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La Revolución Rusa (1917): La gran Revolución Rusa, poderoso, movimiento político, social y económico, que estallo en el año 1917 en el Imperio Ruso, esta considerado, por las transcendentales consecuencias que derivandose de ella, como uno de los mas grandes acontecimientos de la Época Contemporánea y, a su vez, como uno de los hechos mas memorables que registra la Historia de la Humanidad.

Esta revolución, que estuvo dirigida, casi exclusivamente, por obreros, campesinos y soldados, es decir, por el pueblo mismo, trajo como resultado el derrumbe de la dinastía despótica de los Zares, con Nicolás II su ultimo soberano, lo que significo la abolición del sistema absolutista hasta entonces imperante, a la vez que origino también el establecimiento de un gobierno de carácter comunista, dirigido por un grupo de bolcheviques (partidarias, en mayoría, de la doctrina de Karl Marx, de tendencia radical), que tuvo por supremo jefe a Lenin (Vladímir Ilich Uliánov) revolucionario y enérgico político.

El Estado que así, organizado bajo la forma de una República Socialista Federal, dirigida por comités de obreros denominados Soviets, es decir que la clase trabajadora asumía, así, la dirección del gobierno de Rusia. Lenin realizando un discurso para levantar a las masas obreras rusas.(Gráfico)

El triunfo de la Revolución Rusa, significo, pues, la transformación de un Estado feudal en una de las naciones mas grandes de la tierra.

Causas de la Revolución Rusa

Acontecimientos que precipitaron la Revolución.-Fueron:

a) La aguda crisis económica por la que atravesaba Rusia y sobre todo, la falta de alimentos para la población.
b) Las constantes derrotas que experimentaban los ejércitos rusos en la guerra con Alemania durante la Primera Guerra Mundial.
c) La ineptitud e intolerancia del zar Nicolás II y su esposa, enemiga esta, de toda reforma favorable al pueblo.

Las causas que originaron la Revolución Rusa fueron de tres clases, a saber:

1. Políticas ; 2. Sociales ; y 3. Económicas

I. Causas Políticas de la Revolución Rusa

Rusia hallabase gobernada por una monarquía absoluta y despótica, donde la voluntad del soberano (denominado Zar, es decir: Gran Rey) era considerada como ley. El Zar tenía, pues, un poder ilimitado; gobernada en forma arbitraria, es decir, sin dar cuenta de sus actos a nadie y sin respetar las libertades y derechos de sus súbditos. Indiferente a las aspiraciones de las mayorías, no demostró interés por el progreso y bienestar de su pueblo. Por otra parte, la Duma o Parlamento, casi siempre se mostró dócil e incondicional al soberano.

II. Causas Sociales de la Revolución Rusa

La organización social de Rusia estaba basada en la mas absoluta desigualdad. distinguiendose dos clases sociales bien marcadas, a saber:

– La Nobleza.- con el Zar a la cabeza, constituía junto con la aristocracia, la clase privilegiada de Rusia. Ellos dirigían el gobierno, eran los mas grandes propietarios, disfrutaban de todos sus derechos y gozaban, así mismo, de toda clase de privilegios. Mostrabanse ajenos e insensibles a las necesidades y sufrimientos del pueblo.

– El Pueblo.- estaba formado por profesionales, empleados, obreros y campesinos, que clamaban porque se les reconociese sus libertades y derechos, porque desapareciese la explotación, el excesivo numero de horas de trabajo y los bajos jornales; pidieron así mismo, una mejor distribución de la tierra y el predominio de la justicia sin distinción de clases. Fueron la columna vertebral de la Revolución Rusa, pues gracias al triunfo de esta, lograse transformar un estado feudal en una prospera nación “URSS”, con ansias de dominio universal.

En condición verdaderamente denigrante, se encontraban los siervos, rezago del Medievo, llamados mujiks, que considerados como cosas, podían ser enajenados juntamente con la tierra o hacienda a la que se hallaban incorporados.

