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Por segunda vez le hemos dado una estocada mortal a la Ciénaga Grande de Santa Marta. Las evidencias del colapso ecológico que hoy observamos son muy parecidas a las de hace 20 o 30 años. De nuevo la hemos sentenciando a muerte. Y lo digo en plural porque todos tenemos responsabilidades por acción o por omisión.

Para la mayoría de los colombianos la Ciénaga Grande de Santa Marta es el referente de un lugar abstracto: muchos no la conocen o la han conocido cuando pasan por la vía que conecta a Barranquilla con Santa Marta, o tienen el recuerdo de un cementerio de manglares y de olores azufrados.

Pero la Ciénaga Grande de Santa Marta es mucho más que eso. Este complejo de humedales constituye el sistema del delta del río Magdalena, que comienza cientos de kilómetros arriba de Bocas de Ceniza y conforma un complejo sistemas de caños, pantanos y ciénagas por donde el río empieza a fluir hacia el mar de manera alternativa a su cauce principal.

De este gran complejo de humedales, conocido como la ecorregión Ciénaga Grande de Santa Marta, hacen parte la ciénaga del Cerro de San Antonio, el caño Schiller y todos los caños que conectan al río Magdalena con las ciénagas y cruzan los pantanos de su planicie de inundación, desde el municipio de Pedraza hasta el mar, pasando por el complejo de Pajarales, el sistema de ciénagas y caños de la Isla de Salamanca y la Ciénaga Grande.

A esta ecorregión, dominada por el agua, la completan las zonas bajas de los ríos que provienen de la Sierra Nevada y que desembocan al oriente de la Ciénaga Grande. A su paso, esto ríos enriquecen el territorio y conforman las zonas fértiles asociadas con los cultivos de banano y de palma de aceite.

La primera muerte

Manglar en la Ciénaga Grande de Santa Marta.
Manglar en la Ciénaga Grande de Santa Marta.
Foto: Sandra Vilardi

La primera vez que la Ciénaga Grande de Santa Marta entró en colapso murieron extensas áreas de bosque de manglares, disminuyó la pesca (que es la principal actividad económica de la región) y el agua se hipersalinizó. Las primeras señales empezaron a ser visibles para los pobladores y más tarde para los científicos y técnicos del Inderena (Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente) a mediados de los años setenta. En ese momento el daño se le atribuía a la construcción de la carretera Ciénaga-Barranquilla que afectó los flujos de agua entre el complejo de ciénagas y el mar.

Sin embargo, había un proceso cuya responsabilidad era mayor pero que era menos conocido, asociado con las interrupciones de la entrada del agua del río Magdalena debido a las prácticas de ganaderos, la construcción de diques y un carreteable que desconectó al río de la zona oriental de su delta.

Las interrelaciones de los daños hidrológicos y sus efectos acumulados fueron visibles para el país unos años después, gracias a las crónicas que Mauricio Gómez presentó a comienzos de los ochenta en el Noticiero 24 Horas. Entonces se declaró la primera emergencia y se gestionaron recursos para reconectar a la Ciénaga con el mar, pero el problema principal seguía sin resolverse: el sistema seguía necesitando el agua dulce del río Magdalena.

En 1992 empezó una época cuando la mortandad de peces se convirtió en un fenómeno frecuente. En ese momento empezó el gran proceso de rehabilitación de la Ciénaga Grande, conocido como Procienaga, que ha sido el esfuerzo interinstitucional más importante que ha efectuado Colombia  para rehabilitar un ecosistema, pues su inversión de recursos financieros, humanos, de generación de conocimiento y de cooperación internacional no tiene comparación.

Este fue un proceso que, además de reconectar el sistema de humedales con el río Magdalena mediante obras hidráulicas, contempló múltiples mecanismos para fortalecer la gobernanza del sistema con una gran variedad de innovaciones institucionales como la Asamblea Pesquera, la Asociación de Municipios de la Ciénaga y el Comité interinstitucional, entre otros.

De este proyecto quedaron muchos aprendizajes para la gestión de la Ciénaga, como las declaratorias de Humedal Ramsar y de Reserva de Biosfera. También se adquirieron varios compromisos gracias a la financiación de la cooperación alemana, y se hizo evidente la necesidad de elaborar un plan de manejo, así como el mantenimiento de las obras hidráulicas, ya que el sistema quedó dependiendo de la intervención y mantenimiento humanos.

Explotación violenta

Procienaga se acabó justo cuando comenzaba una época marcada por la influencia del paramilitarismo en la región, que impuso el terror mediante masacres, asesinatos selectivos y el control territorial. Son conocidas las asociaciones de los paramilitares con la clase política, y en el departamento del Magdalena varios gobernadores, alcaldes y concejales han sido juzgados y condenados por parapolítica.

