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Protestaban por una cartilla de incitación al pecado que el Ministerio de Educación estaría repartiendo en los colegios. Lo curioso es que la cartilla no ha salido aún; estará dirigida a los profesores, no a los estudiantes ni a los padres de familia, aunque es probable que no la lean los profesores, los estudiantes ni los padres de familia porque todos estarán muy ocupados dándole “like” a algún meme progay, o antigay, el menú de las redes es amplio.

Le ganamos a Mao, que revolucionó con “el libro rojo” un pueblo que no sabía leer. Aquí incendiamos un país que no lee con una cartilla que no existe. Si el homosexualismo es una enfermedad de trasmisión textual, la cristiandad puede dormir en paz: Colombia será siempre un país de protomachos y superhembras.

A la cabeza de la cruzada contra la cartilla satánica marcha la senadora “liberal” Viviane Morales. “El Ministerio de Educación pretende imponer la ideología de género como política pública en nuestros colegios y en la formación de nuestros niños, niñas y adolescentes”, dijo la obsesa pastora. Decir “imponer” cuando en realidad se trata de un llamado a respetar los derechos de una minoría atropellada por siglos, es una bellaquería. Considerar “ideología” una simple norma de convivencia es histeria o ignorancia, o ignorancia histérica. Y llamar “ideología de género” a un fenómeno que trasciende las fronteras de los géneros, es un dislate ampuloso. Una pastora debe mostrar siquiera un atisbo de compasión por el prójimo, o al menos por su propia hija.

Claro que la ministra Parody defiende la causa gay. ¡Faltaba más! Lucha contra la discriminación en los colegios en general y contra el matoneo a los homosexuales en particular. Obedece un mandato constitucional: a raíz de la muerte de Sergio Urrego, el joven que se suicidó por la angustia que le generó el matoneo de algunos profesores y de las directivas del colegio, la Corte Constitucional emitió una sentencia que obliga a las instituciones educativas a respetar la orientación sexual de los estudiantes. La Corte, a su vez, obedeció al clamor de un país horrorizado con el caso de Sergio. Hoy, la indignación obedece a que la ministra y la Corte proponen que respetemos a los sergios. Vivir para ver.

La cartilla real verá la luz en septiembre. Es un manual de convivencia redactado por expertos de la Unesco y del Ministerio de Educación, y busca eliminar cualquier forma de discriminación: la que se ejerce contra el gordito, el tímido, el gafufo, el negrito, el que no tiene zapatillas de marca o el gay. Se calcula que el matoneo afecta a uno de cada cinco estudiantes (dos millones de niños y jóvenes colombianos), destroza la autoestima y arruina las notas.

Llama la atención que Viviane la moralista, esta señora que se rasga las vestiduras porque el Ministerio de Educación propugna por la tolerancia en los colegios y defiende los derechos de los estudiantes gay, sea la misma que defendió a Samper en el caso 8.000 y muy parecida a la que dormirá esta noche con un abogado mafioso, un romance inadecuado que le costó la chanfaina en la Fiscalía.

Nota: la palabrita “tolerancia” es antipática. Significa “soy generoso”, “perdono”, “condesciendo”. Subraya la magnanimidad del poderoso frente al débil, de la mayoría con la minoría. Nunca decimos que el negro tolera al blanco, el gay al hetero, el gamín al niño bien. La “tolerancia” es una virtud vertical que opera de arriba hacia abajo. Es mucho más linda la palabra “respeto”, que invita a la reciprocidad y es perfectamente horizontal. “Nos respetamos” es mucho mejor que “yo te tolero”.

 

Recorderis

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (Unicef) fueron las organizaciones que ayudaron a construir la cartilla titulada ‘Ambientes escolares libres de discriminación’.

Dicho documento ha generado molestia en algunos sectores que consideran que el Ministerio de Educación está imponiendo una ideología de género, ya que ellos opinan que el documento induce a que los niños confundan su identidad sexual y que la familia es la que se debe encargar de educar a lo menores en estos asuntos.

Ellos convocaron una serie de manifestaciones en todo el país para protestar contra esa supuesta imposición.

Por eso, aquí están las respuestas a siete preguntas que han surgido en torno al tema.

 1. ¿El cómic que muestra a dos hombres en una cama hace parte de la cartilla?

No. Esa es una noticia falsa que se difundió la semana pasada en redes sociales después de que ‘Costa Noticias’ publicara imágenes del cómic para decir que eran “cartillas de género con morbosidad”.

Tampoco es cierto que los libros ‘Nicolás tiene 2 papás’ y ‘Anita y sus dos mamás’ sean documentos del Ministerio de Educación, pues se trata de publicaciones de Chile y Argentina.

2. ¿Qué papel juega la Procuraduría en esta historia?

