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Eran las 4 de la tarde, hora de Miami, del 4 de Julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos, cuando alguien se me acercó por la espalda, en donde estaba sentado, y en el sitio previamente acordado días antes, y me dijo: “Hola, Toño”. Me sorprendí al ver a quien me saludaba, tal vez porque esperaba ver a la misma persona que había dejado de ver como periodista hacía como un año. Ahora estaba delgado, como encorvado, peludo y con barba, pero de esa que se resiste salir al mismo tiempo en toda la cara. Estaba en pantaloneta, camiseta y tenis sin medias. Tomó una silla y se sentó a mi lado. A centímetros tenía a la persona más buscada para una entrevista y también más buscada por la justicia colombiana, el exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons Muskus.

Mucho antes de que el Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, anunciara que le iba a imputar 20 cargos al exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons, comencé a buscarlo. Quería escuchar de primera mano su versión de todo lo que estaba aconteciendo, de cómo se llegó hasta aquí, de si pensaba entregarse a la justicia colombiana, de si iba a regresar al país a responder por todas las imputaciones, de si estaba dispuesto a contar la verdad, de si iba a reparar devolviendo dinero. Pero también quería sondear a la persona, al ser humano, que estaba detrás de todos estos actos de corrupción, si dimensionaba el daño que había causado al Departamento, a su pueblo, a él mismo y a su familia. Me gusta tratar estos dramas y tragedias humanas, porque me gusta encontrar el punto de quiebre de cómo una persona, por ejemplo en este caso, se le aparece de la noche a la mañana una Gobernación y termina con todo este escándalo de corrupción, como si Córdoba fuera el engendro del mal. Y aunque lo quieran negar, en muchos momentos de su historia lo ha sido, esta no es la excepción. También en aquellas hubo muertos, pero no tan importantes como los de ahora. Pero huérfanos son huérfanos y viudas son viudas sin importar importancia o estrato. Pero aquí hasta la muerte tiene su estrato.

Dos meses después de buscarlo ocurrió. Una madrugada, veo con sorpresa un correo en donde se me pregunta si estoy interesado todavía en hablar personalmente con Alejandro Lyons. A lo que contesté de inmediato que sí. Me dijeron que había unas restricciones, pero como íbamos era a hablar de casos de Córdoba no debería haber inconvenientes.

Respondí que no había problema. Que ese es el trabajo del periodista ir a buscar la noticia y que si no se puede, escribir de todas maneras lo que pase. Pedí un par de días para encontrar tiquetes económicos, lo mismo que un hotel. Con respecto a este último, me dijeron, “busque cerca al aeropuerto, por la Avenida Le Jeune”.

Así lo hice. Y el 4 de Julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos, y festivo en ese país, salí para el encuentro.

No acostumbro a dormir en los aviones sino a leer. Pero no me concentraba en la lectura sino en la lista de preguntas.

Llegué a la 1:30 de la tarde al Aeropuerto Internacional de Miami. Era la segunda vez que llegaba solo. La primera vez fue cuando fui a acompañar a un sobrino a su graduación como Policía en Miami. El oficial de inmigración me dice en un español claro, podría decir que con entonación cartagenera: “Dime lo que vienes hacer?”. Este tipo me decepcionó porque ya había ensayado la pronunciación en inglés para decirle: “yo soy un periodista y vengo a ver si entrevisto a un gobernante que está viviendo aquí”.

Comenzó a escribir en su computador y me volvió hacer la misma pregunta. Le di la misma respuesta. Entonces me dijo: “Tienes una identificación de tu medio, cómo fue que me dijiste que se llamaba?”. Yo nunca le había dicho cómo se llamaba. Busqué en mi morral y le entregué mi escarapela de Montería Radio 38 Grados. Este oficial me hizo acordar a otro, pero en la Embajada de los Estados Unidos en Colombia, que cuando fui a renovar la visa me preguntó: “Tú que haces?”. Periodista, le respondí. Y me deja congelado con la siguiente pregunta que me hace: “De qué escribiste en tu última columna de opinión”. La temperatura de mi cuerpo bajó a cero. Y para terminar de joder, era la semana que seguía a Semana Santa, y el Sábado de Gloria no sale periódico, por lo que le tocó a mi mente recordar rápidamente qué había escrito hacía 15 días. “Ahhh ya, casi que grité. Que los mismos beneficios jurídicos y políticos que estén estudiando dar a los comandantes de las Farc deben dárselos a los de las Autodefensas. Jamás me esperé semejante pregunta. “Ok, ok, me respondió -sin mirarme siquiera- a tu casa te llegará tu nueva visa”.