Esta nueva realidad detuvo muchos de los procesos asociados con la recuperación de la Ciénaga y muchos lugares de esta región se convirtieron en objetivos para proyectos económicos y productivos que desconocían su carácter de área de alto valor en biodiversidad.

Uno de los incidentes más recordados en ese proceso fue la puja entorno al puerto de Palermo, construido en la zona vecina de la vía parque Isla de Salamanca, después de un proceso de redefinición de linderos, contra el cual se pronunció hasta la misma Convención Ramsar. Sin embargo, como el proyecto contaba con la bendición del gobierno nacional, acabó por ser ejecutado a pesar de todo.

Otros proyectos productivos que se han desarrollado en la Ciénaga Grande y que han desconocido su identidad como Humedal Ramsar han sido:

  • Los distritos de riego asociados con el  programa Agro Ingreso Seguro,
  • La ampliación de cultivos de palma en zonas de humedales,
  • La introducción de búfalos,
  • Los incendios intencionales para adecuar tierras agropecuarias o con fines logísticos,
  • La construcción de diques y cultivos de arroz,
  • El relleno de humedales para construir zonas logísticas.

También han sido especialmente graves, por su magnitud, los proyectos viales de ampliación de la doble calzada Ciénaga-Barranquilla y la modificación de la Vía de la Prosperidad, que se hizo sobre el carreteable que desconectó al río Magdalena de su planicie de inundación.

La Ciénaga: otra víctima

El Presidente Santos en las obras de Puerto Palermo en Magdalena.
El Presidente Santos en las obras de Puerto Palermo en Magdalena.
Foto: Presidencia de la República

Estos casos demuestran que el aprendizaje de Procienaga no se mantuvo y que los funcionarios regionales y nacionales no han entendido lo que significa la Ciénaga Grande para la biodiversidad mundial y para las personas que la habitan y dependen de ella.

La Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag) se ha encargado de la gestión de la Ciénaga y gracias a ella se cuenta con los recursos de la sobretasa ambiental (8 por ciento del recaudo de las dos casetas de peajes de la vía Ciénaga-Barranquilla), que se destinan al mantenimiento de los caños, a algunas actividades productivas y al monitoreo que juiciosamente realiza el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar) sobre calidad de agua, la pesca y la cobertura del bosque de manglar.

Sin embargo, este trabajo es insuficiente porque no incluye muchas partes del complejo de humedales y es claro que el mantenimiento hidráulico de caños y conexiones con el mar se ha quedado corto. Esta situación ha sido la principal preocupación para los pobladores locales desde hace más de una década. También han sido múltiples las veces en que Invemar ha dado recomendaciones en sus informes que caen en oídos sordos.

Muchos lugares de esta región se convirtieron en objetivos para proyectos económicos y productivos.

Para completar, la sequía de los últimos cuatro años en esta región magnificó el efecto de los fallos hidrológicos del sistema y el fenómeno de El Niño fue el detonante de los nuevos procesos de hipersalinización, mortandad de peces, mortandad de manglares e hipoxia/anoxia, que se retroalimentan y forman un ciclo mortal.

Hoy asistimos al fracaso rotundo del modelo de gestión que se ha utilizado en la Ciénaga Grande. La responsabilidad es tanto de Corpamag como del Ministerio de Ambiente por no hacer las tareas que quedaron diseñadas hace 15 años, después del proceso de rehabilitación. Hoy estamos viendo nuevamente un colapso socioecológico de la Ciénaga Grande de Santa Marta, y en este momento su resiliencia es todavía más débil.

Por eso hay que repensar la gestión de la Ciénaga Grande de Santa Marta, empezando por reconocer las fallas institucionales para superarlas de manera creativa y colaborativa. El liderazgo asumido por el ministro de Ambiente, Luis G. Murillo, quien ha reconocido que el grave estado de la Ciénaga se debe a los pasivos ambientales, puede ser decisiva para cambiar el rumbo de este sin par activo ecológico.

En una reunión entre los pescadores de lo palafitos y el ministro Murillo, después de la última mortandad de peces, uno de los pescadores dijo que con hambre no se construye la paz. La Ciénaga y su gente han sido víctimas de los diversos actores del conflicto armado, y por eso necesitamos hacer la paz con la Ciénaga, necesitamos la verdad y que se haga justicia con ella. Pero sobre todo necesitamos repararla para que siga siendo “grande”.

Fuente: RAZÓN PÚBLICA

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