III. Causas Económicas de la Revolución Rusa

El sistema económico imperante, se caracterizó por el monopolio de la tierra y de las riquezas a cargo de un grupo minoritario (nobleza y aristocracia), mientras la mayoría de la población se hallaba sumida en la mas completa miseria e ignorancia.

Por otra parte, tanto los campesinos como los obreros eran explotados en la forma por demás inhumana, en las haciendas y en las fabricas, al exigirseles un elevado numero de horas de trabajo diario (hasta 15 horas) y recibir, en cambio, reducidos salarios, con los que no podía satisfacer ni sus mas apremiantes necesidades. Esta situación se agravo debido a la falta de una agricultura e industria altamente tecnificadas y modernizadas, que no suministraban una producción a tono con las necesidades del país.

Inicio de la Revolución Rusa

La Guerra europea de 1914 (Primera Guerra Mundial) origino en Rusia la crisis del Imperio de los Romanov (zares), contra el cual se dirigía una larga y tenaz campaña, dentro y fuera del país, por elementos que proclamaban las mas avanzadas ideas sociales y económicas. La característica anárquica de este movimiento en su primera etapa dio origen al nihilismo. Reprimido este un tanto, tomaron fuerzas las doctrinas de Marx (Socialismo), cuyos partidarios rusos se dividieron en dos bandos, los moderados y los radicales, respectivamente , llamados Mencheviques y Bolcheviques, o sea, minoritarios y mayoritarios en ruso, denominaciones nacidas de que en un congreso celebrado en Londres en el 1903 resultaron los radicales en mayoría. La autocracia zarista sufrió grave quebranto con las derrotas de sus ejércitos en la Primera Guerra Mundial y a esto se sumaba la incapacidad personal del Zar de Rusia, Nicolás II, y el escandalo que levanto la influencia que ejercía en la Corte el monje Rasputín, dueño de la voluntad de la zarina. El zar Nicolás II fue obligado a abdicar (15 de marzo de 1917).

Etapas de la Revolución Rusa

Distinguimos dos etapas o momentos de la Revolución Rusa , a saber:

I. Primera Etapa de la Revolución Rusa, dirigida por socialistas moderados (Mencheviques), fue la que trajo como resultado la caída del Zar Nicolás II y origino, a su vez, el establecimiento de la República con Alejandro Kerensky como primer presidente.

Desarrollo: Como el ambiente para la insurrección del pueblo contra la monarquía estaba ya preparada, precipitaron, pues, la revolución: la aguda crisis de alimentos que provoco una hambruna general, sobre todo en la capital (Petrogrado), las frecuentes y aplastantes derrotas de los ejércitos rusos en la guerra contra Alemania y las sangrientas represiones ordenadas por el gobierno. Fue en este clima en que estallo la revolución en la Capital rusa y luego se propago en todo el país.

A los obreros amotinados, dirigidos por los Mencheviques, se les sumaron luego los soldados que habían abandonado los regimientos y, finalmente, se sublevaron, también, los marineros del Mar Negro. Ante la insurrección general y la presión del pueblo, Nicolás II, viose obligado a abdicar el poder (15 de marzo de 1917) en su nombre y en el de su hijo. Entre los obreros, campesinos y soldados se organizo, seguidamente, un consejo representativo de la clase trabajadora, denominada Soviet, el que colaboro, resultando, de esta manera, establecida la República, con Alejandro Kerenski, un socialista moderado, su primer Presidente.

El gobierno de Kerenski duro pocos meses, pues se hizo impopular a causa de haber intentado proseguir la guerra contra los alemanes y debido a que no había realizado ninguna reforma económica favorable al pueblo.