Gina Parody, ministra de Educación, afirmó en Caracol Radio que el procurador delegado Carlos Mesa estaba promoviendo en sus redes sociales información falsa sobre las cartillas.

Parody, en esa entrevista, se refirió al cómic de los dos hombres desnudos, cuyo autor es un ilustrador belga.

La Procuraduría General de la Nación, en un comunicado, negó la acusación y dijo que el Ministerio de Educación “debía responder y aclarar a los padres de familia y al país las inquietudes, interpretaciones o confusiones que puedan surgir de las políticas que diseñe e implemente”.

3. ¿De dónde surgió la idea de que la verdadera cartilla ya estaba siendo entregada por el Ministerio en los colegios?

En redes sociales, varias personas con gran influencia, como el ‘youtuber’ cristiano Oswaldo Ortiz y la diputada de Santander Ángela Hernández, empezaron a publicar la cartilla ‘Ambientes escolares libres de discriminación’ y a decir que el documento ya estaba en manos de algunos rectores y siendo entregado en colegios.

Los medios de comunicación y la misma Parody han contribuido a aumentar la confusión al respecto. Por ejemplo, ella, en dos emisoras diferentes, afirmó lo siguiente:

El Ministerio de Educación no tiene ninguna cartilla sobre el tema de orientación ni de identidad sexual. Ninguna” (Caracol Radio)

El Ministerio de Educación no ha repartido ni ha publicado ninguna cartilla sobre este tema. Por lo tanto, todas las que nos endilguen son falsas” (Blu Radio).

En todo esto hay verdades a medias. La cartilla existe y sí fue publicada, pero no por el Ministerio de Educación, sino por Unicef.

Después de que se levantó la controversia, la agencia de la ONU desmontó la guía.

Mejor dicho: a pesar de que Parody lo negó, el Ministerio sí tiene en su poder la cartilla.

Sin embargo, aún no la ha aprobado, de manera que no es un documento oficial, aclaró Jorge Parra, representante de la UNFPA en Colombia, consultado por La W Radio.

La ONU también emitió un comunicado que dice: “Este documento no corresponde a ninguna cartilla, lineamiento, ni manual de convivencia distribuido en los colegios de manera oficial”.

La organización, además, aclara que el texto fue divulgado sin “la autorización del Ministerio de Educación Nacional para su publicación y distribución”.

La Iglesia Católica en Colombia reconoció que el Ministerio de Educación no está promoviendo la cartilla en los colegios.

4. ¿Es cierto que varias preguntas de la cartilla ya están siendo socializadas con profesores y rectores?

En un contrato que el Ministerio de Educación suscribió en marzo de este año, aparece que una organización llamada Comité Internacional para el Desarrollo de los Pueblos (CISP) debe comprometerse a socializar con 95 secretarías de educación “un documento técnico para la revisión y ajuste integral de los manuales de convivencia”.

Contrato

En ese sentido, se puede afirmar que hay un documento en discusión, pero no es la cartilla.

Colombia Diversa, en su página web, tiene un formulario de preguntas orientadoras que tampoco hacen parte del texto.

“Este listado de preguntas busca orientar a cada institución educativa para que  haga una evaluación de sus manuales de convivencia. Esto no implica una imposición de las organizaciones que elaboraron esta guía orientadora”, dice esa organización.

De otro lado, el representante de la UNFPA explicó que ya hay talleres que se están haciendo con base en preguntas parecidas a las del documento, pero que son “conceptuales, genéricas, de aspectos antropológicos y sociales”.

5. ¿El Ministerio de Educación pagó cerca de 1.600 millones de pesos para elaborar la cartilla?

Orlando Castañeda, senador del Centro Democrático y pastor cristiano, hizo esa afirmación el martes en el Congreso, de acuerdo con un comunicado de su partido. Según él, entre los beneficiarios está la ONG Colombia Diversa.

La afirmación de Castañeda es muy imprecisa. En efecto, sí existe un “contrato interadministrativo” por 1’586.728.000 pesos suscrito con el Unicef, UNFPA, el CISP y Colombia Diversa.

Contrario a lo que dice el senador, el Ministerio de Educación no pagó ese dinero, pues el objetivo del convenio es “aunar esfuerzos técnicos, administrativos y financieros” para “gestionar escenarios de paz y reconciliación en el marco de la implementación del sistema nacional de convivencia escolar”.

Sumas contratos

Eso quiere decir que cada una de las partes se compromete a aportar una suma específica de dinero para llevar a cabo el proyecto.

En ese sentido, es cierto lo que dice Parody: que el Ministerio de Educación no le he pagado un solo peso a Colombia Diversa:

Parody ha insistido varias veces en que los colegios tienen la autonomía para construir sus manuales de convivencia con base en lo que digan padres, profesores y directivos.

