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Gina Parody, ministra de educación, enseña manuales similares distribuidos en las escuelas durante los gobiernos de Uribe (2002 – 2008).

La Constitución Nacional estipula derechos y deberes relacionados con una concepción de la sexualidad donde se tiene como base el libre desarrollo de la personalidad. A propósito del tema, en la plenaria del Senado se dio el pasado martes un acalorado debate por cuenta de la divulgación de cartillas de educación sexual en los colegios del país. Se trataba de unos textos elaborados por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) para prevenir la discriminación en los colegios y en torno a los cuales hubo todo tipo de comentarios, buena parte de ellos promovidos con intereses políticos aún no reconocidos.

Al margen de los cuestionamientos y marchas que se registraron en contra de la ministra de Educación, Gina Parody, por el manejo dado a la “identidad de género” a partir del fallo de la Corte Constitucional que ordenó a ese despacho realizar una revisión de todos los manuales de convivencia de los colegios del país luego del caso de matoneo y discriminación a Sergio Urrego, lo cierto es que este gobierno no es el primero en poner sobre la mesa el debate de los manuales escolares con educación sexual.

Desde 1993, cuando se emprendieron los programas y proyectos institucionales de educación sexual en los colegios, por orden de la Corte, todos los gobiernos promovieron políticas que han incluido manuales, en su mayoría relacionados con material y formación que otorga prioridad al mejoramiento de las prácticas educativas sobre el ejercicio responsable y autónomo de la sexualidad.

Por ejemplo, sólo en los dos mandatos de Álvaro Uribe (2002-2010) se elaboraron y distribuyeron tres cartillas de un Programa de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía. Y aunque los senadores del Centro Democrático son ahora los más duros críticos en contra de Parody, en los textos hechos en 2008 –en la época de Cecilia María Vélez como ministra– también se tocaron temas de género.

“La identidad de género se puede definir, entonces, como la igualdad a sí mismo, la unidad y la persistencia de la propia individualidad como hombre, mujer o ambivalente, en mayor o menor grado (…) hoy, el asunto de identidad invita a hablar de subjetividad, dando a entender con ello las posibilidades de variación y dinamismo que se presentan en las personas en su autoconcepto como hombres y mujeres”, cita uno de los manuales redactados en el gobierno Uribe.

Inclusive, otro va más allá al referirse a los comportamientos culturales donde señala que los roles de género están determinados por patrones, que se transmiten y modifican de una generación a otra. “Se refiere a los gestos y las conductas asociados a cada uno, que aun cuando atribuidos más a uno que al otro, son no obstante intercambiables y flexibles en función de factores de adaptación y acomodo”, asegura.

Y tal vez en lo que es más explícita una de las cartillas del gobierno Uribe es en la orientación sexual cuando habla de la “gran variedad” de manifestaciones de la atracción sexo-erótica y sexo-afectiva. “Abarca todas las posibles variaciones entre la orientación hacia personas del sexo opuesto (heterosexual), del mismo (homosexual) o de ambos sexos (bisexual)”, sostiene.

Uribe dijo en el Congreso que siempre buscó la tolerancia y el respeto hacia los homosexuales, sin que esto implicara “forzar el irrespeto y la confusión a los niños”.

Algo muy similar ocurrió en el gobierno de Santos en los años en que estuvo María Fernanda Campo como ministra de Educación.

En 2013 se pusieron en circulación en los colegios las guías pedagógicas para la convivencia escolar, que tuvieron un enfoque de derechos sexuales y reproductivos en la escuela, siempre teniendo en cuenta las violencias basadas en género, donde se ofrecían herramientas para su prevención y atención. “La escuela influencia el proceso de construcción de la feminidad, masculinidad y el trato cultural de las diversas orientaciones sexuales e identidades de género”, reseña la cartilla.

En todo caso, de momento no es claro qué camino va a tomar el gobierno Santos para cumplir el fallo que pidió revisar los manuales de convivencia escolar respetando la autonomía de los colegios pero llevando las órdenes de la Corte para acabar con la discriminación, fomentando así el respeto y la igualdad en los centros educativos. Más allá de cualquier debate político y jurídico, lo que desde muchos sectores siguen reclamando son medidas concretas para evitar, como lo dijo la ministra Parody, más casos como el de Sergio Urrego, quien sufrió un aberrante caso de matoneo escolar y terminó acabando con su propia vida.

Además, de lo que se trata es de establecer proyectos pedagógicos donde los menores de edad sean capaces de tomar decisiones responsables con respecto a su sexualidad y con absoluto respeto a las decisiones de sus semejantes.

Fuente: DIARIO EL ESPECTADOR

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