II Segunda Etapa de la Revolución Rusa, fue la verdadera Revolución Comunista Roja, dirigida por socialistas radicales, que constituían la mayoría (Bolcheviques) tratose de un movimiento popular que destruyo por completo el antiguo régimen de privilegios y desigualdades, es decir, que transformo el imperio autocrático y despótico de los zares , eminentemente feudal, en una República Federal Comunista, dirigida por la clase obrera que, desde 1923, denominase Unión de las Repúblicas Socialistas Sovieticas (U.R.S.S). Desarrollo:

Revolución Bolchevique(Revolución de Octubre).- Vladímir Ilich Uliánov, mundialmente conocido como Lenin, su nombre de combate, fue el alma de esta revolución bolchevique. Habiendo hecho su ingreso en Rusia, después de un largo exilio en Suiza, comenzó por agitar a las masas de obreros, campesinos y soldados contra el gobierno provisional, mediante una activa y vigorosa propaganda bajo el lema: “Todo el poder para los Soviets”, prometiéndoles así mismo: “Paz, tierra y pan”. Entonces, los ejércitos bolcheviques, después de serios combates, consiguieron finalmente hacer capitular a las tropas del gobierno en Petrogrado, viéndose Kerenski obligado a huir. Acto seguido, Lenin fue proclamado Primer Ministro por el Congreso de los soviets, es decir, asumía así el gobierno de Rusia. El golpe de Estado bolchevique había triunfado, era el 25 de octubre del calendario ruso, a la sazón en vigencia; es por ello que a esta revolución , se le conoce con el nombre de Revolución de Octubre.

El nuevo gobierno de Lenin, que contó con la decisiva contribución de León Trotsky, jefe del ejercito rojo, estuvo asesorado por una especie de Gabinete Ministerial, Consejo de comisarios del Pueblo, y tuvo que hacer frente a una situación sumamente critica, pero logro imponerse tras dura y sangrienta lucha. Meses después, el zar y su familia eran fusilados por orden del soviet del Ural.

Las primeras disposiciones que tomo el gobierno revolucionario de Lenin fueron:

a).- Organizo el Estado bajo la forma de gobierno de una República Socialista Federal; dirigida por comités de obreros (Soviets).

b).- Decreto la confiscacion de las tierras, las que pasaron a poder de los campesinos, así como también la abolición de la propiedad privada.

c).- Dispuso la entrega de las fabricas a las obreros. Los bancos y el comercio fueron también nacionalizados.

d).- Pacto un armisticio con las Potencias Centrales (Alemania y Austria-Hungria): Tratado de Brest-Litovsk, por el que Rusia se compremetía a pagar una fuerte indemnización de guerra, a la vez que renunciaba a Polonia y a los Estados Bálticos (Estonia y Lituania). Retirabase, así, de la contienda (Primera Guerra Mundial).

La Nueva República Soviética

Procediendo con mano férrea y en forma implacable contra los enemigos de la Revolución, Lenin, contando con sus dos principales colaboradores: Trotsky y Stalin, consiguió transformar radicalmente el sistema político y económico de Rusia, mediante el establecimiento de un gobierno comunista dirigido por la clase proletaria y bajo el sistema federal, denominado Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S).

El gobierno de la Rusia Soviética esta representado por el Consejo de los Comisarios del Pueblo, cuyos ministros o comisarios tienen a su cargo las diversas ramas de la administración publica. El jefe del Consejo es el Primer Ministro, que dirige la política internacional, gobierna en forma dictatorial y es, a su vez, el jefe del partido Comunista de Rusia (tal como sucedió con Jósef Stalin y Nikita Krushev, ex-jefes del Gobierno Ruso). Los trabajadores eligen a sus representantes ante el Congreso General de los Soviets de toda Rusia (principal cuerpo legislativo de la Nación).

A la muerte de Lenin, en 1924, le sucedio Jósef Stalin, quien instauro un gobierno dictatorial, totalitario y vertical, por mas de 30 años, pero, a su vez, introdujo grandes reformas que convirtieron a Rusia en una de las potencias económicas, científicas y militares mas grandes del mundo. El gobierno de Stalin encumbraría a la URSS como potencia mundial después de la Segunda Guerra Mundial.

Jósef Stalin, como fiel sucesor de Lenin y devoto partidario de la doctrina marxista, se esforzó por el logro de los siguientes objetivos.