Lo que pasa con la revisión de las normas, dice la ministra, es que se está acatando un mandato de la Corte Constitucional.

7. Pero, si no es oficial, ¿por qué la cartilla aparece registrada en la Cámara Colombiana del Libro como un texto impreso?

Parra, también en La W Radio, dijo que no es un documento oficial porque aún no ha sido publicado por el Ministerio de Educación.

“El debate que ha sobrevenido es, en buena hora, bienvenido, porque al no tener una aprobación del Ministerio de Educación, ese documento puede ser modificado”, añadió el representante de la UNFPA.

En efecto, la cartilla no está ni ha estado en la página del Ministerio de Educación.

Pero la duda no ha sido resuelta: si no es oficial y el documento todavía está en construcción, ¿por qué fue registrado en la Cámara del Libro como una publicación impresa?

La ONU dice que decidió publicarlo “por efectos de transparencia”.

 

Los ataques homofóbicos contra Parody

Era cuestión de tiempo. Desde cuando la ministra de Educación, Gina Parody, en un acto de valentía y honestidad, hizo pública su condición gay y su relación marital con su compañera de gabinete Cecilia Álvarez, personas y organizaciones homofóbicas esperaban ansiosas la oportunidad para cobrarle la osadía. La encontraron en las últimas semanas. La revisión de los manuales escolares que había ordenado la Corte Constitucional motivada por hechos como el doloroso suicidio, por discriminación y acoso, de Sergio Urrego fue el esperado pretexto.

Con montajes, con mentiras, o con verdades a medias, se abalanzaron sobre la ministra. Primero fue la diputada Ángela Hernández del Partido de la U, en Santander, quien señaló que en los colegios estaban induciendo los niños a la homosexualidad. Luego fue la circulación de un video sucio y mentiroso para desacreditar las decisiones de la corte. Después fue la crítica desde las Iglesias a un documento de recomendaciones sobre los manuales, elaborado por expertos contratados en un convenio entre el Ministerio de Educación y el PNUD. La cosa pasó a mayores con las movilizaciones y las protestas en algunas ciudades.

No es el único ingrediente que atiza el fuego contra la ministra. El empeño de Viviane Morales en la promoción de un referendo para echar al suelo el derecho de adopción de las parejas del mismo sexo, la cruzada del procurador contra todo lo que huela a reconocimiento y derechos para minorías sexuales, y las graves dificultades que afrontan Santos y el gobierno nacional con la opinión pública configuran un entorno muy adverso a la talentosa ministra.

Pero no es el momento para amilanarse, para esconderse, para eludir el debate, sobre temas que están en el corazón de la época y que para fortuna del país tienen recibo en una Corte Constitucional que ha puesto los ojos en los cambios que vive el mundo. La heterosexualidad y la separación tajante entre las estéticas femeninas y masculinas han perdido el monopolio de la legitimidad. La educación, las redes sociales, los medios de comunicación y las estructuras políticas y religiosas están obligados a dar cuenta de esta realidad.

La arremetida contra los gais y el cuestionamiento a las nuevas visiones sobre la educación y la familia tienen asiento en tres premisas falsas: una, la homosexualidad y la transgresión a los roles asignados por la cultura machista a los hombres y a las mujeres constituyen una desviación, una enfermedad, que es curable mediante la negación y la represión; dos, el reconocimiento a la diversidad sexual y las manifestaciones públicas de esa condición diversa inducen y fomentan las prácticas desviadas; tres, la familia es el coto cerrado de los padres y el principal lugar en la construcción de imaginarios y valores.

La predisposición a una orientación sexual distinta a la heterosexual viene con las personas. Los esfuerzos para demostrar lo contrario han fracasado. La aceptación y el reconocimiento de esta realidad han sido un gran aporte a la libertad; una manera de aliviar las angustias que conlleva sentirse diferente; una forma de atenuar el dolor que significa ir en contravía a las mayorías y vivir en carne propia la discriminación. La libertad no crea, ni recrea, la homosexualidad, solo saca a la luz algo que estaba escondido, algo que no se podía manifestar.

La familia ha dado un vuelco enorme y se parece muy poco a la que había hace 100 años o, incluso, hace 50 años. Los padres cuidaban, definían y controlaban la educación, el trabajo, el amor y el futuro de sus hijos. Hoy eso parece una locura. Podían someter al trabajo a los menores, ejercer la violencia sobre ellos, definir si iban o no a la escuela y a qué carreras, entregarlos en matrimonio. Todo.

Ahora, los padres están buscando para sus hijos de solo tres meses instituciones que los cuiden. La educación se ha tornado obligatoria y en muchos países los padres son castigados si eluden este mandato, también si obligan a trabajar a los menores o si los golpean. Los hijos están en la calle o en las redes sociales y los padres son los últimos en conocer sus amores. Son hijos del Estado y la sociedad más que de los padres y dependerán cada vez más del Estado en la medida en que la educación, la salud y la vivienda se convierten en bienes públicos.

