Derechos Humanos

A ocho meses de que se lleven a cabo las elecciones regionales y en medio de conflictos de tierras aparecen estos mensajes intimidantes en El Salado.

Colombia recuerda al municipio de El Salado como aquel lugar donde ocurrió uno de los episodios más aterradores en su historia reciente. Este pueblo del departamento de Bolívar, en el año 2000, fue el escenario del asesinato de al menos 60 de sus habitantes por la incursión del bloque norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Casi 19 años después, el Salado está otra vez bajo amenaza, esta vez por una serie de mensajes anónimos dirigidos a líderes sociales y defensores de Derechos Humanos.

Los mensajes fueron enviados a través de Facebook con cuentas que luego fueron eliminadas. En los panfletos aparecen los nombres de 13 líderes sociales del municipio. Según el relato de los amenazados, los mensajes no son nuevos: llegan desde octubre y el gobierno no ha hecho nada. Una lideresa de El Salado, quien prefirió no revelar su nombre, describió que “el pueblo está tomado por el miedo y la zozobra”.

Las amenazas no están firmadas por ningún grupo o individuo reconocido, y no hay aún hipótesis oficial sobre quién o quiénes podrían estar detrás de ellos. La Unidad de Delitos Informáticos de la Fiscalía, entidad judicial encargada de investigar y rastrear este tipo de amenazas, no ha hecho ningún pronunciamiento acerca de este tema. Tampoco lo ha hecho la Jefatura de Inteligencia y Contrainteligencia Militar Conjunta del Ejército, la otra entidad estatal que podría rastrear a quiénes realizaron las amenazas a través de Internet.

No obstante, quien sí hizo una declaración sobre esta situación fue el procurador Fernado Carrillo, quien solicitó una “movilización inmediata de Fuerza Pública” y de la Unidad Nacional Protección (UNP) para proteger la vida de los líderes”.

El ministro de Defensa también habló esta mañana en Blu Radio sobre las amenazas a los líderes. El ministro expresó que esta zona de la costa atlántica colombiana está custodiada por la Infantería de Marina del Ejército, y que desde el 31 de diciembre (hace 11 días) se tomó la decisión de aumentar el número de efectivos del Ejército en la zona debido a las condiciones de intimidación que se estaban presentando.

Guillermo Botero: “Como parte del plan de choque implementado para el corregimiento de #ElSalado, #CarmenDeBolívar en la madrugada de hoy se reforzó la seguridad con otro pelotón de Infantes de Marina, 3 vehículos artillados y la presencia del #PlanMetoro para el control de la carretera de acceso”.

Sin embargo, las condiciones actuales de las regiones del Catatumbo, el Bajo Cauca antioqueño y Tumaco demuestran que la estrategia de militarizar los territorios, aunque puede iniciar un proceso para “desmontar las estructuras criminales” –según lo dice Guillermo Botero– no disminuye la violencia contra la población civil ni contra los líderes sociales, al menos en el corto plazo.

Las amenazas que se hicieron , como muchas otras que se hacen constantemente contra líderes sociales en todo el país, les exige a estos que abandonen sus tierras y los trabajos que adelantan en sus regiones. De lo contrario, prometen los armados, los asesinan.  Muchos líderes resisten en los territorios, pero otros son obligados a escapar de sus tierras y en el peor de los casos otros son asesinados.

Esta es una cita literal de una de los mensajes con las amenazas. Este texto le llegó al perfil de una menor de edad allegada a uno de los líderes amenazados:

 

Un equipo periodístico que fue a El Salado a hacer un reportaje sobre los líderes también recibió amenazas. Esta vez no fueron anónimas ni a través de redes sociales. Según el testimonio de los periodistas, varios sujetos en moto se les acercaron y les dijeron que “tuvieran cuidado porque los iban a matar”. Tanto los líderes sociales como los periodistas, por ahora,  están a salvo, y el pueblo continúa en alerta máxima.

El estigma, esa cruz que cargan en El Salado 

Cuando se habla sobre paramilitarismo en Colombia, la referencia a la masacre de El Salado es recurrente. Fue, como dijo el Centro Nacional de Memoria Histórica, una de las más sangrientas y notorias en la historia del país. En este corregimiento, incrustado en los Montes de María,  fueron asesinadas 66 personas entre el 16 y el 21 de febrero del 2000. Por órdenes de Carlos Castaño y alias Jorge 40, cerca de 450 paramilitares ingresaron al Salado por cuatro puntos de acceso.

El sonido de los helicópteros antecedió el caos que se venía. Al escucharlo los 4.500 habitantes del sector supieron que la masacre sucedida tres años atrás por guerrilleros de las Farc podría repetirse. Lo que no esperaban esta vez era que en esta ocasión serían acusados de ser colaboradores de esa misma guerrilla  eran considerados colaboradores o integrantes de la guerrilla. El Salado, ubicado 18 kilómetros de la cabecera municipal de Carmen de Bolívar, estuvo en manos del Bloque Norte de las Autodefensas.

