Educación

resized_resized_resized_20160817_095416_jpg

Las religiones y sus dogmas han causado más conflictos, odios y masacres que todas las guerras mundiales juntas. La cuenta de muertos, de desplazamientos y de dolor continúa en el presente por causa de este fenómeno.  Es esta una razón contundente  para  concluir que las religiones dividen, crean problemas y por lo tanto han sido un fracaso en la búsqueda de la paz y el amor entre los ciudadanos del mundo.

Los Estados y los gobiernos tienen la obligación de enseñar a pensar a sus ciudadanos en completa libertad y no bajo el ojo vigilante del cristianismo. Una sociedad que  descubre que los dioses no existen y pone en duda los mitos, como por ejemplo aquel en el que un espíritu embarazó a una mujer, le permite apreciar el universo sin filtros, y muy probablemente  crea individuos con mejor calidad humana.

El conocimiento fundamentado en la ciencia  libera de la culpa a los fieles sometidos mentalmente bajo la doctrina del pecado y los acerca a una vida llena de valores, de respeto por la existencia y por el prójimo con la consciencia de servir a todo lo que hay en el universo.

Una colectividad que piensa y razona críticamente entiende que esta es nuestra única oportunidad para ser felices y  no hay que desaprovecharla matando al que piensa diferente,  o enriqueciéndose  a costilla de las multitudes incautas que aun sin tener  que comer entregan a sus pastores el diez por ciento de sus ingresos.

Pero esto parece imposible —crear personas con un pensamiento crítico — en el modelo actual, donde la iglesia Católica se ha apropiado de la educación y es dueña de miles de colegios, escuelas y universidades en todo el mundo. Esto le representa astronómicos  ingresos económicos. Allí, en sus aulas, forman autómatas incapaces de cuestionar su mundo religioso. Obviamente existen excepciones en las que profesionales formados en claustros bajo la dirección de los religiosos se gradúan con un pensamiento crítico. Pero a nivel de los niños los resultados son adversos: niños que crecen bajo el dominio de una fe ciega.

La incuestionada doctrina del pecado, por parte de los fieles, logra resultados asombrosos, como por ejemplo que crean ciegamente en la Biblia. Un libro en el que una serpiente y una asna hablan, donde  los muertos resucitan, en el que los peces se multiplican para calmar el hambre de una multitud y el  que afirma que Jonás viajó dentro del estomago de una ballena para luego salir vivo. Esto supera los límites del conocimiento científico, la lógica y la razón. En tanta ignorancia se haya  el secreto de la perpetuidad y la riqueza del Vaticano como institución para ofrecer la salvación de los ‘pecadores’.

Para contrarrestar la fe ciega, la religión se debe enseñar desde el punto de vista de la historia y la academia y no desde la doctrina cristiana. Es la única estrategia para formar hombres con un conocimiento universal y no sesgado a favor de un solo credo. Para ello, el primer paso que hay que dar es sacar  las biblias y los curas de las escuelas del Estado y reemplazarlos por educadores y textos al servicio de la ciencia. Ellos, los sacerdotes,  cuentan con una iglesia en cada barrio y un centro de culto, en el caso de los pastores,  en cada cuadra,  desde donde pueden ejercer sus actividades parroquiales, especialmente la más aterradora de todas: la pederastia.

Un Estado que, a través de la educación,   les dice a los niños que la Tierra tiene 6 mil años de edad, que el hombre proviene de una bola de barro y la mujer de una costilla de este hombre de barro, es un estado corrupto y macabro. Ya es hora de que Colombia sea un verdadero estado laico, en el que se invierta el presupuesto en más ciencia, más tecnología, más valores, más laboratorios en los colegios y menos religión.

Es un exabrupto  que se asignen miles de millones de pesos de las regalías en la construcción de monumentos religiosos como el Santísimo en el departamento de Santander, o que se aprueben partidas millonarias en celebraciones católicas, como la Semana Santa en Popayán, o en restaurar docenas de iglesias a lo largo y ancho de la geografía colombiana.  Mientras este despilfarro se lleva a cabo bajo la complacencia de los gobernantes de turno,  se amplía la  brecha existente que en materia de educación existe  entre nuestro país y los países de la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Si como colombianos queremos  disminuir la inequidad social, algo esencial para consolidar la paz interna y mejorar la calidad de vida de los más necesitados no hay otro camino que transformar la educación hacia la construcción de un pensamiento crítico, sin dogmas y sin mitos y con una visión hacia el progreso social, científico, humano y económico.  Esa es la clave para lograr un verdadero y revolucionario cambio en los hombres que como nación estamos formando.