Cuando uno sale de inmigración en el aeropuerto de Miami se dirige uno a un largo pasillo donde a tu izquierda están las bandas para reclamar los equipajes. Cuando llevaba como treinta metros recorridos, veo un policía que se me queda mirando, yo no le quito tampoco la mirada y me dice: “Me muestras tu pasaporte”. No olvido su apellido en el uniforme ‘Morales’. “Con mucho gusto le respondí y se lo entregué”. Y tuvimos esta charla que inició con la misma pregunta:

A qué vienes.

Le dije lo mismo que al otro, – Vengo a entrevistar a un político.

De acá?

Cómo se te ocurre esos no me dan entrevista a mí, le respondí riéndome. Él también se rió.

Cómo se llama a quién vienes a entrevistar?

Alejandro Lyons.

Lyons?

Si, Lyons.

Ok, ok, buen día.

A las 14:30 del 4 de Julio estaba en el sitio que fue acordado con días de antelación para el encuentro. Me senté en una mesa, saqué mi libreta amarilla, mi grabadora y dos lapiceros. En Estados Unidos la libreta de apuntes de un periodista es medio de prueba, por si no se puede grabar.

Eran las 4 de la tarde, hora de Miami, del 4 de Julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos, cuando alguien se me acercó por la espalda, en donde estaba sentado, y en el sitio previamente acordado días antes, y me dijo: “Hola, Toño”. Me sorprendí al ver a quien me saludaba, tal vez porque esperaba ver a la misma persona que había dejado de ver como periodista hacía como un año. Ahora era delgado, como encorvado, peludo y con barba, pero de esa que se resiste salir al mismo tiempo en toda la cara. Estaba en pantaloneta, camiseta y tenis sin medias. Tomó una silla y se sentó a mi lado. A centímetros tenía a la persona más buscada para una entrevista y también más buscada por la justicia colombiana, el exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons Muskus.

“No puedes prender esa grabadora”, fue lo primero que me dijo después de sentarse. Comenzó a explicarme una serie de restricciones que tenía, pero que iba hablar con los agentes para informarle que solo iba hablar de cosas regionales conmigo. Que ellos no le habían visto problema, pero que tenía que consultarles nuevamente. Que como en Estados Unidos era festivo ese día, había que esperar hasta el día siguiente.

La conversación que tuvimos tomó el curso de triviales temas, hasta llegar a la situación política del país. En un momento hizo una larga disertación sobre la corrupción judicial y de los organismos de control. Al terminar me dijo que debía irse y que al día siguiente me avisaba lo que le dijeran los agentes federales.

Me quedé solo con mi grabadora, libreta y lapiceros. Me acordé de Scarlett O’Hara, aquella que cuando terminaba la tarde y entraba la noche, gritaba: “Mañana será otro día”.

Fui y me tomé dos Blue Moon Draft Beer, los fundamentalistas de esta cerveza dicen que hay que echarle una rodaja de naranja, lo hice. Y me fui a dormir, si es que se puede dormir cuando se está ansioso o aprensivo.

No hay nada más desesperante que la espera… pero no hay nada más terrible que no saber qué esperar.

Cada quince minutos revisaba mi correo. Y nada.

Pasó el mediodía. Y nada. Se me quitaron las ganas de almorzar.

A las 4:20 de la tarde me llega un mensaje que me dice: “Solo hasta las siete de la tarde me reciben”. Me acordé de que acá oscurece a las 9 o 10 de la noche para estas épocas, por lo que seguiría siendo un largo día.

Antes de las 9 de la tarde… acá. Un mensaje que me llega, dice: “Entre las 08:30 a 09:00 a.m. estoy allá”. Qué te dijeron? Pregunté. “Mañana te digo”, me respondió. No quedé contento con la respuesta. Solo miré hacia donde estaba mi libreta amarilla, la que tenía el listado de preguntas.

Yo me imagino que lo que uno siente en la noche previa a una gran noticia es igual para todo mundo. Todos queremos que todo salga bien. Hasta hacemos cábalas para ayudar a Dios o al destino. Lo más jodido es que se las presentamos como el mayor favor del mundo. Así me dormí.

Los periodistas, creo, que somos como los jugadores empedernidos de una ruleta o un casino. Estamos condenados que con el próximo tire de dados o con el próximo giro de la ruleta vamos a ‘recoger’ la casa de juego. Así me levanté. A tirar nuevamente los dados.

A las 07:30 a.m. comencé a esperar. No sé si mi obsesión por las novelas de Sir Arthur Conan Doyle o Agatha Christie me han llevado a que cada vez que estoy en un sitio a la espera de algo me pongo a mirar a las personas y a deducir qué hacen, que son y hasta qué podrían estar pensando. Es un juego que me divierte y hasta me asusta.

A las 09:15 a.m. llegó el exgobernador. Me dijo: “Te invito a desayunar a un sitio aquí cercano”. Yo le respondí que no acostumbro a desayunar pero que fuéramos. Llegamos a un sitio que se llama ‘IHOP 24 Horas’ en la Avenida Le Jeune, es un desayunadero abierto las 24 horas del día. Hasta fila hay que hacer.

