“Bolivar, el centurión de los Andes”, por Jhon Jairo Salinas

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“Bolivar, el centurión de los Andes”, por Jhon Jairo Salinas

Hace 190 años, el 17 de diciembre de 1830, muere en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, Colombia; el político más grande que ha parido el continente latinoamericano; Simón de la Santísima Trinidad de los Palacios Bolivar, más conocido como Simón Bolívar. A, el le dedico esté humilde poema:

¡El Centurión de los Andes!.

Centurión mítico de los andes ondeó su bandera
Victoriosa, con su espada flameando la casta
De auténticos guerreros criollos.

Su caballo blanco…encarnado en la fuerza de bucéfalo
Arrasó el temible páramo de Pisba.

Traspasando los vientos huracanados
del temible paso de los andes.
Como bestia…el libertador embiste
A sus enemigos.

Un rugido de grito victorioso
En vientos ciclópeos nos dio la libertad
ávido de sangrientas batallas
Rompiendo las cadenas que nos oprimieron.

No pudieron contener su furia,
No conoció el miedo, ni la duda
destrozo el yugo español
Con la fuerza de un oso salvaje.

Sus ejércitos rebeldes abrieron caminos
de gestas libertarias.
No hubo espada más grande que la suya
Para dar la libertad.

Sus ejércitos como dragones
abrieron fuego
luchando por nuestra libertad
un trueno en el cielo andino
Partieron en dos los halcones del mal.

Su ira fue como un vendaval
dándonos su gloria suprema
su triunfo no fue solo el suyo,
también fue nuestro en eterna dignidad.

Ruanas, ponchos, bayonetas y machetes,
sus pies pisando la sangre derramada
de hidalguía hombres y mujeres
en resistencia partisana
flameando su espada
Construyendo la patria amada.

Su furia sagrada se apaga
Entre muertos y escudos sagrados
lanceros del pantano de Vargas
Con su fuerza bravía blandieron sus lanzas.

Soldados vencedores de mil batallas
guiados por un arcano caraqueño mestizo
de mil combates
desde el más allá seguirás capitaneando
Ejércitos colosales.

Sobre su blanco corcel desafío la furia
De vientos y tormentas
sus enemigos temblaran ante su mítica sombra
su trono cimentado en épica gloria.
sus huesos estremecidos al sentir
la traición final.

Un coro de vítores avivaran sus victorias,
nuevas energías recordaran sus músculos
alzando su espada hacia los cielos andinos mirando con sus ojos rebosantes de fuego.

Y, abriendo el océano, abrazando la gloria
en tormenta escarlata, en memoria suprema,
su alma guerrera descansara para siempre…
en regio castillo de gloria y libertad.

Escribe: JHON JAIRO SALINAS*

*Dirigente y activista de derechos humanos. Poeta. Periodista. corresponsal de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA y el suplemento ARCÓN CULTURAL

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