CRISIS EN LA CIENCIA

Hace siglos, a Newton o a Galileo no les bastaba con hacer descubrimientos capaces de cambiar la historia. Debían además repetir sus experimentos delante de todos sus colegas, y estos, a su vez, los repetían por su cuenta antes de quedar completamente convencidos. Este principio de reproducibilidad ha sido fundamental para el avance de la ciencia desde entonces. En la actualidad, esa garantía esencial se está perdiendo, y pone en entredicho la validez de muchos estudios en casi todas las disciplinas.

El principio de reproducibilidad ha sido fundamental para el avance de la ciencia. En la actualidad, esa garantía esencial se está perdiendo

Un grupo de investigadores de EE UU, Reino Unido y Holanda firma hoy un manifiesto para que la ciencia recupere parte de esa credibilidad y fiabilidad perdida. El principal autor del documento es el médico e investigador de la Universidad de Stanford (EE UU) John Ioannidis. Desde hace años, él es uno de los pioneros de la llamada “metaciencia”, una disciplina que analiza el trabajo de otros científicos y comprueba si se están respetando las reglas fundamentales que definen la buena ciencia.

Según un análisis, resalta el manifiesto, el 85% de los esfuerzos dedicados a investigación biomédica “se acaban desperdiciando”. “Se trata de estudios que no llegan a aplicarse nunca en la clínica o que lo hacen de una forma negativa, y también muchos otros que se abandonan en etapas muy tempranas”, explica Ioannidis. “La mayor parte de las veces los experimentos no están bien diseñados”, denuncia el investigador. “Por ejemplo, solo entre el 10% y el 20% de todos los estudios con animales están aleatorizados para evitar los sesgos” inconscientes de los científicos, resalta. En el caso de los ensayos clínicos con pacientes, “solo el 5% sigue todos los pasos correctamente”, denuncia. El problema afecta a “casi cualquier disciplina de la ciencia”, asegura.

Estudios invalidados

En 2013, el médico de Stanford publicó un estudio que afirmaba que hasta el 95% pueden ser falacias sin rebatir. Otra revisión reciente invalidó miles de estudios de neurociencia basados en una técnica de resonancia magnética. Según los investigadores, no solo los científicos son responsables, sino también las universidades, las poderosas revistas científicas que publican los estudios, las agencias financiadoras y el resto de actores del sistema, asegura.

Una reciente encuesta realizada por Nature desveló que el 90% de los científicos reconoce que hay una crisis de reproducibilidad en la ciencia. En parte se debe a que la forma de producir conocimiento en la actualidad ha cambiado tanto que sería casi irreconocible para los grandes genios de hace unos siglos. “Antes se analizaban los datos en bruto, los autores iban a las Academias a reproducir sus experimentos delante de todo el mundo, pero ahora esto se ha perdido porque los estudios se basan en seis millones de folios de datos brutos”, opina Ioannidis. Uno de sus análisis demostró que la mayoría de estudios no da acceso a los datos brutos en los que se basan las conclusiones. Al final, los científicos “se creen lo que ven, pero no hay forma de comprobar que es cierto, y además no podemos usar esos datos posteriormente porque se han esfumado”, resalta. Esta falta de transparencia es uno de “los mayores retos” que afronta la ciencia, asegura el médico.

El manifiesto también denuncia que solo se publican estudios con datos nuevos, significativos estadísticamente y que apoyan una teoría determinada. Muchos de ellos no aportan nada valioso o, peor aún, acaban sustentando con la estadística interpretaciones preconcebidas que no son ciertas. “Esto, lamentablemente, no es descubrimiento científico, sino autoengaño”, y puede multiplicar la cantidad de “falsos positivos”, resalta el texto.

El Manifiesto por una ciencia reproducible, publicado hoy en abierto en Nature Human Behaviour, propone una serie de medidas para evitar malas prácticas en todas las fases de una investigación. Publicar los datos brutos y los estudios con resultados negativos es uno de los pasos más importantes, señala Ioannidis. En general, el métiodo científico sigue funcionando y de lo que se trata es de “volver a sus principios básicos”, explica.

Conocimientos “de andar por casa”

“O ponemos freno a esta pérdida en la reproducibilidad de los resultados científicos o nos cargaremos todo el prestigio y credibilidad que, de momento, la clase científica parece tener acumulada”, alerta Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), involucrado en iniciativas para promover la integridad científica. “Este es un tema tremendamente importante”, dice, “debería ser obligatorio para todos los estudiantes de doctorado”.

