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Muchas cábalas se han hecho los expertos sobre la primera vez que se jugó en Colombia un partido de Fútbol y sobre quiénes fueron los iniciadores en nuestro país de ese deporte que, como en el resto del mundo, provocó en el siglo XX una pasión individual y a la vez multitudinaria. Por aquello del orgullo regional, muy plausible, los barranquilleros aseguran que las primeras patadas al balón en Colombia se dieron en Barranquilla en 1904. Otros más sitúan esta fecha histórica en Pasto en 1909, y así corren otras dos o tres versiones sobre los comienzos del balompié colombiano.

La página web de la Federación Colombiana de Fútbol (http://www.futbol.org/federacion/historia.htm) es tajante al afirmar que “La historia no registra una fecha precisa sobre la llegada del fútbol a Colombia. Algunos hablan de 1900, otros de 1906, unos más de 1909… En fin, a principios de siglo”.

Pero la fecha existe y no es ninguna de las anteriores. El fútbol llegó a Colombia en 1892, por iniciativa del entonces director de la Escuela Militar, el coronel Estadounidense Henry Rown Lemly, quien lo instituyó allí y estableció un reglamento de acuerdo con los que regían el deporte del football en Inglaterra (ver recuadro). El 22 de junio de aquel año, tras la difusión del reglamento en el diario bogotano El Telegrama, se jugó la primera partida de fútbol entre dos equipos de la Escuela Militar organizados por el coronel Lemly, con asistencia del Presidente de la República, Miguel Antonio Caro, y de un público no muy numeroso, en una cancha improvisada en uno de las patios de la Escuela, entonces ubicada en San Agustín, en la sede del antiguo convento de los padres agustinos.

Diez años después

De modo que sí. Aunque el dato podría no agradar a los barranquilleros, ni a los pastusos, que reclaman para sus ciudades el honor, el fútbol colombiano se jugó por primera vez en Bogotá, y también por segunda vez.

Escaso fue el entusiasmo del público, así en Bogotá como en el resto del país, por la propuesta futbolera del coronel Lemly. El deporte en general no era un asunto de interés para los colombianos, que tenían inquietudes intelectuales, artísticas, musicales, y en ningún caso deportivas. Los entretenimientos favoritos de nuestro público finisecular eran el teatro, la ópera, la lectura, los conciertos, y en ocasiones el ciclismo. El fútbol fue objeto de un desdén soberbio. Sin embargo los muchachos de la Escuela Militar lo siguieron practicando con asiduidad y como parte de sus ejercicios de entrenamiento, hasta que vino la guerra del 99 y tuvieron que dejar las patadas al balón para empuñar sus fusiles e irse a matar compatriotas, o a ser muertos por ellos, gracias a la insensatez homicida de nuestras capas dirigentes.

A mediados de 1902, y agonizante la terrible guerra de los Mil Días, un grupo de bogotanos conscientes de que el conflicto agonizaba, y de que era indispensable crear hechos de paz, tomaron la iniciativa de organizar el Polo Club de Bogotá. Eran sus promotores don Alvaro Uribe y los hermanos Joaquín y Tomás Samper Brush, personas a quienes Colombia les debe no solo el haber puesto en marcha el deporte nacional, sino otros muchos aportes que le ayudaron al país a vivir en paz y a conectarse con el siglo XX.

Habían terminado sus estudios ese año en Inglaterra, y estaban de regreso en Bogotá, los hermanos José María y Carlos Obregón, que se unieron con entusiasmo a la empresa deportiva de Uribe y los Samper, propusieron que el fútbol fuera uno de los sports auspiciado por el Polo Club, y se pusieron a la tarea de organizar los primeros equipos y el primer match en público. El 20 de junio de 1902 El Nuevo Tiempo publicó un reglamento de Fútbol elaborado por José María Obregón, más específico y detallado que el del coronel Lemly en 1892.

