Arte y cultura

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María Cano (1887 – 1967)

Daniela Rodriguez, estudiante de la Universidad Nacional de Colombia, miembro del colectivo feminista Blanca Villamil, realiza una reseña de la obra de Beatriz Helena Robledo.

María Cano, la virgen roja, es la obra biográfica de esa flor roja del trabajo que habita intensamente el olvido y en otras ocasiones, ligeramente la memoria de Colombia. Beatriz Helena Robledo en este libro, presenta a la virgen roja del proletariado como la mujer sensible, vehemente, comprometida hasta el final de sus días con la consecuente tarea de no claudicar ante ambiente de la época. Con elementos literarios la autora realiza el retrato de María Cano desde sus años de orfandad, recorriendo también su crecimiento a la par de la evolución industrial de Medellín y las contradicciones sociales y políticas de su tiempo, pasando por su conciencia social y obrera, y por los caminos que anduvo hasta ser la figura revolucionaria que fue y sigue representando.

 Mujer de letras y sensibilidad poética se fue moldeando en la biblioteca que heredó de su padre, Rodolfo Cano. Desde niña estuvo marcada por el compromiso social, pero también por la represión y las persecuciones propias de un país de poder conservador, mezquino y antidemocrático. Desde el 12 de agosto de 1887, se encontró de frente con el periodo de la Regeneración y la Constitución reaccionaria de 1886. Su padre es destituido de su trabajo como pedagogo por encarnar el liberalismo y por ser espiritista. El círculo familiar de María iba cercándose por la estigmatización que otorgaba vivir y propender por un ambiente intelectual y librepensador. Primos como Fidel Cano fundador de El Espectador, Tomás Uribe Márquez quién participó en la Guerra de Mil Días junto su primo Rafael Uribe Uribe, igualmente víctimas del régimen conservador.

Su lucha sindical, junto a su conciencia de clase y labor revolucionaria, fueron sobreviniendo de la discusión con su primo Tomás, quién contribuyó a su acercamiento al marxismo y a todos los procesos revolucionarios de la región y del mundo. Fruto de esta aproximación crítica, la cuestión de género iba palpitando en las reflexiones de Cano, dado que veía que en las posturas más transformadoras persistía un machismo abrumante como el del país religioso y contradictorio en el que vivía. La forma que inicialmente adoptó María para dejar de hacerle eco a esa condición subyugada de las mujeres, fue su participación en la esfera pública y de opinión. Comienza realizando tertulias literarias en su casa y después públicas, con el acompañamiento de grandes poetas e intelectuales de su tiempo.

 Una de las primeras protestas que desenvolvió las reflexiones de María Cano sobre las condiciones precarias y de explotación de las trabajadoras, fue la de Bello, el 14 de febrero de 1920 bajo la dirección de Betsabé Espinosa en la Compañía de Tejidos Medellín. Con ese suceso, y de la mano de su sobrino Luis Tejada, cronista comunista, Cano iba comprendiendo esas fuerzas sociales que iban surgiendo: la clase obrera y, sobre todo las mujeres. Ligado a estas preocupaciones crecientes en María, concebía la necesidad de democratizar la cultura y el acceso a los medios escritos, a “iluminar la consciencia de los obreros” para contrarrestar la manipulación de poderosos. Es así como abre una biblioteca pública y combina su trabajo con visitas a los barrios, interesada  y propendiendo por la organización de la clase obrera.

 En el Primero de Mayo de 1925, fue elegida como  Flor del Trabajo, constituyendo el viraje en su vida para convertirse en dirigente socialista, en gestora y líder de cambios y luchas. Su trabajo barrial suscito la fe casi religiosa en la gente, que la empezaba a llamar “la Virgen proletaria”. Es en el Segundo Congreso Obrero en 1925 que se crea la Confederación Obrera Nacional (CON) constituyéndose como la antesala de la creación del Partido Socialista, donde María estaba encargada del Comité pro-preso político y liderando la lucha contra el proyecto de la pena de muerte. Pero es en la gira por Segovia y Remedios que se descubre el poder de oratoria y agitación de María. Con este reconocimiento y posicionamiento en el movimiento obrero, dado el Tercer Congreso en 1926 se crea el Partido Socialista Revolucionario (PSR), bajo la dirección de María Cano, Tomás, e Ignacio Torres Giraldo, amor de vida de Cano.

Los años después de la represión brutal de 1928 fueron lamentables tanto para ella, como para el PSR. Es encarcelada y acusada de “rebelión” por haber instigado la huelga de las bananeras; la insurrección planeada para el 29 de julio de 1929 por el PSR fracasó por problemas de comunicación en medio de la encarcelación de sus dirigentes. Y el trastazo final, fue el juicio político realizado por el presídium de la Internacional Comunista (IC) a las ex dirigentes del PSR por organizar, según la IC, la lucha armada sin consentimiento partidista.  Se separa con indignación del PSR, convertido en el Partido Comunista, por considerar una “difamación” su juicio y por lo que significaba “echar” al traste todo lo construido y luchas emprendidas para plegarse a las orientaciones soviéticas.

El ser traicionada y la despedida de años de entrega a la revolución, causó en ella un estado anímico progresivamente desconsolador. Encuentra trabajo como obrera en la Imprenta Departamental, pero en la esfera política no volvería a dar luz con el mismo brillo. Muere sola el 26 de abril de 1967 y su legado, como ella lo reconocería en el mensaje del 8 de marzo de 1960 a la Organización Democrática de Mujeres de Antioquia, quedaría palpitante porque la Flor roja del trabajo fue la mujer  histórica de la rebeldía que encarnó  las luchas obreras, logró la organización y una gran compenetración con la clase obrera; en últimas, alcanzó ser una auténtica revolucionaria, roja y ardorosa brillando contra la oscuridad y alumbrando los caminos de la dignidad y justeza.

Fuente: EL ESPECTADOR

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