Objetivos de la URSS

1. Implantar el régimen colectivo en la propiedad y en la explotación de las tierras.

2. Vigorizar y desarrollar extraordinariamente la industria soviética, por medio de los Planes Quincenales (un programa de realizaciones por un periodo de cinco años), el primero de los cuales entro en vigencia el años de 1928; que, a decir verdad, han contribuido a hacer de Rusia una gran potencia industrial y militar.

3. Convertir a Rusia en una gran potencia militar, defensora de su sistema comunista.

4. Propagar la doctrina comunista por todo el mundo y propugnar la revolución socialista que traerá consigo, decía, el derrumbe de los países capitalistas y, a su vez, la implantación del comunismo en el Orbe. Con este propósito se organizó la Tercera Internacional o Komitern, que agrupaba y orientaba a todos los partidos comunistas del mundo. Tuvo por sede la ciudad de Moscú.

Consecuencias de la Revolución Rusa

Las principales consecuencias que se derivan de la Revolución Rusa, fueron:

I. El derrumbe de la monarquía absoluta y autocrática de los Zares, con todo su pasado de injusticias, desigualdades y privilegios.

II. El establecimiento de un gobierno comunista en Rusia: República Federativa comunista, que desde 1923, se denominaron Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S).

III. El encumbramiento de Rusia a la categoría de gran potencia política, económica, científica y militar del mundo.

IV. La formación en el mundo de dos bandos ideológicos; el del Capitalismo y el del Comunismo, y la rivalidad y discrepancia surgidos entre los mismos, como resultado de la aspiración de los dos bandos de difundir su sistema económico por el orbe. Esto ocasionó el surgimiento de un mundo bipolar y el consiguiente conflicto entre ellos (Guerra Fría).

IMPACTO EN COLOMBIA

Las ideas proyectadas por la Revolución de Octubre llegaron a Colombia cuando en el país distintos actores sociales ya habían reivindicado justicia para trabajadores y campesinos, y cuando habían adelantado iniciativas para constituir un partido socialista. Desde entonces la izquierda conoce disputas internas de diferente intensidad y consecuencias negativas.

Las ideas revolucionarias no llegaron a Latinoamérica de la mano de la Revolución Rusa. Ni tampoco los movimientos revolucionarios. La revolución mexicana, por ejemplo, fue un acontecimiento histórico original y de importancia trascendental, cuyos impactos en el pensamiento y en la acción política se sintieron durante mucho tiempo. Con más fuerza en los países  de la gran cuenca del Caribe, pero también en los propiamente andinos y hasta en el Cono Sur. En Colombia, durante la época que necesariamente hemos de considerar, es bien sabido que uno de sus dirigentes revolucionarios más notables, Tomás Uribe Márquez, había hecho parte del equipo que, en 1911, en el sur, intentaba poner en marcha la transformación agraria durante la revolución mexicana. Lo importante es subrayar que cuando triunfa la Revolución de Octubre, en un país que se encontraba, obviamente, mucho más lejano que ahora, aquí ya existía una resistencia social, con su propia cultura política, que tendía a convertirse en un esfuerzo positivo de transformación social.

Sin duda, es posible objetar que cosa similar ocurría en todos los países del mundo. No obstante, hay una diferencia que también vale la pena subrayar. En los países europeos existía, en el movimiento obrero, en mayor o menor grado, un movimiento político organizado, la Social Democracia (II Internacional),  que se consideraba referente casi exclusivo de cualquier aspiración de revolución social. En estas circunstancias, era lógico que el efecto más evidente de todo el proceso de la revolución rusa, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, fuera la ruptura de dicho movimiento. Al ser aparentemente dirigida por una variante del mismo, tenía que presentarse en la forma de una disputa por la hegemonía. Nada de eso tenía por qué presentarse aquí. A menos que se forzara la nota.