José María y Carlos Obregón fundaron a continuación el Football Club de Bogotá, pusieron su empeño en adecuar una cancha (o ground) en Teusaquillo, y el domingo 7 de septiembre una multitud de doscientas personas, integrada por damas y caballeros de la sociedad bogotana, presenciaron el reñido encuentro entre los dos primeros clubes de fútbol que actuaron en Colombia, el partido Rojo y el partido Blanco. Por el Rojo alinearon Eduardo Franco en la portería (goal keeper); Eugenio Duffo (francés) y Alfonso Uricoechea en la defensa (fold backs); Jorge Mason (inglés) y Pantaleón Gaitán en el medio campo (half backs); y Arturo González, Vespasiano Jaramillo, Ernesto Ponce y Jorge González en la delantera (forwards); Por el Blanco, Carlos Jaramillo en la portería; Fulgencio Roa y Gabriel Martin (colombo inglés) en la defensa; Santiago Vargas, Alberto Patiño y Hernando Patiño en el medio campo; y Ramón Lozano, Angel María Uricoechea, Luis Patiño, Carlos Navarro y Alberto Reyes en la delantera. Como se ve el equipo Rojo apenas pudo completar nueve jugadores, mientras que el Blanco salió a la cancha de Teusaquillo con los once de la alineación reglamentaria y en el esquema del 1-2-3-5. Como árbitro actuó el señor Gustavo Parra. Directores técnicos: José María Obregón por los blancos y Carlos Obregón por los Rojos. Capitanes: por los blancos Angel María Uricoechea; por los rojos Jorge González. Teller, el primer redactor deportivo que tuvo Colombia, hizo en El Nuevo Tiempo un breve relato del primer partido de fútbol en Colombia ante el público, del cual se deduce que el tiempo total del encuentro se acordaba entre los contendientes antes de comenzar, y que para el caso del de Rojos versus Blancos se fijó en dos tiempos (o partidas, o chicos) de treinta y cinco minutos cada uno, con descanso de quince entre uno y otro.

Para ganar el match un equipo debía vencer en ambos tiempos. Si había empate se convocaría a un segundo partido y si persistía el empate, a un tercer partido y sucesivamente hasta que uno de los bandos derrotara al rival y se proclamara campeón.

Rojos contra Blancos

Así cuenta Teller cómo se desarrolló el primer partido de fútbol en Colombia: “Lanzado que fue el ball por el capitán de los blancos, y después de gran número de ataques y defensas, el forward José María Uricoechea hizo el primer goal a las 10 y 5 a. m. Inmediatamente después se tocó descanso de quince minutos. Terminado se dio principio a la segunda partida, la cual duró hasta las once menos cinco, sin que ninguno de los dos partidos [equipos] la decidiera, quedando por lo tanto aplazada hasta el domingo próximo, en que se jugarán las dos partidas que faltan para terminar el match”. La Junta Directiva del Football Club citó para el domingo siguiente, 14 de septiembre, a las 8.30 de la mañana en el ground de Teusaquillo y encareció a los socios la puntual asistencia a la hora indicada. El cronista Teller cedió la palabra a Sportmens, quien narra los incidentes del segundo encuentro: “Cuando llegamos al ground ya los jugadores estaban colocados en los sitios que a cada cual le correspondían; los blancos, con su capitán Angel María Uricoechea, ocupaban el lado sur, y los rojos con el suyo, señor Jorge A. González, el lado norte, y prontos a disputarse con ardor la victoria. Después de más de media hora de lucha, en que demostraron los dos partidos contendores su agilidad y destreza, el capitán de los rojos, señor Jorge A. González, hizo dos goals, ganando estos por tal hecho dos juegos. Enseguida se les dio un descanso de 30 minutos y volvieron a la lucha, pero esta vez sin resultado alguno. Ya cerca de las once a. m. el juez dio la señal de terminada la partida, quedando los rojos desafiados por los blancos para el domingo próximo a las ocho y media a. m.”.

