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TRABAJO SENA

Es fundamental empezar a entender qué está sucediendo en el mercado de trabajo colombiano. A pesar de la desaceleración de la economía, las cifras de desempleo demuestran que este sigue bajando, sin que se pueda asociar este hecho a menores tasas de participación laboral. A su vez, la demanda interna es uno de los motores actuales del crecimiento de la economía que han permitido que, en medio de tantos problemas nacionales y mundiales, a Colombia le vaya mejor que a otros de sus vecinos. Sin embargo, se mantiene una gran distancia entre los salarios de los altos ejecutivos del país y los trabajadores con menores niveles de preparación. Es decir, baja el desempleo, la demanda interna mantiene la dinámica, pero la desigualdad de ingresos no muestra reducciones significativas.

Varios elementos sobre el comportamiento del empleo colombiano ameritan serios análisis. El más ignorado, porque les conviene a los grandes generadores de empleo, es la informalización del trabajo formal no solo en el sector privado nacional e internacional, sino en el mismo Gobierno. Los contratos a dos y tres meses, sin prestaciones sociales, se han vuelto la mejor alternativa para muchos profesionales que quieren trabajar en instituciones del Estado o en grandes compañías.

Primera reflexión: se está acabando el trabajo decente o digno. Para ajustarse a esta definición de la OIT, este tipo de actividades debería garantizar al trabajador vacaciones pagadas, estabilidad laboral, pago de seguridad social, horario definido. Pues ninguna de estas condiciones se cumple para muchísimos contratistas del Estado y de las empresas. ¿Se puede llamar eso trabajo digno?

El poco interés de los gobiernos en frenar esta modalidad obedece a su definición de trabajo formal: cotizaciones en las entidades de seguridad social que sin duda aumentan, porque con cada contrato crece esta vinculación. Lo que el Gobierno no mira es la inestabilidad de estas afiliaciones, porque se acaba el contrato y se suspenden los pagos al sistema de seguridad social.

Segunda reflexión: no se conoce realmente el sector denominado informal. Dados el comportamiento de la demanda interna y la precariedad del trabajo formal, surge la duda sobre la heterogeneidad en este tipo de actividades, algunas de las cuales deben percibir buenos ingresos con pocos costos, como no pagar impuestos, por ejemplo. Es fundamental estudiar este sector, que fue objeto de muchos análisis en la década de los 80 pero se ha abandonado por la academia. Tratarlo como uno solo puede ser un profundo error.

Tercera reflexión: no se puede ignorar la desigualdad de género. ¿Para qué siguen educándose las mujeres más que los hombres si les va peor en todos los indicadores laborales? Más desempleo, menores remuneraciones, más informalidad. Además, no puede seguirse ignorando que la economía del cuidado, esas labores del hogar realizadas fundamentalmente por mujeres pero que pueden asumir terceros, aportan entre el 19 % y 20 % al PIB, más que cualquier otro sector de actividad en Colombia. (Dane, 2014). Es hora de trasladarlas a la corriente económica.

Cuarta reflexión: se necesita una nueva Misión de Empleo, ahora que el Gobierno empieza a saber cómo beneficiarse de sus resultados. Hay demasiados interrogantes adicionales a los mencionados, que requieren ser conocidos para tener realmente la política de pleno empleo que está volviendo a ponerse de moda. Con el apoyo de expertos nacionales e internacionales, será posible empezar a entender los misterios actuales sobre el empleo en Colombia. Lo demás es seguir improvisando en algo tan fundamental para la población, más ahora en el período del deseado posacuerdo de La Habana.

Fuente: DIARIO EL TIEMPO

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