armas. El paramilitarismo hizo lo mismo pero al revés, haciéndole el “trabajo sucio” al gobierno de turno, brindar “protección” a los gamonales en las regiones, a sus propiedades, muchas robadas a los campesinos. Sin embargo, la gente tolera más los paramilitares que a la guerrilla. En buena parte gracias a la prensa y esencialmente, porque en los hechos mientras los “paras” oprimen los territorios haciendo sentir más seguros a sus habitantes, entre otras cosas por combatir las FARC, el ELN, a los cuales detestan por ser la “competencia en los negocios ilegales”, más no en función de la ideología. Los “guerrillos”, a nombre de “liberar al pueblo del hambre, de la miseria, la desigualdad, del capitalismo salvaje”, generaron inseguridad. En lugar de tener objetivos militares entre el ejército, la policía, la clase política o los actores económicos, pusieron al pueblo como “rehén” de una visión de liberación nacional “privada”, a espaldas de las masas, sólo entendida por sus comandantes, pero la cual le gustaba a la gente como al perro la cebolla.

EPR: Eso quiere decir que el odio hacia la guerrilla es más fuerte que la necesidad de reconciliación para sacar adelante al país…

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Existen municipios donde el odio hacía las FARC o el ELN, donde a aquellos que anunciaban votar SI, eran señalados, perseguidos, sometidos a escarnio o linchados, debido al rencor que suscitaron los hechos antes mencionados. De allí que las FARC siempre fueron FARC, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, pero nunca FARC – EP, “ejército del pueblo”, porque más allá de las cegueras ideológicas provenientes del dogmatismo cerrados, la gente nunca los vio como algo “de ella”. Más bien, como un oprobio abominable a soportar en conjunción al del Estado ausente. Tanto, que también por el efecto de los medios de comunicación, de las narco novelas, además del distanciamiento de las masas, algunos solían preferir y hasta requerir del paramilitarismo que es de otra consecuencia de la descomposición social promovida desde pésimos gobiernos. Puede quedarse tranquilo, señor periodista: Los colombianos son prácticos en extremo. Si la guerrilla hubiera sido buena, no sólo el país entero sería revolucionario. En lugar de morir en la selva, “Tirofijo” lo hubiera hecho en ejercicio del cargo de Presidente de la República, muy probablemente en una cama instalada dentro de la Casa de Gobierno y lleno de inyecciones, como Pinochet. Eso, sin contar unos funerales iguales de masivos a los de Fidel Castro. ¿No se da cuenta? De allí el éxito del uribismo, porque supo satisfacer una demanda inmensa de control social en la mayoría de las personas. Uribe no metió una, sino cuatro reformas tributarias. Elevó el IVA del 8 al 18%, pero hacía percibir una seguridad sin importar si era ficticia o no. Su gobierno tuvo funcionarios polémicos: “Uribito”, Sabas Pretelt, Noguera, Londoño, María del Pilar Hurtado, Yidis Medina. Pero en ciudades como Calarcá, Quindío, el tipo montó un regimiento de alta montaña para evitar las usuales “pescas milagrosas” y las personas de idolatrarlo, directamente pasaron a prenderle velitas. Con Santos es al revés. Habla de la paz como una necesidad. Bien. Le creo. Habla del gasto de mantener la guerra. Tiene toda la razón. Pero al no hacer que la gente se sienta segura, no le perdonan ni le pasan por alto nada. Por último, súmele al asunto el fuerte y efectivo rol opositor de la derecha.