De ahí que la discusión sobre estéticas, valores, preceptos y contenidos de la educación tiene un carácter público, y es perfectamente legítimo y además obligatorio que el Estado intervenga para asegurar que los niños crezcan en un ambiente de libertad, de respeto a la diversidad y de solidaridad con sus compañeros de todas las orientaciones sexuales posibles.

Y una nota final. Me ha decepcionado que la Iglesia católica colombiana haga eco de grupos evangélicos fanáticos apartándose ostensiblemente de la actitud bondadosa y comprensiva del papa Francisco con los gais. Tampoco atiende las nuevas ideas de Francisco sobre la familia y la libertad. Es así de triste: una parte de los obispos le está dando la espalda al innovador jefe de la cristiandad.

Intolerancia

Era lo que faltaba, sí: una insólita marcha contra la tolerancia. Pero tenía que pasarnos un día, claro, porque podrá decirse lo que sea de Colombia, pero no que aquí no pase lo monstruoso, lo impensable. Un, dos, un, dos: ahí vienen los vengadores de la familia tradicional que solo existe en sus cabezas; vienen los coleccionistas de señales del fin del mundo hechos a creer en “castrochavismos” o “colonizaciones homosexuales” con tal de confirmar que desde hace un par de siglos se cuece a fuego lento una conspiración judeo-masónica contra los valores católicos; vienen los patronos de las buenas costumbres que, como curas perversos, dan la vida por sus malos hábitos: por el racismo, por el clasismo, por el machismo, por la homofobia que han sido sus ases en la manga, y su patrimonio.

Pero sobre todo vienen los políticos carroñeros e incendiarios de la oposición, de Ordóñez a Rangel, que no van a perderse una sola oportunidad de enrarecerlo todo: de valerse de cualquier pretexto –por ejemplo: de la orientación sexual de la ministra de Educación Gina Parody, por Dios– para convertir el absurdo plebiscito por la paz en la sentencia de muerte del Gobierno: “si Gina Parody no renuncia votamos no en el plebiscito”, dice, en la marcha, uno de los pocos estandartes publicables.

Nadie va a convencer a nadie a estas alturas. Dígale usted a un fundamentalista criollo que libra su guerra santa allá en su orilla de la zanja de Colombia que el Ministerio de Educación solo busca lo mínimo: frenar la discriminación en los colegios. Y verá que los quijotes siniestros insistirán en que votar “no” a los acuerdos de paz es votar “sí” a la paz; los curas que denuncian la “ideología de género” morirán defendiendo sus jerarquías de puertas para afuera, y los reaccionarios plantarán pruebas falsas, como las falsas cartillas pornográficas del Ministerio, para llevar al paredón a inocentes que cometen el pecado de no ser como ellos –hoy Colombia es, en fin, un solo tema: esta incapacidad para convivir–, pero la solución no es gritar más duro que ellos, sino acudir a la ley.

Dice Isaac, en Manhattan, que a los nazis nostálgicos que marchan por la supremacía de su raza no hay que satirizarlos sino encararlos con un bate, pero lo cierto es que entre irreconciliables –ah, el cielo de los políticos: sí versus no– un buen punto en común es la obligación de cumplir la ley. Nadie va a volverse homosexual si no lo es, nadie va a entregarles el país a las Farc, pero por estos días pocos leen antes de disparar. Que los hay, los hay: senadores que piden colegios para gais, anónimos a sueldo que, porque defiendo esta obviedad de creer en todas las familias, me gritan “lesbiana” como un insulto o “maduro” en su acepción de “dictador”, y padres que juzgan por su condición: que creen que la homosexualidad se aprende porque a ellos les enseñaron a odiarla.

Pero la salida no es graduarlos de enemigos, que el infierno de la polarización es, repito, el paraíso de los políticos infames, sino oírlos camino a la ley.

Qué dice la ley 1482 de 2011: que es un delito “impedir el pleno ejercicio de los derechos de las personas por razón de su raza, nacionalidad, sexo u orientación sexual”. Qué dice la sentencia T-478 de 2015 de la Corte Constitucional: que el Ministerio de Educación debe “implementar la educación para el ejercicio de los derechos humanos –en particular el derecho a la identidad sexual– e incorporarlos de manera expresa en los proyectos educativos de todos los colegios del país”. Mis hijos no tienen prejuicios ni enemigos porque nadie se los ha enseñado en esta familia de raros, pero que el padre que no esté de acuerdo conmigo les enseñe a los suyos, por lo menos, a respetar la ley.

Fuente: DIARIO EL ESPECTADOR / PULZO / REVISTA SEMANA

 

 

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