En el caso de los ensayos clínicos con pacientes, “solo el 5% sigue todos los pasos correctamente”, denuncia el autor principal del estudio. El problema afecta a “casi cualquier disciplina de la ciencia”

Juan Lerma, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante, reconoce que muchos científicos tienen un conocimiento estadístico “de andar por casa”. “Yo soy editor de la revista Neuroscience, recibo unos 2.000 estudios al año, y veo una deficiencia general en cómo tratan los datos estadísticos”, reconoce. Lerma apunta a otra causa de la actual crisis. “Se publican demasiados estudios y demasiado deprisa”, señala. “Hace falta una reflexión general sobre el exceso de publicación y las presiones por sacar estudios, las universidades miden los resultados al peso, y eso es un error”, resalta.

Lerma reconoce que el problema para reproducir estudios está “generalizado”, aunque eso no quiere decir que los trabajos estén mal. Su equipo descubrió unos nuevos neurotransmisores en el hipocampo, la parte del cerebro que controla la memoria, pero pasaron cinco años antes de que otro equipo pudo identificarlos por su cuenta, confirmado el hallazgo, explica. “El problema es que muchos de los resultados actuales requieren unas técnicas muy complejas” que muy poca gente aprende a dominar.

Parte de la culpa, cree Montoliu, es de las revistas. “No hay que olvidar el papel cómplice de determinados grupos editoriales, frecuentemente de revistas top, que prefieren publicar resultados inesperados, novedosos, espectaculares, que generan mucho ruido e impacto, antes de asegurarse y verificar sistemáticamente la fiabilidad de los mismos”, explica. Algunas instituciones en España ya están tomando medidas para aplacar la crisis a la que hacen referencia los firmantes del manifiesto, explica Montoliu. Por ejemplo, se han incorporando profesionales de estadística a los comités de ética del CNB y del propio CSIC, el mayor organismo de investigación pública del país, asegura.

INCENDIO

La “Casa del Viento” como llamaban a su centro cultural la comunidad del barrio San Vicente Alto, de la localidad de San Cristóbal, en el sur de la ciudad, fue destruido en minutos en un incendio que habrían producido vándalos del sector en la madrugada del lunes.

“Allí era un lugar de encuentro y formación artística con jóvenes, niños y niñas. A muchos de ellos los sacÁbamos de las drogas y del pandillismo”, afirmó Mario Cantor, artista y líder comunitario.

La conflagración solo dejó daños materiales y desazón entre los vecinos a los que les costó mucho esfuerzo y trabajo construirla. Ellos señalan que desadaptados provocaron este siniestro. “En el 2011 nos reunimos muchos de los que amamos el arte para construirla. Pero el lunes 9 de enero tuvieron la cobardía de prenderle fuego a la Casa del Viento”, señaló Anadelina Amada Niño, gestora cultural de la zona.

Sin embargo, desde las cenizas la misma comunidad va a reconstruir su centro cultural. “Pedimos a las instituciones distritales y nacionales que se unan a este esfuerzo nuestro para construir una biblioteca y una casa de la cultura que sea digna”, concluyó Niño.

Por el momento, las autoridades investigan para determinar las causas del incendio.

Fuente: REVISTA SEMANA / DIARIO EL TIEMPO / DIARIO EL PAIS 

01/12/2017
resized_resized_resized_20160817_095416_jpg

Una educación que Colombia necesita para mirar al futuro

Las religiones y sus dogmas han causado más conflictos, odios y masacres que todas las guerras mundiales juntas. La cuenta de muertos, de desplazamientos y de […]
01/05/2017
resized_resized_2013-09-16-092504imagenes_la_virginia_2_1598_jpg

¿Por qué no se les enseña a los alumnos con pensamiento crítico?

La mayoría de colegios aseguran que forman en pensamiento crítico. Sin embargo, las normas internas de las escuelas demuestran que su alcance es limitado. ¿Por qué? […]
12/22/2016
15578970_352449591800697_4553098927142795179_n

Universidades públicas quieren que las dejen contratar con el Estado

La Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia y el Consejo de Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle solicitaron el retiro del […]
12/13/2016
images

¿Venta de respuestas en el Concurso Nacional de Docentes?

Mal ejemplo de varios profesores en examen del concurso docente llevado a cabo el pasado domingo 11 de diciembre de 2016 en todo el país, según […]