EPR: ¿Piensa que el fracaso del gobierno en el plebiscito y la refrendación de los acuerdos por el Congreso, frente al rechazo de poco menos de la mitad del país, facilitarán el retorno del Centro Democrático?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Se lo simplifico. Si usted tiene la suerte de trabajar, se levanta a las 4 de la mañana. Lo hace apurado. Va al baño. Mientras se toma un café que medio le compense el mal descanso de la noche para estar más despierto, prende la televisión y pone el informativo. A las cinco tiene que estar en la parada de la buseta que pasa puntual, para llegar a la fábrica, donde se gana un mínimo, el cual no le alcanza. Tiene dos o tres hijos en edad escolar, con sus demandas económicas y en caso de trabajar su esposa, viene la abuela o la tía a cuidarlos. En caso de tener a la mujer en la casa, a media mañana se sienta después de trapear o planchar. Pone el noticiero de Caracol o RCN. Después le sigue “Jota” Mario. Mientras tanto, en la fábrica usted en los quince minutos que le regalan para comerse el “calentao” frío antes de reanudar labores, medio ojea el noticiero del mediodía. Tras una dura faena, retorna a la casa “mamado”. Su mujer le cuenta lo que usted se perdió de las noticias. La tía o la abuela comentan. A la hora de la cena, se come algo no muy pesado mientras mira la narco novela de la vida de los hermanos Castaño, de Pablo Escobar. La rutina hace tiempo le hizo olvidar las relaciones sexuales intra semanales. Prefiere dormirse con la pequeña tele de la pieza, mirando “La Noche” por NTN 24 con Claudia Gurisatti. ¿Qué va a pensar?… ¡Justo con las ganas de convertirse en un investigador o émulo de Leonardo Da Vinci, de Blas Pascal, después de darle “harto al camello”! ¡Con suerte puede acordarse del resultado de los partidos del fin de semana, porque a las nueve de la noche, si no se desveló mirando a Claudia Gurisatti hablándole de los planes de una invasión desde Venezuela, estará roncando como si estuviera serruchando la almohada!

EPR: ¿Y eso qué significa?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Que después de todo lo vivido durante el día, una persona del común puede hasta llegar a considerar la posibilidad del nacimiento de Cristo en el departamento de Antioquia. De los 44 millones de colombianos, la mitad no leyó un solo libro en todo el año. Fui bibliotecario en cierto colegio del municipio de Dosquebradas. ¿Sabe cómo hacía a veces para disciplinar a los estudiantes? ¡Los obligaba a leer! ¡Se ponían peor que Drácula adentro de una iglesia! ¿Cómo decirles a un los niños y jóvenes de 6 a 18 años que estudien, cuando en la novela de la tarde o de la noche, ven a una mama de 50 pelearle “mano a mano” a la hija de 20 el noviecito bachiller, cuando ven el éxito en el “pistocho”, el sicario, el traficante de drogas, pero no en quienes estudian una carrera durante la cuarta parte de su vida? Lo mismo, con el problema del embarazo adolescente, de las “niñas madres”. Se niegan a darles en la escuela educación sexual, pero a través de Internet, las redes sociales, el whatsaap o la “caja boba”, son protagonistas de escenas de alto contenido erótico, malos ejemplos, todo tipo de material a cualquier hora del día, donde los tiran “al ruedo”.

EPR: Usted está yendo demasiado atrás. Habla desde la misma etapa formativa del colombiano

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Más vale. En la misma escuela, al aparecer alguien “piloso” los mismos compañeros le hacen “bulliying” porque lo ven “distinto”, “diferente”. Nos quejamos de los muchachos, pero omitimos a los padres que no pueden o se niegan a enseñarles ya no a formar un pensamiento crítico, sino el mero uso de la cabeza, de lo ético. Salvo que usted tenga el privilegio de ser el padre, la madre de un futuro León de Greiff, Álvaro Gómez, Jorge Eliécer Gaitán, Gabriel García Márquez, María Cano; la dicha de ser el progenitor de algo así como los próximos James Rodríguez, Faustino Asprilla, Kid Pambelé, para hacerse millonario y quizás poder eludir la responsabilidad de pensamientos tan profundos, es inútil sentarse a esperar un ágora de filósofos griegos cuando no hay ninguna clase de estímulo ni trabajo de formación pedagógica por el estilo. Lo más triste de todo, es escuchar a quienes le echan la culpa de esto al reggaetón, cuando lejos de ser una causa, igual que la guerrilla, el paramilitarismo, el hambre, la miseria, la falta de salud, de educación, de trabajo, del clientelismo, la corrupción, son la consecuencia del sistema político y socio económico actual? ¿Sería que la clase dirigente son lagartos provenientes del espacio exterior, como en la serie de televisión “V Invasión Extraterrestre” o más bien, provienen de la sociedad de la cual los ciudadanos forman parte? Se habla de la corrupción por ejemplo. Ofrézcale al vecino de enfrente una bolsa con un par de billetes demás. Después dígale que proviene del narcotráfico, de la violación de mujeres, de la matanza de niños, de las masacres paramilitares, de la caneca de las FARC o si gusta, del tesoro de los indios pijaos. Luego, si antes de tomarla al menos hizo algún gesto o ademán de preocupación por el origen chandoso de semejante dineral, me lo comenta con calma…