El frio que hacía allí era descabellado, espantaban las pocas ganas de desayunar. Yo medio probé un Omelette. Igual hizo él. Razón por la cual regresamos al sitio donde nos encontramos inicialmente.

Al llegar nuevamente él pidió un café y me dijo: “A mí me da pena contigo pero esta gente me sacó un documento que yo firmé en donde no puedo dar declaraciones, sobre todo lo de acá”.

Con la justicia americana no se juega. Allá sí que son pragmáticos. Con esa gente es con la prueba en la mano, y después que la obtienen van por ti a condenarte. Es por ello que todo mundo sale a negociar. Allá no es con testimonios de oídas y que me dijeron o se dice.

Su comentario ante lo que le dijeron los agentes lo respondí a manera de conclusión con una pregunta que no sabía si iba a ser respondida: “Entonces haces parte del Programa a Protección de Testigos de los Estados Unidos”.

Me dijo que eso no era cierto, que era un simple “colaborador”. Y agregó: “De ese tema como te digo no puedo hablar”.

Entonces me aventuré a decir: “Pero en Colombia ahora mismo eres considerado el engendro de la corrupción…”. Se hizo un largo silencio, le quitó la tapa a su vaso de café sin azúcar y lo probó.

Aproveché y agregué: “Cómo no creer que hubo corrupción cuando uno ve lo sucedido en la salud… el caso Zapa… los contratos de ciencia y tecnología…”.

“Te voy a decir algo”, respondió mirándome fijamente.

“Hay que contar la verdad verdadera, no la verdad que otros quieren difundir. Yo voy a responder por lo que me corresponde… voy a responder por lo que pasó”.

Yo también hice un silencio, para ver si agregaba algo más pero callaba y tomaba café. Nuevamente aproveché e hice un largo comentario que terminó en una clara pregunta: “El Fiscal ha hablado de Acuerdos, Preacuerdos y hasta de Principio de Oportunidad, no es un secreto que eso implica contar la verdad, usted es penalista y lo sabe… está dispuesto a contar la verdad?

El exgobernador corrió hacia el centro de la mesa su vaso de café, con la intención de no tomar más, para mí era como una señal de que se iba a parar de la mesa e irse. Pero puso los codos en la mesa, cruzó las manos y respondió: “Por supuesto!”. Aquí noto un cambio en el tono de su voz. “Y los enemigos que me van a quedar serán de por vida. Empecemos por el primero que ya tengo, el fiscal Moreno y sus amigos”.

Sentí que podía seguir, ir un poco más allá: “Pero es que usted está en Estados Unidos y quieren que vaya allá a declarar…”. No me dejó terminar, me interrumpió diciendo: “Si la Fiscalía me garantiza protección a mí y mi familia iré y contaré la verdad. Pero hay mucha gente que no va a estar a gusto con la verdad. Yo solo pido unas condiciones de negociación transparentes”.

Ahora quien interrumpió fui yo: “Los cordobeses están preparados para conocer la verdad?”.

– “Va a ser dolorosa e inesperada. Pero sí creo que están preparados y la comunidad está ávida de respuestas a muchos cuestionamientos. Va a ser sorprendente lo que pueda salir con un proceso de negociación con la Fiscalía”, dijo el exgobernador.

Estaba escribiendo rápidamente en mi libreta cuando me dijo: “Te voy a decir una cosa, no hay gobernador que haya hecho más obras que yo. Que hubo errores y cosas por las que hay que reconocer, aclarar y asumir responsabilidades. Mira que en mi mandato no hubo un solo reconocimiento al ‘Cartel de la Educación’, pero aquí no quieren que se sepa qué pasó allí”.

Guardé silencio. Cogió nuevamente el vaso de café, lo miró y lo puso otra vez en la mesa y siguió hablando: “La corrupción no es solo de los políticos, los entes de control son los principales extorsionistas…”. Aquí me metí y le pregunté: “Y usted se atreverá a hablar de ellos también?”. A lo que respondió de inmediato: “De esos extorsionadores voy hablar”.

“Hábleme del Caso Jairo Zapa…”, me aventuré a decir…

“Todos los proyectos de ciencia y tecnología tenían la viabilidad de Colciencias. La muerte de Zapa acaba con la ejecución de todos esos contratos, pero esperemos lo que va a pasar en la Fiscalía con mi versión”, contestó el exgobernador Lyons.

“Quien lleva a Jesús Henao a la Gobernación de Córdoba”, le pregunto.

“Zapa”, contesta. Y agrega: “Con estos contratos asumiré la responsabilidad que me corresponda”.

“Toño, me tengo que ir”, me dice inesperadamente.