América nunca fue un territorio vacío

Dondequiera que exista resistencia social, siempre habrá un pensamiento que busque explicarla y justificarla. Larga y prolija ha sido la investigación sobre Latinoamérica, nada más en lo que se refiere a la época que podríamos llamar moderna. El problema reside precisamente en que, según las regiones y subregiones, vamos a encontrar distintas combinaciones de las diversas raíces culturales que han formado nuestras identidades nacionales. En todas partes encontramos rasgos de lo que, con poca precisión y mucho de peyorativo, se denomina “socialismo utópico”. Una combinación de liberalismo y de ideología cristiana que, por supuesto, no se reduce a sus componentes. Y, rápidamente, un robusto movimiento anarquista, aunque con desiguales desarrollos según los países. Importación de Europa dirán algunos. Comentario que al decir de Cappelletti es simplemente una estupidez: “La idea misma de patria y la ideología nacionalista nos han llegado de Europa” (1).

Es cierto que el anarquismo puede asociarse con la inmigración de trabajadores europeos que ya traían esas que eran las ideas más fuertes en la segunda mitad del siglo XIX, lo cual es suficientemente conocido respecto de Argentina. Pero lo más interesante es la fertilidad que encuentra. Habría que mirar otras tradiciones, incluidas algunas formas de cultura precolombinas. Es ese complejo cultural político y organizativo, que está asociado con dinámicas sociales y de lucha muy importantes, lo que existe en Latinoamérica cuando ocurre la Revolución Rusa. La noticia es recibida entre los trabajadores, con expectativa y esperanza –así como lo fue con terror por parte de las clases dominantes–. Es leída como la confirmación de las propias utopías revolucionarias. Casi en ninguna ocasión se le relacionó con el futuro de la socialdemocracia, ni siquiera en los países donde ya existían partidos de ese corte, y mucho menos con algún debate en particular. Desde luego, siempre hay núcleos e individuos mucho más enterados y mejor relacionados que están sobre la marcha de los acontecimientos, pero no configuran un hecho social.

Colombia no es una excepción histórica

Casi sobra decir que una particularidad de Colombia, en la formación de la clase obrera, es la exigua inmigración. Mauricio Archila señala que en 1938, del total de la población, la proporción de extranjeros residentes no alcanzaba a llegar ni siquiera al 1 por ciento (2). Aun así es claro que en las dos  primeras décadas del siglo XX, las principales formas de agrupamiento y de resistencia cultural y política son de socialismo utópico o directamente anarquistas. Sobresalen, en estas últimas, la región (y las ciudades-puertos) del caribe (3). Tiene que ver, tal vez, con los antecedentes liberales. Por otra parte, es  claro que la formación de la cultura política de la resistencia social en Colombia no puede desligarse de dos ingredientes básicos: el anticlericalismo, como respuesta a siglos de opresión y humillación por parte de la iglesia católica, y el sentimiento antimperialista (anti-yanqui) como resultado del reciente robo (separación) de Panamá.

 No obstante, el partido liberal en la segunda década se mostró incapaz de capitalizar las expectativas populares. Es por eso que, sobre la base de las luchas sociales, logra levantarse, en 1916, un Partido Socialista que recoge las expectativas populares, pero orientadas hacia el terreno político electoral, en el cual, por cierto, comenzó a cosechar importantes éxitos. De carácter efímero pues, en 1922 el liberalismo presenta como candidato a la presidencia, al prestigioso general Benjamín Herrera, borrando del escenario el rival socialista.

La formación de una cultura política, desde luego, no es una cuestión puramente ideológica y mucho menos educativa o académica. Las luchas sociales se amplían e intensifican sin cesar en el período que va de 1910 a 1930. Con muchas  transformaciones cualitativas. El registro que nos ofrece Archila es contundente (4). Pero hay otro salto cualitativo: la integración social nacional mediante la articulación de las regiones (5). Y algo más: la manifestación de otras luchas que, teniendo como base lo artesanal o lo obrero, se amplían y complejizan, conformando, junto con el proceso anterior, una suerte de bloque histórico. Se trata de las luchas que acertadamente ha investigado y destacado Renán Vega: las cívicas, las estratégicas de la ciudad de Bogotá, y las de las mujeres (6). Por otro lado, es necesario registrar la primera manifestación consistente de la resistencia indígena (Quintín Lame). Sobra señalar que las respuestas del régimen son cada vez más represivas.