EPR: Volviendo a la política; ¿ve un futuro mejor, peor, con paz, en guerra?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Todos los vaticinios pueden cristalizarse si se trabaja para hacerlos realidad. Ni la peor de las dictaduras pudo evitar que el pueblo cumpla con su destino, independientemente de cual sea la verdad. Hay quienes parecen no entender – aunque por supuesto entienden, sólo no les conviene- que Colombia no puede vivir siempre en guerra, pero en definitiva será la gente quien tomará la decisión de labrar su nefasto destino o de salvarse como corresponde, no por partes sino entre todos juntos. Voy a ser enfático y contundente en insistir que a ciudadanía se le hablo de los beneficios de alcanzar la paz, de la reducción de los gastos militares, de la disminución drástica de las muertes o las víctimas relacionadas con problemas derivadas de la guerra civil interna, que se puede palpar perfectamente desde el cese al fuego bilateral. Lo increíble fue comprobar al interior de una sociedad desgarrada por el casi septuagenario conflicto, el enorme peso del rencor, del revanchismo, de odio, de venganza, de “no permitirle a las FARC sentarse en el congreso”, cuando sí lo hicieron otras personas igual de cuestionables, por encima de la oportunidad histórica de que los hijos del país carguen con el mismo destino de bomba o metralla.

 

EPR: ¿Pero quiénes son más responsables? ¿Las personas o los medios?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: La opinión pública es demasiado En Colombia, lamentablemente los medios de comunicación desvían hasta la naturaleza más elemental del sentido común. Casi podría decirse crean una suerte de “realidad paralela”, desde luego falsa, donde la gente no piensa por lo que ve sino por cuanto le dicen vea, aunque los arrastre a la ruina. Son capaces de ponerla a aguantar hambre, alertándola de “los peligros de comer”. Mezclan, desvían todo y por su parte, la mayoría no atina a obrar con criterio propio. Le digo un absurdo. Si un día me vienen a hablar de los beneficios de tener hijos por incubadora, en detrimento de una mujer, no voy a separarme o a pegarle un tiro a mi pareja. Por desgracia, muchos lo harían. ¿Por qué lo ven? No. Se los dicen. De allí lo absurdo de hablar de la infiltración del “castrochavismo” en Colombia. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cree que el grupo Ardila Lule, Santo Domingo, banqueros como Carlos Sarmiento Angulo, van a quedarse “quietos” ante la más remota posibilidad de implantar sistemas tan peligrosos para sus fines, del estilo del socialismo o el comunismo?  En el país hay vigencia de propiedad privada. Entra, sale el quien quiere. El Estado da históricamente más preponderancia a la libre empresa, el capital, los bancos, la inversión, que las personas, las comunidades indígenas, afro descendientes y demás. Además; ¿Me va a decir que un político de la experiencia de Álvaro Uribe Vélez, no se dio cuenta en los ocho años de sus dos gobiernos de cualquier presunta “tendencia izquierdista” de su otrora ministro del Interior? Tampoco hay que engañarse. La paz no llega de lástima o porque alguien “se volvió bueno y se arrepintió”. El gran capital con las multinacionales, las megamineras, se benefician pudiendo entrar, sacar mercadería por los caminos liberados de violencia, haciendo acuerdos empresariales. Pero al margen de esto, la paz es mejor que andar matándonos a tiros otros setenta años más. De hecho, si se mira con “lupa”, el uribismo de alguna manera sigue estando vigente a través de los mismísimos postulados descriptos por el teórico de su doctrina, el senador José Obdulio Gaviria.