Se mantenía, pues, el empate. Los blancos habían ganado el primer match y los rojos el segundo. Sin darse cuenta, la ciudad se encontró divida entre hinchas de los blancos e hinchas de los rojos, y para el tercer partido, que sólo se pudo efectuar quince días después, el 28 de septiembre, la cancha de Teusaquillo estaba rodeada por casi dos mil espectadores, y se hicieron presentes desde temprano redactores de los dos diarios que se publicaban en Bogotá, El Nuevo Tiempo y El Comercio.

Para el tercer partido los rojos se reforzaron con un jugador más. Leo Kopp (alemán) sustituyó a Pantaleón Gaitán, entraron Eduardo Pombo y Emilio Samper y quedaron con diez hombres. Los blancos mantuvieron los once de su alineación original. “A las 9: 30 –relata El Nuevo Tiempo—se dio principio a la partida, la cual duró tres cuartos de hora, sin que ninguno de los dos grupos lograra vencer a su contrario. Dada que fue la señal de terminar el descanso de 15 minutos, volvieron a empezar; pero esta vez los rojos al lado sur y los blancos al norte. ¡Qué espectáculo tan interesante fue desde ese momento la partida! Los rojos, atacados en su amor propio, pues eran los desafiados, se lanzaban veloces sobre sus contrarios, hacían mil estratagemas y grandes esfuerzos por vencerlos, y los otros, convencidos de su fuerza y destreza, paraban todos los ataques con una maestría grande. De pronto hubo un momento en que la defensa era cosa más que imposible; en tal momento aprovechó la oportunidad el señor Vespasiano Jaramillo e hizo un goal magnífico, y dio con éste fin a la partida, la cual ha sido una de las más interesantes y disputadas que hasta hoy se han jugado”. El Comercio nos da su versión, que coincide con la de su colega y la complementa: “A las 9: 30 ante un buen número de espectadores, se dio principio a la partida. El partido Blanco –el que lanzó el desafío—ocupando el lado norte, y el Rojo –el desafiado—el lado sur. Pintoresco, podemos decirlo, era el golpe de vista que presentaban los jugadores, todos de uniforme y resueltos ambos a no dejarse vencer de sus contrarios; las apuestas se cruzaban tanto entre los espectadores como entre los jovenes de uno y otro partido; en una palabra, había gran entusiasmo. A una señal del juez lanzó la pelota el señor Jorge González, capitán de los rojos, y empezó la lucha, la cual duró tres cuartos de hora sin resultado alguno. Terminando el descanso empezaron de nuevo, pero esta vez con más ardor, con mayor entusiasmo, dando por resultado el que los rojos, con un esfuerzo mayor y una destreza sin igual, lograran hacer el goal, a pesar de estar como goal keeper [de los Blancos] el señor Carlos Jaramillo, uno de los mejores jugadores de football, si no el mejor de todos ellos, pues sabemos que en Inglaterra practicó bastante en este juego. Nos complacemos en felicitar de todas veras a los jóvenes pertenecientes al partido Rojo por este triunfo tan bien alcanzado”. El resultado final había sido de dos a uno a favor de los rojos, que se proclamaron campeones.

Las primeras Copas

Prendió la semilla del entusiasmo por el fútbol y, según recuento que hace en El Tiempo, casi veinte años luego, el cronista que firma El Pacífico Deportista, “Don José María Obregón, el as de los footballistas colombianos, quien había capitaneado un equipo en su universidad de Inglaterra, llevaba la batuta. Y varios extranjeros y muchos nacionales jugaron football cada domingo. Y los pequeños, al salir del colegio, iban a Marly, a un terreno semipúblico, y hasta no rendirse de fatiga no interrumpían sus encuentros, sus prácticas”.