Es entonces la vertiente más o menos anarquista la que toma fuerza, bajo la forma de sindicalismo revolucionario. La denominación es y será siempre equívoca. De una parte porque involucra una serie de ideas-fuerza, utopías, principios, formas de comportamiento, afectos y desafectos, características muy diversas, compatibles todas seguramente, pero que no constituyen propiamente un programa. Pero de otra, porque uno de sus principios es la negación de la política (entendida como lo electoral) y una permanente sospecha frente a las formas de representación. En este orden de ideas es muy difícil identificar su presencia y sobre todo su peso en los movimientos sociales.

Los ecos de una revolución en el ascenso de otra

La historia organizativa se va desenvolviendo a la par que crece y se amplía la lucha.  En 1924 se reunió en Bogotá el Primer Congreso Obrero y paralelamente la conferencia socialista, para responder a la disolución dos años antes del partido. Eventos, ciertamente, de amplia confluencia. Las referencias nos muestran  que podían contarse varias “tendencias”: anarquistas “confesos”, otros que no lo admitían y otros simplemente socialistas, más activistas que doctrinarios. Todos estos eran la mayoría. Pero también había socialistas reformistas, y liberales socialistas e incluso liberales a secas. Y lo más interesante: se presenta allí el grupo que se autodenominaba “comunista” el cual incluía al ya famoso periodista y escritor Luis Tejada (7). Fue este quien propuso la afiliación a la internacional comunista.

Es ahí donde puede ubicarse un nexo directo con la Revolución Rusa. Obviamente, ésta no era un hecho desconocido. En las numerosas publicaciones existentes se había saludado, en su momento, el triunfo de la revolución, y en los años subsiguientes no faltaron los eventos de homenaje y solidaridad. Los nombres de Lenin y Trotski eran ampliamente conocidos. En ese sentido no hay duda que, además de querer aprender del ejemplo de la Revolución Rusa, contemplaban la posibilidad de establecer una relación directa con aquellos revolucionarios. Sin embargo, no les podía caber en la cabeza la necesidad de establecer una relación orgánica que significara alguna forma de copia y menos de subordinación. Tal vez fue esa simple consideración la que hizo que fuera rechazada la propuesta de Tejada.

La historia del llamado grupo comunista es hasta cierto punto simpática. Eran los únicos que podían calificarse de “intelectuales” pues se encontraban al margen de las luchas directas. Se había formado alrededor de un ruso, S Savinski que manejaba una tintorería en Bogotá. Pero no se crea que se trataba de un revolucionario profesional y menos de un doctrinante. Incluso había salido de Rusia desde 1916. Pero tenía una virtud altamente apreciada por los intelectuales, ávidos de noticias de la revolución: sabía ruso y podía traducirles los periódicos y publicaciones que se recibían. El grupo no constituía pues una corriente política. Al respecto, no sobra anotar que nunca la Komintern contempló la posibilidad de darle carácter de sección a este grupo, aunque se lo solicitó (8).

En 1925 se convocó el Segundo Congreso Obrero, donde se aprobó la creación de la Confederación Obrera nacional (CON). A partir de allí se desarrolla la breve pero grandiosa historia del levantamiento social tal vez más significativo que se ha dado en nuestro país, que pasa por la formalización del Partido Socialista Revolucionario, en 1926, conoce diversas expresiones de lucha, enfrenta implacables represiones como  la Masacre de las Bananeras en 1928, hasta su extinción en 1929 con el fracaso del proyecto insurreccional, luego de los levantamientos fallidos en varios lugares.  Qué tanto le debió al estímulo del triunfo revolucionario en Rusia es algo tal vez imposible de precisar; lo cierto es que, al mismo tiempo, en otros lugares de América Latina y el Caribe, estaban en marcha procesos similares. Baste señalar la resistencia antimperialista en Nicaragua, encabezada por Sandino.