Los armados llegaron para cumplir con una orden clara: eliminar a cualquier integrante o “colaborador de los “frentes 35 y 37” de las FARC en la región de los Montes de María. El Salado venía de tiempos muy difíciles. Según el Centro de Memoria, entre 1991 y 2001 en la región de los Montes de María se presentaron 42 masacres, que dejaron 354 víctimas fatales. La del 2000 fue recordada por la crueldad de las Autodefensas. “A un vecino mío lo colocaron agachado en la mitad de la cancha y un guerrillero se le tiró encima con las rodillas y le partió la columna, luego le pegaron un tiro de fusil”, señaló un campesino en un testimonio publicado por el periódico en El Heraldo.

El exceso. Esa fue la característica de la masacre de El Salado. Las AUC desplegaron 450 paramilitares, usaron helicópteros, concentraron a los pobladores en lugares comunes para aterrorizarlos y a muchos de ellos los sometieron a largos periodos de encierro. “Recordemos, como elemento importante de contexto, que la región de Montes de María constituyó uno de los grandes enclaves de las movilizaciones campesinas de los años setenta, cuyos impactos y dinámicas sociales y políticas entraron rápidamente en los cálculos estratégicos de organizaciones guerrilleras como el Ejército Popular de Liberación, el Partido Revolucionario de los Trabajadores y finalmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). La guerrilla intentó cooptar a la población de la región supliendo los vacíos institucionales”, recuerda el Centro de Memoria Histórica.

La guerrilla, señala el Centro, “no fue capaz de actuar ni como protectora ni como proveedora de servicios que le garantizaran una relación duradera con las comunidades. Lejos de ello, esta presencia de actores armados insurgentes, en el caso de El Salado, dio lugar en la etapa reciente del conflicto a la estigmatización de toda la población como subversiva, lo que sumado a su ubicación geoestratégica en la competencia armada de las Farc y el paramilitarismo dejó a los pobladores, como en tantas otras zonas del país, en medio del fuego cruzado”.

El estigma, en 2000, como hoy, sigue siendo la cruz que tienen que cargar día a día los habitantes de El Salado. El resultado de este despliegue paramilitar: 60 víctimas fatales, 52 hombres y 8 mujeres, entre los cuales había tres menores de 18 años, 12 jóvenes entre los 18 y los 25 años, 10 adultos jóvenes entre 26 y 35 años, 23 adultos de 36 a 55 años, y 10 adultos mayores. Este es uno de los relatos que recopiló el Centro de Memoria:

“En la cancha nos dijeron ‘los hombres a un lado y las mujeres a un lado’ y nos tiraron boca abajo ahí, de ahí enseguida apartaron a un muchacho, le dijeron ‘usted se queda aquí con nosotros porque usted se nos escapó de Zambrano, pero de esta no se nos va a escapar’ le decían ellos. A él fue el primero que mataron en la cancha. Le pusieron una bolsa en la cabeza y le mocharon una oreja primero, y después esto se lo pelaron con espino, lo acostaron y le ponían la bolsa en la cabeza, él gritaba que no lo mataran, que no lo mataran, le pegaban por la barriga, patadas, puños, por la cara, toda la cara se la partieron primero, y nos decían ‘miren para que aprendan, para que vean lo que les va a pasar a ustedes, así que empiecen a hablar’, decían ellos. Entonces nosotros le decíamos ‘qué vamos a hablar si nosotros no sabemos nada’. Ya después que lo tiraron en la cancha sí lo mataron, le dispararon […] A él le cortaron sólo una oreja, él lloraba y gritaba, fue el primero que mataron ahí […]. Él se demoró en morir, esa agonía de la muerte es horrible, ver cómo se queja una persona.”

El politólogo Luis Trejos, experto en el conflicto en la costa Caribe, tiene dos lecturas sobre lo que está pasando en los Montes de María: la primera hipótesis es que los panfletos estén relacionados con problemas de tenencia de tierras y la segunda que tenga que ver con las elecciones regionales de octubre. “Montes de María tiene una particularidad y es que fue la primera zona montañosa en la que las Farc fueron derrotadas. En todo el Caribe, esta es una  de las primeras zonas que empezó a vivir el posacuerdo. Después de superar esa violencia, emergieron otras por conflictos agrarios y por política”.

El 9 de junio de 2011, el entonces presidente Juan Manuel Santos les pidió perdón a las víctimas de El Salado. “Vengo a pedirles perdón. Esa masacre nunca debió suceder. Ahí hubo omisión y falencias del Estado, por eso mismo estamos empeñados en reparar todo ese dolor”. La reparación de las víctimas de El Salado se ha dado a un paso lento. De hecho, el año pasado la Corte Constitucional tuvo que ordenarle al Estado para que reconociera a las mujeres y niñas que fueron violada y torturadas durante días. Tuvieron que pasar 18 años para ese reconocimiento. Con las amenazas que se conocieron, pareciera que el Estado no ha aprendido la lección.

Fuente: PACIFISTA!

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