No obstante el juego del fútbol no encontró un eco mediático y la información al respecto se hizo casi nula, de donde resulta difícil rastrear con que frecuencia y en qué canchas se jugó en la primera década del Siglo. Para el primer domingo de febrero de 1903 el Football Club programó una nueva temporada que habría de iniciarse ese 1 de febrero con un encuentro entre los dos partidos del año anterior, Blanco y Rojo, que tendrían en esta ocasión el aliciente adicional de competir por un “magnífico premio” obsequiado por la Junta Directiva del Football Club al equipo vencedor; pero la fecha de iniciación se aplazó debido a la decisión del Football Club de pasar su ground de Teusaquillo al ground del Velódromo, que ofrecía mayores ventajas “tanto para los jugadores como para las personas que van a este espectáculo, las cuales tendrán asientos en la tribuna, y vista no solo para el football sino también para el Polo”. Se anunció que el domingo 22 de febrero habría una partida especial para inaugurar el nuevo ground del Football Club, y de ahí en adelante no sabemos si se cancelaron los proyectos del Football Club de Bogotá, o los periódicos decidieron omitir de sus columnas la información sobre fútbol por creerla sin importancia. De hecho en 1948, al concluir el Primer Campeonato Profesional de Fútbol Colombiano, el cronista deportivo de El Tiempo celebra que por fin los periódicos hubieran abierto de manera amplia y continua sus páginas al fútbol en un reconocimiento definitivo de que este deporte formaba parte de la vida nacional desde hacía muchos años.

Siguió funcionando el Football Club de Bogotá, y en Barranquilla se organizaron varios clubes de fútbol, si bien nunca fue posible concertar un encuentro entre los equipos de Bogotá y los de Barranquilla. A partir de 1912 el fútbol adquirió en Colombia el carácter de deporte espectáculo. Desde el año anterior en Bogotá el padre Gumersindo Lizarraga, un educador jesuita que veía en el fútbol un deporte estimulante para la actividad de los estudiantes, se propuso impulsarlo, y apenas volvieron de sus vacaciones decembrinas repartió reglamentos del fútbol no solo a los muchachos del Colegio de San Bartolomé, sino también a los jóvenes de otros centros. Se reorganizó entonces el Football Club de Bogotá, el Polo Club creo su equipo de fútbol, y los directivos del San Bartolomé invirtieron una suma fuerte en la adecuación de “la pintoresca finca de La Merced” como cancha para las prácticas del equipo bartolino y de los demás equipos que lo solicitaran. El entusiasmo subió tanto que en septiembre el Presidente de la República, Carlos E. Restrepo, ofreció una Copa para ser disputada entre los cuatro equipos que tenían reconocimiento oficial; Polo Club, Club Bogotá, Escuela Militar y Club Bartolino. Hasta el 6 de octubre se habían jugado seis encuentros reñidísimos y la puntuación estaba así: Polo Club, 5 puntos; Bartolino, 3 puntos; Escuela Militar, 2 puntos; y Club Bogotá, 2 puntos. El Polo Club, que era el equipo de los hermanos Obregón, había derrotado al Bogotá y a la Escuela Militar, y empatado con el Bartolino; el Bartolino, del colegio de San Bartolomé, había empatado con el Bogotá, la Escuela Militar y el Polo Club. Se hicieron apuestas grandes de dinero a favor del Polo Club o del Bartolino, y en la capital no se hablaba de otra cosa que del encuentro que definiría al ganador de la copa Restrepo. Programado para el 20 de octubre, un aguacero torrencial obligó a posponer el partido, que se efectuó al fin el 27 de octubre. En La Unidad, periódico del joven político Laureano Gómez, afecto al San Bartolomé, encontramos este relato estupendo de la final de la Copa Restrepo: “A las 3:30 de la tarde [en la Cancha del Polo Club] los acordes magníficos del Himno Nacional anunciaron la llegada del excelentísimo señor Presidente. Las marciales armonías vibraban al unísono con las ardientes palpitaciones de los que iban a disputarse el triunfo. Momentos después los jugadores ocuparon sus puestos y a la señal del referee empieza la lucha. Imposible pintar en pocas palabras todas las hazañas de los jugadores. El Polo Club, compuesto casi en su totalidad de caballeros que se han lucido muchas veces en magníficos juegos de Inglaterra y Estados Unidos, habiendo sido algunos de ellos condecorados por sus brillantes triunfos, lucha con el Bartolino, compuesto de jóvenes que apenas cuentan cuatro meses de ensayos… y sin embargo se diría que son luchadores envejecidos en el manejo del balón. El primer ataque arranca de los bartolinos, y el balón se avecina al goal contrario… Poco tiempo basta al enemigo para defenderse y tomar la ofensiva: esta es fuerte, artística, rápida y bien dirigida y escalonada… Varias veces llega el balón a las puertas del goal bartolino, varias veces va rápido y fuerte a penetrar por el goal, pero en vano, siempre vuelve rechazado por el goal keeper. Siguen luego numerosas y variadas alternativas del juego, en que no sabe uno que admirar más, si la oportunidad de los pases, y rapidez de movimientos de unos y otros, o los quites, defensas y ataques de ambos contendores. Así pasa media hora… La ansiedad creciente de los espectadores tiene 10 minutos de tregua y los jugadores descansan, para emprender de nuevo la lucha con más brío en el 2do tiempo, ya que en el 1o. ninguno ha podido lograr el triunfo.
“Pasa el descanso. Cambian de goal los combatientes… se traba de nuevo la lucha… vuelven las alternativas en el ataque, y los pases y los quites se suceden con rapidez… el balón se acerca al goal bartolino llevado por los aguerridos forwards del Polo… la expectativa aumenta… y revientan los aplausos al ver pasar el balón por el goal bartolino.