Liquidando el pasado

Tal fue el título que le puso Ignacio Torres Giraldo a la tercera y más vergonzosa de sus “autocríticas”. Pero vale también para designar el oprobioso periodo que va desde 1929 hasta 1932, en el cual la Revolución Rusa aparece bajo la forma de un organismo inquisitorial que juzga la validez de todo lo hecho hasta entonces, como requisito para asegurar, en adelante, que es un partido digno del legado revolucionario.  Este organismo era, desde luego, el aparato de la recién formada Tercera Internacional Comunista, subordinado al Partido Comunista de la recién nacida “patria del proletariado mundial”.

En realidad, en un principio, como bien señala M. Caballero: “Los dirigentes de la Tercera Internacional nunca dieron muestras de creer seriamente que una revolución pudiese triunfar en América Latina, antes de hacerlo en Europa o en los países más grandes de Asia” (9). Es por eso que, al principio, formaba parte, junto con Francia, Bélgica, Italia, España y Portugal de un secretariado “latino”. De hecho, se tardaron bastante en hacer una reflexión medianamente seria sobre la realidad de estos países. Tan sólo en el Sexto Congreso (1928) se abordó su caracterización, por lo cual fue denominado, no sin humor, el del “Descubrimiento de América”. Lo grave es que sólo entonces descubren la existencia de la nueva potencia: los Estados Unidos.

En 1928 se crea, por fin, el Secretariado Latinoamericano que duró hasta 1935. Sin embargo, las relaciones con los revolucionarios colombianos venían desde 1925 cuando la CON logra su afiliación a la Internacional Sindical Roja (Profintern). Tres delegados suyos asisten en Moscú a su IV Congreso Internacional en 1928. Posteriormente, el Partido Socialista Revolucionario creado en 1926, solicita su incorporación a la Komintern la cual es aceptada en 1928, pero condicionada a un cuidadoso examen, el cual, en su peor período –de ahí hasta 1932–, significó una conversión de aparentes o reales discusiones en tenebrosas y retorcidas luchas intestinas. Sobra decir que la mayoría de las discusiones estaban marcadas por la premisa falaz introducida por la propia Komintern: el PSR había sido una organización aventurera de carácter putchista; había entonces que depurarla de los elementos culpables, para destacar en su reemplazo a los “auténticos bolcheviques”.  Esto implicaba un primer falseamiento de la historia: inventar, con los que se iban seleccionando a posteriori, una supuesta fracción bolchevique.

Lo más grave es que en este juego de acusaciones y exculpaciones, los protagonistas se vieron obligados a reinventar su propia historia  para argumentar que siempre habían estado en “el lado correcto” Pero los “elegidos” curiosamente resultaban al abrigo de las sospechas. El entonces joven Guillermo Hernández Rodríguez, liberal socialista, que aparecía en las reuniones como representante de los estudiantes, logra hacerse nombrar como delegado a la celebración del décimo aniversario de la revolución en Moscú (1927), allí consigue una beca  de estudios en la Escuela Lenin, para luego regresar, tres años después, como “cuadro internacional”. Él sería, después de la expulsión y liquidación de lo mejor de la dirigencia revolucionaria, el primer flamante secretario del diezmado PSR convertido, en julio de 1930,  en Partido Comunista Colombiano (10).

Bajo la represión eran las peores condiciones para librar una lucha ideológica y, menos, enfrentar calumnias ante instancias de difícil acceso no sólo político y burocrático sino también económico. De nada sirvió que el propio R. E. Mahecha hiciera una completa presentación en la Primera Conferencia de Partidos Comunistas en Buenos Aires en 1929, pues fue víctima de la más desvergonzada campaña de calumnias, incluso en contra de toda su vida de revolucionario. En una cronología de los principales acontecimientos colombianos elaborada para la Komintern puede leerse, a propósito de la huelga en Barranca en 1924: “Los obreros fueron derrotados por la traición del timador Raúl E. Mahecha”.