EPR: ¿El uribismo en pleno gobierno de Santos, con todos los cuestionamientos del Centro Democrático?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Fíjese. La columna vertebral del uribismo es la llamada “seguridad democrática”. La diferencia es que mientras usted con Uribe podía transitar porque había militares en las vías, mayor control social, así sea en ese carro el cual nunca se podrá comprar con lo ganado donde trabaja, para viajar a la finca suya sólo existente en su imaginación, todo esto omitiendo el valor exorbitante de los peajes, con “la paz de Santos” lo podrá hacer porque los conflictos se limitaran al ámbito policial. Le sigue el postulado de la “confianza inversionista”. Al no haber más guerra, vendrán más empresas e inversiones. ¿Quién sería tan loco para venir a poner plata en un lugar donde se están matando a tiros todos los días, el Ejército Nacional “a nombre de la libertad” y la guerrilla en su imaginaria “guerra de liberación nacional” sin pueblo que la respalde? El tercero es el de la cohesión social”. En términos de seguridad, “La paz uribista de Santos” apenas reemplazó las figuras de la persuasión, la disuasión y la represión por la de la paz como elemento aglutinante. Es cierto que como se decía al principio, será necesaria una aceptable “dosis” de justicia social para calmar los ánimos, aunque ese un tema no recomendable de tratar en este momento, porque podríamos desviarnos demasiado. En cuanto al último, el “estado de opinión” para reemplazar el de derecho producto de la Constitución de 1991, por cierto bastante polémico, se adapta perfectamente porque las decisiones no pasan por el pueblo, ni las personas, sino las toma el gobierno en representación de las elites, de los sectores tradicionalmente “encargados” de los negocios de la República, con los directorios o holdings de las multinacionales del mundo entero. Después de lo esbozado, queda en evidencia la enorme iniciativa del Presidente, la inequívoca naturaleza capitalista de su administración. Se descartan eventuales sospechas de una gestión de talante marxista, leninista, chavista, castrista o por el estilo. Muy por el contrario, podría hasta catalogarse con un nuevo término: Neouribismo. Porque “refinó” la doctrina uribista, trocándole el elemento del control social por el del establecimiento de la paz, como punto de partida para garantizar libertad económica, unidad del país, de la ciudadanía, no sin dotarla de una sensación de mayor libertad política, una asignatura pendiente que muchos detractores le reclamaron al gobierno del ex presidente Uribe Vélez.

EPR: ¿Pero al final el uribismo y el santismo para usted son iguales?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: En política, pese a las similitudes no hay nada igual. Si usted tenía una abuelita que hacia sabroso e sancocho, aunque le ponga lo mismo en iguales proporciones, le puede quedar peor o mejor. Igual, jamás. Ambos gobiernos fueron democráticos al menos en el sentido retórico de la palabra, liberales o neoliberales, como prefiera llamárselos y netamente de mercado. De pronto, con Santos hubo más aceptación de la mayoría de la gente que con Uribe para poder disentir e incluso, crucificarlo a viva voz en plazas o mesas de café. Lo que cambiaron fueron los beneficiarios de los negocios, en el buen y mal sentido de la palabra. Con Uribe, era un sector vinculado con los viejos terratenientes vinculados a la tierra, una fracción de la parte industrial, empresarios locales, agro exportadores, ganaderos. Sin bien tampoco Santos no descartó por completo a ese importante segmento de la vida económica, de hecho impulsor de lo que se está viendo ahora, le dio más la mano al capital transnacional, las multinacionales, las mega mineras. No puede evaluarse todo desde una visión estrictamente economicista, política o personal. Sí desde los tres aspectos, pero nunca de uno sólo. Al poco tiempo de asumir Santos, la comidilla era la eventual traición a Uribe. No hubo tal cosa en mi humilde opinión. Muy simple. En el dilema de hacer lo que Uribe quería, un “títere”, el obediente discípulo continuador de su legado acogiéndose al mandato popular o llevar a cabo el “encargo” de empresarios para asegurar la gobernabilidad, Santos optó por lo segundo. No sé cómo habrá sido, pero me lo imagino más o menos de esta manera: “Ahora que Uribe nos puso la casa en orden, necesitamos reanudar relaciones con Venezuela y Ecuador. No nos interesa volvernos comunistas. Ahora queremos volver a recuperar mercados perdidos durante una década, para ganar mucha, mucha plata como antes”. Los “Hermanos del Norte” le guiñaron el ojo a Colombia y al otro día, el presidente Santos presentó en sociedad a su “nuevo mejor amigo” en sociedad, mientras Uribe, sus seguidores, se querían matar de la rabia…

EPR: ¿Cuál es su veredicto, entonces?