“Pronto se reanuda el combate… nueva expectativa; los forwards bartolinos ya no atacan con tanto brío como al principio, parece que el goal perdido los hubiera acobardado… No obstante, el Polo encuentra una resistencia terrible… sobre todo el goal keeper bartolino es insuperable…en sus brazos y en sus piernas perece el ímpetu del balón, que rechaza siempre con la firmeza de una roca y la serenidad impasible de un soldado veterano. Termina el match. Polo Club 1, Bartolino 0. La Copa Restrepo es para el Polo Club.

“Al señor Shorman nuestros parabienes por lo bien que supo desempeñar su cargo de juez o referee; al Polo nuestra enhorabuena por sus nuevos laureles, y a los bartolinos nuestro saludo y felicitación por sus adelantos en el football”.

Después de entregar al Capitán del Polo Club, don José María Obregón, la Primera Copa del fútbol colombiano, el Presidente Restrepo envió al padre superior del San Bartolomé, Vicente Leza, el mensaje siguiente: “La calidad de los vencedores y las condiciones en que los jóvenes del colegio fueron vencidos da a la derrota honrosos caracteres, que la aproximan mucho a la victoria”.
Para la segunda Copa Restrepo, en 1913, se inscribieron catorce clubes: Polo Club, Bartolino, Club Inglés, Club Colombia, Club Bogotá, Escuela Militar, Tequendama Football Club, Santander Football Club, Club Chile, Club Liberty, City Club, Club República, Club América y Club Nariño. La Copa Restrepo de 1913 comenzó el 12 de octubre y terminó el 16 de noviembre y se proclamó campeón el Club Colombia. La tercera y última Copa Restrepo se realizó en 1914, por cumplirse ese año el período del presidente Restrepo. Comenzó el 12 de julio. Se inscribieron seis nuevos clubes: Bolívar, Tarqui, Ricaurte, Sporting, Stard Club, The Albion, El Rosario, Club Union, y se refundieron en uno, con el nombre de Bogotá City los antiguos Clubes Bogotá y City, para un total de veinte aspirantes, entre los cuales fueron seleccionados los clubes Colombia, Polo, Tequendama, Bogotá City, Sporting, Bartolinos y Santander. La final se jugó en un partida apoteósica el 2 de agosto entre el Polo y el Colombia, ganada por el Polo 1-0. El Polo Club se adjudicó el campeonato por segunda vez.