“Permítame un momentico, esto, más que una pregunta es una curiosidad que tengo –le dije-. La redención existe y hay que pagar un alto costo por ella, está dispuesto a pagarlo?”.

– “Claro que sí. Siempre y cuando ese costo no sea ni con mi vida ni con la de mi familia. Mira, para efectos punitivos da lo mismo aceptar una parte que una fracción de los delitos que se me imputan. Tampoco se trata de desconocer hechos o echarse encima otros que no he cometido, si es por pragmatismo punitivo, que me imputen todo, pero esto tampoco sería contar la verdad. En fin, cualquier negociación tiene que tener la garantía de la seguridad mía y de mi familia”.

No puedo negar que me apasiona la condición humana en todos los momentos de la vida: en los buenos, malos, derrotas y tragedias. Por lo que le pregunté: “Si pudiera regresar el tiempo qué corregiría?”.

Cogió las llaves de su carro y me dijo: “Si pudiera volver el tiempo atrás ni siquiera aspiraría a la Gobernación. Allí todos los días se pierden amigos, hay traiciones, deslealtad, ingratitud y críticas diarias injustas. Me arrepiento totalmente de haber sido Gobernador”.

Nos paramos de la mesa. Y salimos caminando hacia la salida al parqueadero. En el trayecto me dice: “No es por lavarme las manos, pero yo no he hecho nada diferente a lo mismo que han hecho los que han pasado por ese cargo. Yo he sido el chivo expiatorio de todo este sistema y me ha tocado asumir una responsabilidad. Y la asumo con entereza, responsabilidad y arrepentimiento”.

No me pude contener y le dije llegando ya a su carro: “Entonces cómo entender que su hermano va aspirar a una curul en el Congreso, eso es una bofetada para los cordobeses…

Fue la primera vez que se molestó. “Quién dijo eso?!”. “Mi hermano dijo eso?!”. “Mi hermano no ha pedido ningún aval a partido alguno ni ha ocurrido!”.

Extendí mi mano para despedirme y darle las gracias por cumplir las dos citas acordadas. Y le pedí que apenas se levante su restricción y reserva me concediera una entrevista sin reserva alguna. “Claro que sí y me saludas a tu esposa”, me respondió.

Y claro que conoció a mi esposa, no tengo porque omitir ese pedazo de su respuesta.

A los pocos pasos me giré y vi perderse su carro en la amplia Avenida Le Jeune. Allí desaparecía la persona, que nos guste o no, tiene en sus manos la redención de este Departamento. Y uso la palabra redención, porque la redención existe. Que no le guste a muchos o muchas ya eso hace parte de la libre interpretación de cada quien.

Tal vez muchas personas esperaban una carnicería, pero debo repetirlo hasta la saciedad yo no soy fiscal ni juez ni jurado ni verdugo. Soy un jugador más que busca fichas para ir acomodándolas en ese gran rompecabezas que se llama verdad. Cada quien tiene su pedazo de verdad, cada quien encuentra su pedazo de verdad. A veces los colocamos en donde creemos que deben ir, pero llegan otros pedazos que nos corrigen. Otras veces podemos saber con precisión que objeto puede ser un pedazo de ese rompecabezas, pero es una constante construcción.

De la Calle

El posible candidato presidencial y jefe de la delegación del Gobierno en el proceso de paz con las Farc, aseguró que su intención es “tener un diálogo (con el expresidente) para bajar los odios y los insultos”.

Humberto de la Calle, que dirigió los esfuerzos del Gobierno en el proceso de paz con las Farc, se mostró decepcionado por el hecho de que el expresidente Álvaro Uribe Vélez lo bloqueó en Twitter, cuando intentó escribirle para “que tuviéramos un diálogo para bajar los odios y los insultos”.

Después de esto, de la Calle publicó en su cuenta en la red social que el bloqueo de Uribe “impide el diálogo” e insistió en su “plan nacional de valeriana”, una idea que desde hace días ha promovido con la intención de que se despolarice la discusión. El posible candidato presidencial terminó sus palabras afirmando que “el país necesita que dialoguemos sin odios y trabajemos por el futuro”.

En entrevista con Blu Radio, de la Calle aseguró que “el lenguaje de Colombia está muy parecido a lo que era en los años cuarenta y que los insultos en la capital, se vuelven violencia en la periferia”. También dijo que, a pesar de que ambos políticos tienen una visión de país diferente, está seguro de que “puede haber intercambio de opiniones”.

De la Calle, en esa misma línea, mostró su preocupación por que en el país “se nos está degradando la discusión pública, nos estamos insultando demasiado”. Por eso, afirmó que su intento de plantear un diálogo con Uribe, porque cree que “somos capaces de discutir con tranquilidad, con sosiego”.

Fuente: LAS 2 ORILLAS / DIARIO EL ESPECTADOR

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