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Aquí el problema es la despiadada lucha por el poder entre dos sectores surgidos del mismo espacio que viene conduciendo a Colombia desde el 20 de julio de 1810. El campo de batalla es la sociedad por medio de la política, la prensa tendenciosa, las declaraciones como dardos, las charlas, las discusiones de los parroquianos de los pueblos, de las ciudades. Si mañana llega al poder un “pollo” de Uribe, de Santos, lo mismo que si Deportivo Pereira llegase a ganar el Mundial de Clubes, en el actual esquema la gente deberá salir a ganar el pan con el sudor de la frente, con idénticos problemas de ubicación laboral, salud, educación, progreso, deudas sociales  donde indudablemente la suma de las opiniones encontrará no pocas coincidencias. En esa lucha de poderes, si llegado el caso accediera un gobierno opuesto a los actuales Acuerdos de Paz, partidario de los sectores desalojados del poder político, los que votan de manera clientelista por el puntero de turno asegurando el contrato en la municipalidad o la gobernación, la Alcaldía, la Asamblea, el Concejo, no tendrán inconvenientes. A lo sumo, se quejarán en privado. La peor parte se la llevaran los militantes de las distintas agrupaciones de izquierda, defensores de derechos humanos, líderes sociales, maestros o sindicalistas, víctimas de una previsible nueva masacre, la cual sobrevendrá bajo el pretexto de un “rebrote o recrudecimiento del “castrochavismo” en Colombia”. Dentro de ese desolador panorama, que eclipsará al del magnicidio de la Unión Patriótica en los años ochenta del pasado siglo, lo triste será advertir el aplauso de muchos justificándolo, cuando en años anteriores guardaron silencio a sabiendas de estar ocurriendo hechos de mayor gravedad. Incluso, de aquellos conmovidos por la lamentable tragedia del club de fútbol brasileño, Chapecoense, pero indiferentes al oír acerca sobre los 116 líderes asesinados durante 2016 en todo el territorio nacional. No temo a los líderes políticos nefastos. Me aterroriza su aceptación por parte de una mayoría inculta, estúpida, ignorante y atrasada, que además de señalar, burlarse, conspirar, contrariar, oponerse a quienes no se resignan a vivir de rodillas, se ríen a sus espaldas en grupos cuando los ven caer defendiendo su dignidad por “no darle papaya” ni “comerle cuento” al establishment.

EPR: Una conclusión final…

CARLOS ALBERTO RICCHETTI: Para terminar, como buen creyente en Dios, aproveche las fiestas del fin de año, para reencontrarme con la magistral obra cinematográfica de Franco Zeffirelli del año 1977, “Jesús de Nazareth”. Durante los instantes de la Pasión, se me “vino todo de golpe a la cabeza”. Identifiqué a Pilatos, Herodes, Caifás, el Sanedrín, los romanos, con la tirante coexistencia entre el Gobierno Nacional y la oposición del uribismo. Al Cristo de Robert Powell, con la totalidad de las víctimas del conflicto armado al pie de su propia cruz; en la Virgen María, percibí la simbolización del dolor de todas las madres colombianas por sus terribles pérdidas. En los fariseos, observando la tragedia de la muerte tan cerca, pero como si fuera algo lejano, ajeno hasta para ellos mismos, a los votantes del NO, quienes creyeron apoyar en el plebiscito la continuidad de la guerra para provocar la caída de un gobierno que no les gustaba, por encima del sufrimiento real de sus hermanos. Finalmente, a los familiares o amigos de Jesús los aprecié como votantes del SI, partidarios de la paz, por estar en capacidad de dimensionar la verdadera tragedia de la muerte, del dolor del prójimo, más allá del tecnicismo de las estadísticas o en el mejor de los casos, de la estupidez humana, que antepone trivialidades, sentimientos beligerantes, insolidaridad e indiferencia, a lo único carente de solución alguna, como lo es la ausencia de vida.

Fuente: DIARIO EL POLITICON DE RISARALDA (De la crónica diaria)

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