Para sustituir la Copa Restrepo, el rector del San Bartolomé ofreció la Copa Mayor Bartolina, que entraron a disputarse desde el 20 de septiembre de 1914 nueve clubes: Tequendama, Bartolino, American, London, Internos del Instituto de La Salle, Sporting, Polo, Colombia, Internos Bartolinos, y Pío X. El domingo 1 de noviembre se jugó la final en la cancha de La Merced, entre los mismos equipos que habían disputado la primera Copa Restrepo, lo que le dio caracteres de clásico: El Polo Club y el Bartolino. La fiebre del fútbol estaba alta y los partidarios del Bartolino apostaron firme por el desquite de su brillante equipo, que rasguñaba la posibilidad de ser campeón. Los periódicos coinciden en que la final de la Copa Mayor Bartolina entre el Polo Club y el Bartolino fue “el match más reñido que se haya presenciado en Bogotá”, y lo ganó… otra vez el Polo Club, 2-1, con tiempo suplementario, consolidándose como el mejor equipo del fútbol colombiano hasta antes de la Primera Guerra Mundial.

La primera salida

Al concluir la Copa Mayor Bartolina, los muchachos del equipo de San Bartolomé recibieron una invitación desafío del Club Sporting de Medellín para participar en la disputa de la Copa Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín. La invitación fue aceptada por el rector del San Bartolomé y por primera vez desde 1892 un equipo local salió a jugar en patio ajeno. La Unidad, como periódico dirigido por un egresado de San Bartolomé, siguió de cerca el desempeño del equipo Bartolino como visitante. Los bartolinos llegaron a Medellín el 27 de noviembre. “Después de haber recorrido la amena vega del río Medellín, cuyas montañas bañaban en suave luz una tarde serena y apacible, entraban en la capital de Antioquia 23 bartolinos que acaban de dar término al curso escolar”, cuenta el periódico del doctor Gómez. La primera partida se efectuó el 29 de noviembre y empezó a las 4: 30. “Fue una lucha reñida –narra La Unidad—pertinaz, de igual a igual; el temor y la esperanza se sucedieron continuamente en los corazones de los partidarios de uno y otro equipo por las repetidas alternativas del juego. Pasó el primer tiempo: cero por ambos lados; para el segundo, tras de porfiada lid, el mismo resultado. Glorioso empate que ponía de manifiesto las relevantes y vigorosas habilidades de ambos contendores”. El vencedor de la Copa Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín se definió el lunes 7 de diciembre, no habiéndose podido jugar el domingo 6 por causa de la lluvia. “El Sporting se mostró colosal e invencible. También en este juego acabaron ambos tiempos en un empate a cero” que habría debido definirse en un tercer partido, “mas obligados por la proximidad del regreso de los bartolinos [a Bogotá] a prolongar el partido aun en el crepúsculo vespertino, en el último minuto del cuarto de hora concertado para la prórroga, una segurísima entrada de G. Moreno y un formidable envite de Lassance lograron lanzar el balón a través de la puerta [del Bartolino, decidir definitivamente la victoria a su favor [del Sporting] y determinar la explosión de aplausos que en el momento estalló en aclamación de ambos dignísimos competidores”, relata La Unidad, y Gil Blas asegura que “el honor sportivo de los bogotanos quedó muy mal en Medellín”, pulla que tenía más una intención política que deportiva.

El Dorado y el medio siglo siguiente
Para la mayoría de los colombianos de fines de siglo El Dorado es el nombre del aeropuerto de internacional de Bogotá; pero todavía para muchos esas dos palabras evocan una época en que el fútbol fue en Colombia cosa de magia y de encantamiento que, como todos los artilugios, suelen ser de corta duración y en cierto modo inolvidables.