Sin embargo, el caso más lamentable de los acusados y luego perdonados, después de un humillante arrepentimiento, fue el de Ignacio Torres Giraldo. El 25 de agosto de 1929, en medio del fuego enemigo y del “fuego amigo”, Torres sale del país, en una suerte de deportación aceptada que nunca explicó muy bien. Llega a Europa y en deplorables condiciones económicas, inicia los contactos con la gente de los partidos comunistas (al mismo tiempo, R. Baquero está cablegrafiando a la Internacional  cerrarle el paso). Finalmente logra, en diciembre del mismo año, presentarse en Moscú donde tuvo éxito en diversos trabajos durante más de cuatro años y recibió un intenso proceso también exitoso de reeducación. “Ahora comprendo mejor la actitud de las masas soviéticas hacia Stalin […] Era el nuevo guía de la nueva humanidad que irradia el mundo. Stalin sólo tuvo un antecesor: Lenin” (11).

Después de su regreso a Colombia, se incorporó, con un papel relativamente gris, al Partido Comunista. Llama la atención que no les hubiera bastado las dos primeras autocríticas y hubiera tenido que llegar a la ya señalada que fue, por cierto, demoledora: “Así llega el partido a convertirse en un instrumento de la burguesía nacional vendida a los imperialistas […]” (12). Esta conversión tuvo graves implicaciones: naturalmente por su autoridad de protagonista, pero además porque es el único que nos ofreció una amplia obra de historiador, de teórico y de autobiógrafo. Durante mucho tiempo esta obra sirvió de base para los análisis de historiadores, sociólogos y políticos. Pero es necesario leerla con cuidado, tiene todo el sesgo que proviene de ser el resultado de un “ajuste de cuentas”.

Es triste y lamentable. Como si la Revolución Rusa hubiera tenido que afirmar su presencia en estos países a través de una imagen distorsionada que no podía imponerse más que destruyendo y enterrando los verdaderos signos vitales de nuestro pasado revolucionario.

1. Cappelleti, A. Prólogo a “El anarquismo en América Latina”, compilación preparada por Carlos Rama y él, para la Biblioteca Ayacucho, Nº 155, Caracas, 1990.

2. Archila, M, Cultura e identidad obrera  Ed. Cinep, Bogotá, 1991

3. Para el caso colombiano sigue siendo fundamental el libro ya clásico de Alfredo Gómez Anarquismo y anarco-sindicalismo en América Latina, Ed. Ruedo Ibérico, Barcelona, 1980.

4. Ibídem.

5. Ver Moncayo, H., Prólogo a Los Años escondidos,  Uribe, María Tila, Ed Cestra, Cerec, 1ª. Edición Bogotá, abril de 1994.

6. Vega Cantor, R. ,  Gente muy rebelde, tomo 3. Ediciones Pensamiento Crítico. Bogotá, 2002.

7. Uribe, María Tila, op. cit.

8. Ver Jeifets, L y V. ,“El Partido Comunista Colombiano hacia la “transformación Bolchevique” En: Anuario colombiano de Historia social y de la cultura,  Nº 28, Universidad Nacional, Bogotá, 2001.

9. Caballero, M. , La internacional Comunista y la Revolución Latinoamericana,  Editorial Nueva Sociedad, Caracas, 1987. Primera edición en inglés en 1986.

10. Todo esto se conocía parcialmente o se sospechaba, pero ya ha sido comprobado y verificado gracias a la apertura de los archivos de la Komintern en Moscú después de 1991 y al enorme trabajo sobre Colombia hecho por Meschkat. Ver la compilación realizada por K. Meschkat y Rojas, JM, Liquidando el pasado, Taurus, Fescol, Bogotá, enero de 2009, primera edición.

11. Torres G., I., Cincuenta meses en Moscú, publicación póstuma. Universidad del Valle, Cali, 2005.

12. Torres G., I, Liquidando el pasado. Ver compilación  Meschkat, K.

*Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

Imágenes originales de la Revolución Rusa, en el siguiente enlace a continuación:

Fuente: historiacultural.com / LE MONDE DIPLOMATIC

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