Hasta 1948 el fútbol no había logrado posicionarse en la prensa como un deporte nacional. Se le daba el tratamiento de pasatiempo de aficionados, aunque ya en 1924 los distintos football club del país se organizaron en una Liga Nacional de Fútbol, que creó un Colegio de Árbitros en 1934 y fue reconocida por la Fifa en 1936, año en que se estrenó la primera selección colombiana de Fútbol, que participó con mucho éxito en los Juegos Atléticos de Manizales, y en que la Liga de Fútbol se Transformó en Asociación Colombiana de Fútbol. El 28 de febrero de 1941 un grupo de estudiantes bachilleres del Gimnasio Moderno de Bogotá fundó el Club Independiente Santafé, cuyo primer partido oficial, y con su uniforme tradicional blanco y rojo, se jugó en el estadio de El Campín contra el equipo de los Telégrafos. El 18 de junio de 1946, por iniciativa de Mauro Mórtola y de Alfonso Senior Quevedo se reorganizó el Club Municipal con el nombre de Club Los Millonarios.
A principios de 1948 la División Mayor del Fútbol Colombiano propuso la realización del primer campeonato de fútbol profesional, para superar la etapa del amateurismo, pero hubo de posponerse la fecha, programada para abril, como consecuencia de los trágicos sucesos del día 9. El arranque del campeonato se postergó hasta agosto del mismo año y el torneo culminó el 19 de diciembre, con el Independiente Santa Fe como primer campeón del fútbol profesional colombiano. Participaron diez equipos y la tabla final quedó así: Santa Fe (Bogotá) 27 puntos; Junior (Barranquilla) 23 puntos; Deportes Caldas (Manizales), 20 puntos; Millonarios (Bogotá), 19 puntos; Atlético Municipal (Medellín), 18 puntos; América (Cali), 18 puntos; Medellín (Medellín), 17 puntos; (Deportivo Cali (Cali) 16 puntos; Once Deportivo (Manizales), 14 puntos; Universidad (Bogotá), 8 puntos.

El Dorado principió en 1949. Con la crisis del fútbol en Argentina, y la huelga decretada por los futbolistas de ese país, Alfonso Senior tuvo el cabezazo de traer para Millonarios a Adolfo Pedernera, primero, y a renglón seguido a otras estrellas de similar esplendor, como Alfredo Di Estefano (la saeta rubia) y Néstor Raúl Rossi, que obtuvieron para Millonarios el título de Campeón de 1949. En 1950 todos los equipos colombianos se proveyeron de jugadores argentinos, paraguayos e ingleses, pero los más rutilantes estaban en Millonarios. Desde 1948 había nacido la gran rivalidad entre Santa Fe y Millonarios, y entre 1950 y 1954 la altísima calidad de los clubes colombianos de fútbol mantuvo llenos los estadios a rebosar, y llenó las arcas de los clubes. Millonarios, denominado por su juegos indescriptible El Ballet Azul, llegó a ser el mejor equipo del mundo. El Dorado terminó cuando empezó el éxodo de las estrellas argentinas hacia el fútbol europeo y los equipos nacionales sufrieron una brusca caída de nivel, que se recuperó en parte entrada la década de los ochenta, a partir de la cual han dominado en los estadios los equipos de Medellín y Cali, pero la afluencia semanal de público a las graderías nunca volvió a ser la misma de los tiempos de El Dorado. Los estadios vacíos han determinado una grave crisis económica de los clubes nacionales, más preocupados por negociar los pases de los jugadores que por brindar el espectáculo que los hinchas desean y exigen.

Título Original: “Fútbol: una pasión incontenible”
Autor: Santos Molano, Enrique, 1942-
Fuente: BIBLIOTECA DEL BANCO DE LA REPÚBLICA
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